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domingo, 13 de febrero de 2011

Tras la sombra de la Catedral de Chartres

El tiempo pasa en los nuevos lugares que se descubren, como en los relojes blandos de Salvador Dalí, r e l a t i v a m e n te. La abuela de Marcel Proust siempre decía que ella no sabía nada de arquitectura, pero que las agujas de la catedral de Chartres, eran bellas aunque no fueran iguales.
Estuve más horas en Chartres que en Venecia. En el olor de una calle en Venecia, advertí el olor de La Habana, en realidad de la zona del puerto, fijado en mi memoria. En esos canales aprendí a reconstruir una ciudad líquida a partir de un olor, que suele ser una ayuda estimable para la geografía de la nostalgia. 
Chartres no tiene que ver con Venecia pero mi reminiscencia selectiva las pone en un ángulo donde su ámbito llena los mismos espacios y donde el río de Chartres bien podría ser un canal de Venecia. En la catedral hay casi doscientos vitrales, pero este vitral  ha sobrevivido a incendios y guerras medievales, el de esta virgen azul. Quizás porque tuvo el valor de tener un hijo azul como yo, hijo del mar, venido del mar; el mar triste invento, según Milton, o Blue Alert, esa canción de Leonard Cohen que canta Madeleine Peyroux como nadie en el Palau de la Música de Barcelona. Paul Claudel estuvo una hora mirando a esta virgen y le escribió unos versos que uno está obligado a leer en francés.
En Chartres uno cree que va a conocer la catedral gótica, y se encuentra con un pueblo (plus),