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viernes, 22 de julio de 2016

La última brasileña que vi descalza fue María Betania


Parece que estás en la cocina. 
Pero en el cielo no hay sarténes y descalza no puedes habitar sobre el fuego. 
Pero tu habitas (avivas) el fuego natural y preparas la cena para tres.
Sabías el efecto indú de tu vestido 
en tu piel amazona.
Sabías el efecto de cómo flota y danza ese vestido en armonía.


Has hecho de tus gestos. 
Un hábito que parece hábil y natural, pero han sido años de estudiarte ante el espejo para saber el efecto de esas curvas de piel 
rozando el aire.

La última brasileña que vi descalza 
fue María  Betania en el Palau de la Música. 
Cantaba una canción de su hermano que hablaba de Bahía...
[Bahia! Sou poeta e não quero ficar assim longe da tua magia!
Deixa ver Teus sobrados, igrejas, teus santos, ladeiras e montes tal qual um postal.]

Yo no escuchaba la canción
Pensaba en lo que yo suelo hacer con los dedos desnudos de los pies ajenos 
al color de mi piel: 
Negra, iluminada y ceremoniosa.

Tú no sabes que leo y escribo un post de un libro  comida cubana que escribió 
'Verónica  Cervera' en Miami.
Allí habla de cascos de guayaba 
que hace aguas en mi boca de  nostalgia 
(Tú dirías 'saudades')
del mismo color que tú vestido 
de verano indú. 
Esa otra piel para comérsela
Después de cuatro días al sol 
Sin receta 
con sudor de sal.






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