martes, 19 de febrero de 2019

Albert García murió este finde y no verá mañana la 2da superluna del año.





Desde que me enviaron el washapp con la noticia de su infarto y muerte rápida e inesperada, comencé a recodar las muchas anécdotas que he acumulado a lo largo de 12 años de trabajo que viví junto a él, Albert García.
Hacer un resumen para demostrar que era un hombre bueno sería falso. No solo era un hombre bueno,  era además, alguien muy distinto en estos tiempos.  Discutimos mucho por muchas cosas. Por modos de vida muy distintos de él y yo, pero su fe infinita en el catolicismo y mi pasión por la Semana Santa de Sevilla fue el primer paso para abrir un camino entre nos. Cuya complicidad aumentó cuando me narraba su peregrinación de Barcelona a Montserrat a pie, cada año. Lo que aprendí de él y de La Moreneta fue notable, llevo su estampa de La Moreneta en mi cartera hace 11 años. 
A pesar de nuestras diferencias por mi libertad literaria, nunca le gustaron mis poemas y cuentos eróticos, tampoco parte de mi vida amorosa, no obstante,  fue el primero en llorar conmigo por mi niña y calmar mi ira por la impotencia de no tenerla compartida  tras separarme.
Él fue una de las primeras personas que me hizo tener conciencia de que yo era un buen padre. No se cansaba de decírmelo,  y repetirlo, él que tuvo un padre que murió casi en sus brazos;  quizás a causa de esto me lo creí y me esfuerzo cada día en serlo. 
Uno no sabe que es ser bueno en algo hasta que alguien te lo dice. 
No voy a olvidar cuando mi niña comenzó a leer y le traje la grabación en catalán de su lectura, y  Albert se emocionó tanto que se la llevó a su madre para que la escuchara.

Creo que fui de los pocos en el trabajo, PRONOVIAS,   que él le confió su colección de estampas de vírgenes católicas para que yo le ayudara a organizarla en mi condición de escritor e historiador.  
Me asombré de su colección,  y desde ese momento contribuí mucho a aumentar esta colección,  en cada viaje que daba, a cada pueblo que iba, en cualquier parte de Europa que fueron muchos en los últimos años. 
Voy a Londres dentro de poco y aunque no estés  compraré estampas, algo haré para que las veas,  no te preocupes.

Donde   Albert llegó a su cumbre de bondad personal, además de cuidar y estar pendiente de su madre siempre para cada cosa de su vida;   fue cuando me explicó su proyecto de repartir comida a los sin techo de Barcelona, junto a "Los jóvenes de San José,"  para lo cual recaudaba dinero entre nosotros y donde pudiera. 
Las anécdotas de cómo estas gentes recibían el café con leche, el bocadillo y las mantas en invierno siempre se rodeaban de una  lágrima...

Hoy Albert no verá La segunda superluna con nosotros que sale el miércoles en Barcelona,  tampoco verá ganar o perder a su barça contra el Lion, pero quiero creer que es feliz, porque quizás tras esta misa pueda reencontrarse con su padre; yo intentaré guardar para siempre esa bondad que  quiso trasmitir a todos a través de su fe en las partes más buenas del ser humano.

Descansa en paz. 
Arsenio
Rodríguez Quintana
Tú amigo cubano.