domingo, 11 de enero de 2015

Arsenio: él músico frustrado que llevo dentro...

Sabina Fernández Ordoqui, amiga: Sí, durante el Servicio Militar Obligatorio aprendí a tocar varios instrumentos musicales, además de comenzar a escribir. Se lo debo al cantautor Evaristo Machado, quien, además, me enseñó nociones de lectura musical. Me consideré músico profesional cuando toqué en un escenario con mucho público en un festival de las FAR con él trombonista fallecido Juan Pablo Torres, cuyo hijo Daniel Torres estaba con nosotros en el Servicio Militar y en nuestro grupo. Tengo fotos. 
Soy músico frustrado que se pasó a la crítica musical emulando a Leonardo Acosta.  Hecho como te dije, seguro me ayudó adelantarme entre otros críticos y a estar alerta a las nuevas tendencias musicales, no sólo de aquella isla.
No eres la única que se asombra cuando me ve tocando percusión o guitarra. Yusa y Selene les pasó lo mismo ayer en el cumple del compositor Carlitos Lage... Para las tres adorables y musas,  una virtud y una frustración que no escondo, junto con la "virtud" de ser escritor. Un beso.

DOS anécdotas:

Cuando entrevisté a Compay Segundo en Cuba estuve yendo una semana a sus ensayos en la calle Salud, su casa. Y un día después de verlo tocar y ensayar "Chan Chan", me había aprendido los acordes mirando...y antes de sentarnos a comer cogí una guitarra y se la toqué. Esa escena ambos con el plato de comida delante y yo tocando y el cantando es una maravilla, te puede gustar  o no su música, pero hacer feliz a una persona de 89 años es mejor que escribir un poema. Son esos bellos recuerdos de escritor que no olvido.
Ayer Maya me vio tocar entre músicos profesionales, Danilo, brasileño, el Chino (Alex Fong) cubano, ambos tocaron con Angá Díaz,  y Carlitos Lage compositor y cantante, sin Olvidar a Sonia (catalana) y Lania Maia (brasileña)  y mi niña cogió el tambor y me imitó tocando....

Mercado tradicional de libros de uso de Sant Antoni. Barcelona



Muero de libros. Vivo entre libros. Escribo libros y los publico.  Deseo ser enterrado con libros. Quiero que lluevan libros: digitales y de papel,  vivos.

Este mercado de Sant Antoni que llevo 15 años visitando, es un tesoro y mi paradiso. Un cementerio de libros viejos que renacen en una Barcelona postmoderna y alerta a las nuevas tendencias en diseño y arte, pero tradicional.
No sólo hay libros, hay revistas literarias y pornográficas, cassetes, vinilos, DVD videojuegos, CDs; hay todos los soportes de la vida cultural de varios siglos o de nuestra civilización.  Hay putas no muy lejos y hay hasta una ciudad que convive con ellos todos los domingos. 
Me encanta esta ubicación provisional en Comte Urgell, a un costado del Mercat d Sant Antoni. Se puede ver mejor la magnitud de la palabra impresa de forma industrial.
Sin Sabina, Montsé,  Eloy, Cira Andrés,  el pasado primer  domingo del 2015; y sobre, todo del editor y amigo de toda la vida, Radamés Molina  Montes que me trajo de la mano hace 15 años, en  mi primer domingo en Barcelona,  tanta emoción no hubiese sido posible.