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domingo, 11 de diciembre de 2016

Laila besa a mi madre en Cuba con la boca llena de jugo de guayaba...

Sé que en ese beso Laila intenta darle todo el cariño que habita en mi y hace unos días puse en su adn para mi madre.
Es extraño la posesión de la nostalgia.  Un beso dado en La Habana  ante un cuadro-retrato mío hecho por Carlos Quintana, me cambia el domingo de otoño en Barcelona. 
El beso es cálido del verano de esas pieles en el Caribe. Esa piel de madre que forró mi piel en todo lo que soy, incluso en sueños. Mi impacto es invernal y  húmedo del inicio de diciembre en el Mediterráneo.
El zumo de guayaba -que allí dicen jugo-, parece mi propia sangre, de alguna forma lo es pues alimenta la metáfora que soy desde lo lejos. 
Acabo de poner el árbol de navidad con mi hija. Justo al acabar me llega esta foto que considero un regalo de Laila Noel.
Le intento a explicar a Maya,  que es lo que toma Laila que le ha hecho su abuela... Maya espeta: ¡que morro tiene! ¿Pápa cuándo vamos a Cuba?
El exilio de algunos como yo, gira sobre esa pregunta: ¿volver?
10 díc. 2016.

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