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Presencia China en Cuba (varios autores)


Por LAO YI (fragmento de un texto mayor)

(...)De culíes a empresarios y turistas

Mucho ha llovido desde que, el 3 de junio de 1847, desembarcaran en el poblado de Regla, ubicado una de las ensenadas de la Bahía de La Habana, unos 200 chinos procedentes de la sureña provincia de Guangdong. Algunos de los que formaron aquel grupo de pioneros no soportaron las infrahumanas condiciones en que los obligaron a viajar y murieron antes de ver tierra cubana. Engañados por contratistas españoles, cuyo país fungía a la sazón como metrópoli colonial de la isla, los cantoneses creyeron las falsas promesas de un contrato para trabajar como colonos en Cuba, cuando en realidad quedaron reducidos a esclavos en plantaciones agrícolas, en similares condiciones a los africanos traídos a la fuerza. La frase “lo engañaron como a un chino”, tan popular hoy en Hispanoamérica, tuvo su origen en este camelo, una más entre las frecuentes humillaciones que China sufrió a mano de las potencias imperialistas en el siglo XIX y parte del XX.
Fue ésta asimismo una de las razones por las que numerosos chinos se sumaron a la guerra contra España en Cuba. En la actualidad, la participación de antiguos culíes en la contienda independentista es parte indeleble del patrimonio nacional en la isla, donde sus hazañas en combate han adquirido ribetes de leyenda.
Esta migración forzada se fue complementando con la llegada voluntaria de otros chinos. Para fines del siglo XIX había en Cuba cerca de 150 mil chinos. Luego llegaron desde Estados Unidos los llamados californianos, que huían de las leyes antichinas decretadas en ese país. Poseedores con frecuencia de capital financiero, estos últimos hicieron destacado aporte a la bonanza que vivió el Barrio Chino de La Habana al despuntar el siglo XX.
Entre finales de los años 50 y principios de los 60 del siglo XX, empero, la migración china a Cuba acusó un notable declive, hasta detenerse por completo. Numerosos descendientes de californianos y otros chinos de clase alta y media se marcharon a Estados Unidos y otros países. Para mediados de la década de los 90 del siglo XX, el Barrio Chino era apenas una memoria que sus contados y envejecidos habitantes originales, y sobre todo sus descendientes, pugnaban por preservar. En medio de esta coyuntura surge el Grupo Promotor del Barrio Chino de La Habana, entidad que aglomeró por entonces a los mencionados individuos en el rescate de sus tradiciones, justo cuando Cuba y China relanzaban sus relaciones a los más altos niveles. En apenas un lustro la institución exhibía excelentes resultados. Hoy, cuando las tareas del grupo han sido asumidas por la Oficina del Historiador de la Ciudad, de notable reputación por su labor de renovación del Casco Histórico de La Habana, es menester reconocer el esfuerzo primigenio del Grupo Promotor, que llegó justo a tiempo para reverdecer en lo posible los laureles marchitos del legado cultural chino en la isla.
Entre los muchos esperanzados en que estos logros se hagan permanentes, está la actual directora de la Casa de las Artes y Tradiciones Chinas de La Habana, perteneciente a la Oficina del Historiador, Carmen Eng Acuay, quien fungió como Presidenta del Comité Organizador del X Festival de Chinos de Ultramar. En conversación con CH, destacó el papel de los descendientes de primera, segunda y hasta tercera generación en la preservación de las tradiciones, como forma de evitar un retorno al letargo padecido durante las décadas de los 60, 70 y 80 del siglo XX en la isla. “Ahora –indica– aumenta el flujo de turistas chinos que viajan a Cuba. Aunque no son residentes, su presencia influye necesariamente sobre la preservación de esas tradiciones”.
Con su afirmación, Carmen Eng toca un tema medular. ¿Cómo preservar el legado cultural chino cuando la cifra de ciudadanos originales de esa procedencia disminuye por días? ¿Bastará con la presencia creciente de turistas, empresarios y estudiantes chinos en Cuba –que en su mayoría regresarán a su lugar de origen– para llenar el vacío? ¿Qué papel toca a los descendientes de chinos, que en muchos casos son de sangre mezclada?
Una posible respuesta es la que propone la Dra. María Teresa Montes de Oca Choy –al igual que Carmen Eng, descendiente de chinos–, quien encabezó el Comité Científico del X Festival de Chinos de Ultramar. Presidenta de la Cátedra de Estudios sobre la Inmigración China a Cuba, perteneciente a la Casa de Altos Estudios Fernando Ortiz, y profesora universitaria de Historia de Asia, ella afirma: “Tras el éxodo de una gran cantidad de chinos naturales, los restantes apuntalaron las sociedades como único recurso tangible de supervivencia, pero por lo general han sido los descendientes de primera y segunda generación los que han tomado las riendas de las mismas, con independencia de la presencia o no de un presidente octogenario chino al frente de las sociedades. Hoy día las tradiciones y cultura son reanimadas y mantenidas por los descendientes. Mi criterio es que la cultura china está tan enraizada dentro del cubano común, que no es nada difícil sostener las tradiciones básicas”.
En opinión del Consejero Cultural Zheng Kejun, actividades como la Semana Cultural de la UH, o los Festivales de Chinos de Ultramar, juegan un papel positivo en el mantenimiento de la herencia china en Cuba, así como en el afianzamiento de las relaciones entre ambos países. “Con todo –expresa– creo que aún podemos hacer mucho más, pues si bien estamos en un momento de excelentes vínculos bilaterales, el intercambio cultural aún no llega a la altura de los nexos políticos y económicos”.
Cultura china en el mundo: ¿dónde falla la ecuación?
Las palabras de Zheng Kejun reflejan una notable paradoja. La cultura china resulta atractiva para un importante número de hispanoamericanos, como bien indica el pequeño botón de muestra de Cuba, más allá de la comunidad de ascendencia china. Y, sin embargo, todavía se mantiene a la zaga de otras actividades. ¿Qué pasa?
Desde hace algún tiempo, este problema llama la atención de las más altas instancias gubernamentales chinas. En nuestra edición de enero de 2007 se abordó el aparente conflicto entre la atracción que ejerce la cultura china y su real difusión mundial. Entonces se citaba al ex Ministro de la Oficina de Información del Consejo de Estado de China, Zhao Qizheng, en el sentido de que “contrario a los positivos resultados obtenidos por China en su balanza comercial exterior, existe una situación desfavorable en el intercambio cultural y la comunicación con otros países”.
Para el Consejero Cultural Zheng esta aparente contradicción se produce en buena medida porque en China, “la tradición a veces vive en conflicto con el momento actual. En consecuencia, la nación china debe demostrar su grandeza haciendo que la actualidad sea asimilada por la tradición. Para que esto funcione a escala mundial, es preciso que la cultura reciba el impulso de la actividad comercial. En muchos casos, no resulta suficiente nuestra inversión estatal. En tales instancias, es preciso abrir camino a los promotores privados, pues ellos han demostrado un notable interés en desarrollar este sector. Sin comercio no dispondremos del factor capaz de empujar el desarrollo”.


El teatro chino de Cuba. Un destino diferente (página 2)

Partes: 1, 2

Muchas compañías procedentes de Hong Kong viajaban directamente a los Estados Unidos y sus contratos se extendían a La Habana, también fueron contratados principales actores de Hong Kong y China continental para actuar en las compañías creadas en Cuba y especialmente en el Barrio Chino donde surgieron otros teatros para la representación de óperas, entre ellos La Voz de la Nación, instalado en Dragones entre Manrique y Campanario; La Gran China que estuvo ubicado en San Nicolás entre Dragones y Salud; el Nuevo Continental (posteriormente cine Coral) que se halla en Manrique entre Zanja y Salud y el Kam Yen, de Rayo y Cuchillo, hoy Cine teatroAguila de Oro. El primer teatro, de Zanja y San Nicolás, evolucionó hasta convertirse en el Teatro Pacífico, donde además radicó una compañía de música y un restaurante.
El teatro de ópera, especialmente, cantonesa, significó mucho para la Comunidad China: por un lado era un negocio mas de los poderosos comerciantes de origen chino, y por el otro, propició el acercamiento de los inmigrantes a uno de los elementos de mas valor dentro de su cultura tradicional, al tiempo que favorecía la unión social de los diferentes grupos y un elemento de resistencia al natural enfrentamiento cultural en un adverso medio social predominante.
Con el paso de los años, los chinos van creando una descendencia mestiza, que pugna por ser aceptada dentro de la sociedad cerrada de los inmigrantes chinos. Poco a poco van siendo aceptados en algunas sociedades clánicas, principalmente en las relacionadas con los partidos políticos, Kuo Ming Tang y Min Chi Tang, que promovieron grupos de danzas y de música. Un ejemplo fueron las Danzas del León y los equipos atléticos, principalmente de artes marciales, aunque también existieron bandas de musica al estilo occidental.
Al producirse la Segunda Guerra Mundial, con los consiguientes peligros para la navegación marítima, los chinos pierden contacto con su país de origen y las compañías deópera que estaban contradas en Cuba deciden regresar a los Estados Unidos ante las dificultades económicas que surgían de una economía en baja. Esto ocasionó un descenso de las actividades recreativas de la Comunidad China, por lo que se buscan vías alternativas para que el negocio se mantenga aunque sea con mínimas ganancias. Es cuando los maestros del Chung Wah Yin Lok Kow Se, El Club Cultural de Musica China, deciden crear una nueva compañía en 1940, la Ópera Chung Wah, y como consecuencia tres agrupaciones mas: la Kuan Tih Lock, la Kuoc Sen y la Kuoc Kong. (En la ópera china son los maestros de música los que montan las obras y dirigen los ensayos.)
Los maestros chinos decidieron recurrir a los descendientes para formar el elenco de las nuevas compañías. Pero es necesario destacar que solamente las hembras eran llamadas para este trabajo, los varones se destinaban principalmente al comercio y a las escuelas de artes marciales o los equipos atléticos. Incluso agunas personas sin origen chino, sino apadrinados por estos, participaron del teatro de ópera.
Para integrar una compañía, a la muchacha de 8 a 20 años de edad, se le hacía pruebas de voz y musicalidad, de ser aceptada se asignaban los papeles de hombre o de mujer en determinada pieza, siempre según el timbre. Comenzaba entonces una verdadera odisea para la elegida: debía tener excelente forma física, aprender de memoria la fonética de los textos, pues la mayoría no conocía el idioma chino y debían conocer los libretos completamente que eran por demás, extensos. Del mismo modo debían aprender la mímica, los movimientos danzarios, el maquillaje y la utilización de los elementos escenográficos, que en el teatro de ópera china son mínimos.
Acertadamente José Baltar Rodríguez en su libro "Los Chinos de Cuba" afirma que por una parte el teatro de ópera cantonesa constituyó un elemento integrador del inmigrante con su descendencia mestiza y por otra, estas agrupaciones fueron, en esencia, compañías cubanas de teatro chino. (4)
La vida de estas compañías de cubanos fue efímera. La Ópera Chung Wah y la Kuan Tih Lock se desintegraron a finales de los años 40"s, mientras que la Kouc Sen se mantuvo hasta 1951, y la Kuoc Kong trabajó unos cuantos años mas. Pero en el poco tiempo en que se mantuvieron activas, lograron una altísima calidad interpretativa. Una muestra la dio Alejo Carpentier, que visitó los teatros chinos en 1944: "!Si hay crisis en nuestro teatro debemos reconocer que el Barrio Chino la ignora por completo!" (5)
Durante las celebraciones por el Centenario del Casino Chung Wah, Centro principal de la Comunidad China en Cuba, celebrado en el año 1993, un grupo de descendientes se reúne para organizar esta festividad y presentar algunas muestras del quehacer artístico de los miembros de la Asociación.
Surge la idea de rescatar el teatro tradicional, aunque solo como una muestra de lo hecho, mediante algunas antiguas actrices que aún vivían. Se logra contactar con Caridad Amarán (Jo Chou Lam), de Kouc Kong y Chung, y Elia Duarte (Chiu Pak Ley), la Chung Wah, quienes junto a Rosa Jo Chang (Jo Mei Chao), intérprete de música tradicional, comienzan a ensayar algunos pasajes de diferentes obras. Posteriormente se une Ana Li, de la Kuoc Sen y Kuoc Kong, y Yolanda Eng que integraba las compañías Kuan Tih Lock y Kuoc Sen, también se unió a ellas Georgina Wong. Desde antes Ana y Yolanda participaban en el rescate de otras manifestaciones artísticas, en apoyo al trabajo del Atlas de la Cultura Popular, en el Grupo de Danza del león, creado por el investigador Raúl Simanca Boulanger, ya fallecido.
Caridad Amaran conservaba partituras y libretos de la época, heredados de su padre y maestro, el actor Julián Fong (Fong Piu), que trabajó en la compañía Kuoc Kong, se encargaba de seleccionar los fragmentos y las escenas que representarían, transcribendo los textos en fonemas, del mismo modo en que se hacía anteriormente.
Los personajes masculinos siempre son representados por Ana y Georgina, mientras que los femeninos corren por cuenta de Caridad y Elia representa ambos sexos. La música estaba interpretada por Rosa Jo y Yolanda los platillos y el tamborcito. En el año 1996 la violinista concertista Milagros Lou, de la Orquesta Sinfónica Nacional, se une a este trabajo y le aporta sus conocimientos musicales y su experiencia, dotada de mucha paciencia y un excelente oído logra captar la esencia de los fragmentos y canciones, transcribiéndolos al pentagrama.
Destacable es que estas mujeres, ya ancianas, pero no por ello vencidas por el tiempo o la edad, se dieron a la ardua tarea de buscar y fabricar, (pues eso es lo hecho), todo el vestuario, los tocados y hasta gran parte de la mínma escenografía que emplean en sus presentaciones. Gracias a ellas, los antiguos trajes volvieron a la vida útil, y el teatro chino de Cuba, reverdeció laureles.
Durante los años 90 se representaron escenas de las piezas Mou Tay Long, Wong Pou Ching y La riña de un matrimonio, entre otras. De este modo, rescatando tradiciones y artes, miembros de la Comunidad China las actrices en este caso, pusieron su grano de arena en la obra sociocultural del Atlas de la Cultura Popular Cubana primero, y del Grupo Promotor del Barrio Chino años después, haciendo patente parte del legado cultural y artístico que sus antecesores dejaron a las nuevas generaciones.
Sirva este artículo como un eterno agradecimiento a las actrices Caridad Amarán, Elia Duarte, Gerogina Wong, Ana li, Rosa Jo Chang y Milagros Lou, y por extensión, a todos aquellos que de una forma u otra han contribuido a que no se pierda esta rica tradición cultural, otro de los aportes de los chinos a la nacionalidad y la identidad mestiza de Cuba.
·         (1)  Antonio Chuffat. Apunte Histórico de los Chinos en Cuba. Tomado de José Baltar Rodríguez. Los Chinos de Cuba, Apuntes Etnográficos. Fundación Fernando Ortíz. La Habana. 1997. Págs 145-146
·         (2)  Baltar Rodríguez, op. cit. pág 149
·         (3)  Baltar Rodríguez, op. cit. pág 149-150
·         (4)  Baltar Rodríguez, op. cit. pág 161
·         (5)  Alejo Carpentier, "Teatro Chino de La Habana" Semanario Información. La Habana, 17 de Mayo de 1944, pág 14. Tomado de Baltar Rodríguez, op. cit. pág 164


Autor:
Julio Gerardo Hun Calzadilla
Escritor, Director de Radio e Investigador de la Presencia China en Cuba
En este mismo sitio tiene "La Danza del León Chino en Cuba" (conjuntamente con Carlos A. Alay Jo), "Las Sociedades Chinas en Cuba: escudo y sostén" y ·Chinos mambises desde el 68 al 78. 30 años en el Ejército Libertador de Cuba".


La medicina china y su presencia en Cuba*

INTRODUCCIÓN
El Grupo Promotor del Barrio Chino de La Habana me ha hecho el gran honor, que nunca podré agradecer bastante, de invitarme a participar en su II Jornada Nacional de Medicina Tradicional China Cham-Bom-Biá 2002, en su año tradicional del Caballo y me han pedido sus organizadores, muy principalmente el doctor Felipe Chao, médico de gran cultura y exquisita amabilidad, que imparta una conferencia sobre algún aspecto histórico de la medicina china y su posible relación con la medicina cubana.
Dedicado desde hace casi cinco décadas al estudio de la historia de la medicina en general y de la historia de la medicina y de la salud pública cubanas en particular, las últimas tres décadas como historiador médico oficial de nuestro Ministerio de Salud Pública, en algunas de mis publicaciones he hecho alusión a la presencia de la medicina china en Cuba y a ese tema he dedicado una ponencia con el título "Los médicos botánicos chinos en Cuba", escrita en colaboración con la doctora Ana María Delgado Rodríguez, mi hija mayor y presentada en la Jornada Científica Conmemorativa del XL Aniversario de la fundación de la Oficina del Historiador de la Salud Pública llevada a cabo en la entonces Facultad de Salud Pública, actualmente Escuela Nacional de Salud Pública, el 13 de diciembre de 1991 y publicada en mi libro El cólera morbo asiático en Cuba y otros ensayos, Ed. Cien. Med., La Habana, 1993.
En la presente conferencia quiero exponer en forma breve los rasgos más importantes, principalmente grandes personalidades y textos clásicos, de cuatro de los cinco períodos en que se ha dividido la milenaria medicina china; algunos de los primeros médicos botánicos chinos que llegaron a Cuba en el siglo XIX y su participación en nuestras guerras independentistas contra España; la sugerente figura médica de Cham-Bom-Biá y por último la importancia que en la medicina cubana del siglo XX tuvieron algunos médicos descendientes de inmigrantes chinos.
LA MEDICINA CHINA, UNO DE LOS GRANDES PILARES DE LA HISTORIA DE LA MEDICINA UNIVERSAL
La antigüedad de la cultura china y su continuidad desde la prehistoria hasta nuestros días le da singular importancia a una de sus manifestaciones más sobresalientes como lo es, sin lugar a dudas, su medicina.
El período Protohistorico de China se inició unos 2000 años a.C. y de sus primeros tiempos es el Yi- king, o Libro de los Cambios, donde se expone la doctrina del Tao, principio inmutable que se manifiesta bajo la dualidad del Yang- Yin. El Yang es el cielo, masculino, movimiento, luz, calor, sequedad y dureza, mientras que el Yin es la tierra, femenino, reposo, oscuridad, frío, humedad y debilidad. Su equilibrio es el orden cosmológico, su desequilibrio el desorden.
Tseu-Yen (siglos IV a III a.C.) introdujo además el concepto del Wu-hing, un principio de energía material del que proceden cinco elementos que forman tanto el cosmos como el hombre: fuego, agua, tierra, madera y metal, similares a los cuatro elementos postulados en Grecia por los filósofos presocráticos y también en la India. Pien Ts'io (siglo V a.C.) el primer médico chino de que se tiene noticias, opinaba que los desequilibrios del Yang- Yin eran las causas de las enfermedades.
Durante la época de la dinastía Cheu (entre el siglo XI y el III a.C.) la medicina Yi, la practicada por Pien Ts'io, evolucionó desde las formas mágicas primitivas a las empíricas, relacionando la enfermedad con causas materiales.
La obra médica más importante de la tradición china es el Nei- king, o Libro de los Problemas Sencillos o Canon de la Medicina. La obra comprende 18 capítulos y los 9 últimos tratan sobre acupuntura. Incluye datos sobre anatomía y menciona 5 órganos macizos: corazón, hígado, bazo, pulmón y riñón; 12 vasos que contienen con la sangre, un pneuma, que suele llamarse soplo o aire y 6 vísceras huecas del aparato digestivo y del urinario.
A lo largo de los vasos la obra identifica 365 puntos donde mediante punción con largas agujas se pueden corregir los desequilibrios del Yang- Yin, esto es, del pneuma o soplo. En otros capítulos del volumen se encuentran textos propios de pediatría, ginecología y las bases para el examen del pulso. Pero a mi juicio el principio más importante, el que domina el Nei- king, es que el médico debe prevenir las enfermedades y si estas aparecen, actuar tempranamente en los puntos apropiados de acupuntura, por los que pasa el flujo de la energía al órgano o parte afectada.
Otros textos clásicos del período lo son el Nan-king, o Libro de los Problemas Difíciles, atribuido a Pien Ts'io, que comprende comentarios al Nei- king y la doctrina del pulso y el Pents'ao king, o Materia Médica, que incluye la descripción de 365 drogas animales, vegetales y minerales a las que se agregaron muchas más en épocas posteriores, pues ha sido el libro de medicina china mas veces editado.
El período del Imperio Antiguo comprende desde el año 220 a.C. hasta el 589 d.C en el se hicieron mejores descripciones de las vísceras sólidas y de los vasos que conducían la energía. Como causas externas de las enfermedades tenían el viento, el calor, el frío húmedo, alteraciones en la dieta, excesos sexuales, emociones violentas y traumatismos. Clínicamente los médicos chinos de este período utilizaban el interrogatorio, el examen del pulso y la exploración del enfermo, pero para la mujer recurrían a figuras femeninas de marfil donde la enferma señalaba la parte afectada. Conocían infestaciones parasitarias por Ascaris, Oxiuros y Tenias, cuadros carenciales como el escorbuto y el bocio endémico, enfermedades de la piel como la sarna y la lepra, síndromes digestivos, diarreas, intoxicaciones alimentarias, padecimientos pulmonares, ginecológicos e infantiles, todos los cuales eran atribuidos a desequilibrios del Yang-Yin.
Entre los médicos de este período hay que citar a Hua- T'o (139-208 d.C.),quien se distinguió por su habilidad quirúrgica, la práctica de la acupuntura, la perfección de la sutura con seda y haber utilizado sabiamente la balneoterapia y el ejercicio físico en algunas dolencias ; Chang Chong King (145-212) el que ha sido llamado el Hipócrates chino por su obra Chang- han- luen, o Tratado del Frío Nocivo, donde analiza las fiebres esmerándose en diferenciar los síndromes debidos al Yang de los del Yin; Huang- Fu Mi (215-282) autor del tratado Kia-yi- king, o Libro de la Acupuntura, en el que describe las vísceras, los canales de energía y los puntos de acupuntura, esta obra ha sido muy analizada históricamente por autores modernos; Wang Chu-Ho (265-317), quien escribió el Moe- king, o Libro del Pulso, donde explica en detalles la relación entre el latido del pulso y las causas de las enfermedades y Ko- Hong (281-340), el que expone en el Nei- wai-p'ien y otras obras, descripciones correctas de la lepra, la viruela y el sarampión, sabios consejos para una larga vida y formulas medicamentosas en las que aparecen muy numerosas sustancias minerales.
En el tercer período o del Imperio Medio chino (589-1367), contemporáneo de la Edad Media europea, con la dinastía T'ang en 618 renació el interés por los clásicos médicos y ocurrieron los grandes cambios sociales de la medicina al crearse en el año 624 el T'ai-yi-chu, o Gran Consejo Médico, que institucionalizó la práctica de la medicina, estableció cinco grupos de especialidades: medicina interna con pulsología, farmacia, acupuntura, masaje y medicina mágica, así como el examen previo al ejercicio médico. Todo esto tiene una importancia histórica extraordinaria pues con ella comienza el primer sistema nacional de salud pública del planeta y se da inicio a la historia de la organización de la salud pública. A partir de 1271 se fundan en China los primeros hospicios para ancianos y huérfanos.
Entre los médicos más importantes se encuentra Suen Sseu-mia (581-682) autor del Ts'ien-king fang, o Mil Recetas Valiosas, donde se considera a los vientos y soplos como una de las causas del desequilibrio entre los cinco elementos y las cinco vísceras del cuerpo, que originan las enfermedades. En esta obra se describen clínicamente más de 400 enfermedades pudiéndose identificar la lepra, viruela, sífilis, sarampión, disenterías, tuberculosis, cólera, bocio, parasitosis intestinales y algunos padecimientos quirúrgicos y de la infancia. Se concede en este período gran interés a las obras pediátricas y a las obstétricas, entre las primeras el Lu-sin king, o Libro de la Fontanelay entre las segundas el King-hiao ch'an pao, o Tesoro de la Obstetricia.
Con la dinastía Song (entre 960 y 1279) se ampliaron las funciones del T'ai-yi-chu, o Gran Consejo Médico, que editó varios formularios y amplió las áreas de especialización en los exámenes médicos. Tuvo importancia el Tsuen-chen t'u, o Atlas para Conservar la Salud, de Yan Kia (1068-1140) que por más de seis siglos sirvió como texto básico de anatomía y el Cheng-tsi tsong-lu, o Enciclopedia Imperial de Medicina, aparecida en 1111, donde se trata de las dietas, acupuntura, astrología y magia médica, que al igual que otras obras médicas se imprimían sobre papel mediante bloques de madera grabados.
El cuarto período o del Imperio Moderno, que comienza en 1368 cuando una revolución campesina derriba el poder mongol en Pekín y asegura el control del país para la dinastía Ming, se extiende hasta mediados del siglo XIX cuando se inicia el Período Contemporáneo, del que no voy a hablar en la presente conferencia.
Esta dinastía de profundas raíces en la tradición china, hizo renacer el estudio de la medicina tradicional sin que la introducción de la europea por los misioneros consiguiera desplazarla.
Entre los autores del período se destaca Li Che-Chen (1518-1593) cuya obra Pen-ts'ao kang mu, o Compendio General de Materia Médica, fue resultado de 27 años de análisis de los textos tradicionales, prolongadas exploraciones botánicas y cuidadosas experiencias clínicas. Este libro apareció impreso en 52 fascículos que agrupaban 15 clases de drogas hasta un total de 1892 sustancias, en su mayoría vegetales, con explicación de sus efectos sobre el equilibrio del Yang-Yin, todo lo cual ha sido objeto de cuidadoso estudio por parte de historiadores médicos modernos.
Otros médicos destacados lo son Chang Kia-pin (1555-1632) autor de una enciclopedia médica; Yan Ki-cheu (1560-1600) autor de laChen-kieu ta ch'eng, o Gran Compilación sobre las Agujas y las Moxas, donde examina además de la acupuntura la técnica de la cauterización con las moxas, pequeños conos de artemisa, hierba que se quema en puntos semejantes a la acupuntura y Cheu Yu-fan (fl.1573) que escribió el T'uei-na pi-kieu, o Tratado de los Masajes, de gran interés. Al finalizar la dinastía Ming existían en China 1145 hospicios para una población calculada en 200 millones de habitantes.
La dinastía manchú Ts'ing consiguió en 1644 el control militar de Pekín y poco después dominó todo el territorio chino, pero a pesar de sus aciertos iniciales tuvo que enfrentarse desde el comienzo a una creciente resistencia popular e intelectual y a la penetración europea y norteamericana a finales del siglo XVIII. La medicina siguió regida desde Pekín, pero ahora por la T'ai Yi-yuan, o Academia Médica Imperial, que atendía a las necesidades de la corte y dirigía la asistencia pública.
Es imposible en pocas palabras dar una idea del desarrollo de la medicina china a finales de este período en ramas tan diversas como la pediatría, oftalmología, ginecología, obstetricia, medicina interna y en materia de drogas. La medicina china comenzó a difundirse en Europa por las crónicas de los misioneros en los siglos XVI y XVII y así la doctrina del Moe-king sobre el pulso fue expuesta en 1666 por el sacerdote jesuita Michael Boym (1612-1669). Las doctrinas médicas del Nei-king y la materia médica del Pents'ao king fueron difundidas en la primera mitad del siglo XVIII y en esa misma época la acupuntura y las moxas, aunque indirectamente por relatos de los viajeros holandeses en el Japón.1,2 y 3
LOS MÉDICOS BOTÁNICOS CHINOS EN CUBA EN EL SIGLO XIX
A finales del cuarto período histórico de la medicina china comienzan a llegar a Cuba en el siglo XIX los primeros labradores, principalmente de la etnia cantonesa, amparados en contratos engañosos que los convertían en la práctica en semiesclavos de sus contratantes. Con ellos nos van a llegar sus médicos botánicos de los cuales están bien identificados en nuestra historia apenas unos cuatro.
El primero de que se tiene noticias es de Kan Shi Kom que disfrutó de gran prestigio a mediados del siglo XIX en La Habana, donde residía en la calle Rayo esquina a San José y que a su muerte, según el historiador Antonio Chuffat Latour, ocurrida en 1885 la gran pompa de sus funerales hizo época en la ciudad.4
Al otro extremo de la Isla, en Santiago de Cuba, el médico botánico chino de nombre españolizado don Domingo Morales gozó de enorme fama y en la última epidemia de cólera en el país (1867-1872) trataba a sus pacientes, al decir de sus contemporáneos no médicos, satisfactoriamente con masajes en las regiones axilares, práctica médica china recogida en una obra clásica del siglo XVI el T'uei na pi-kieu, o Tratado de los Masajes, citado anteriormente.5
Un héroe de la Guerra de los Diez Años (1868-1878) lo fue el médico botánico de labradores chinos en las cercanías de Manzanillo Liborio Wong, cuyo verdadero nombre era Wong Seng, quien se incorporó al Ejército Libertador desde comienzos de la contienda y se destacó como capitán ayudante del Mayor General Modesto Díaz, con quien combatió valientemente en infinidad de combates y cuando se llevó a cabo el Pacto del Zanjón, el Capitán Wong Seng fue de los que salvó el honor de Cuba, al mantenerse junto a las fuerzas del Mayor General Antonio Maceo en la Protesta de Baraguá.6
Pero indiscutiblemente el más conocido de los médicos botánicos chinos en Cuba lo fue el célebre Juan Cham-Bom-Biá. Su verdadero nombre, el que usaba al llegar a Cuba, era Chang Pon Piang, pero según los historiadores Emilio Roig de Leuchsenring7 y Herminio Portell Vilá8, el habla popular cubano lo transformó en Cham-Bom-Biá y el segundo agrega que su significado en castellano es Sol Amarillo. Sin embargo en un documento existente en el Archivo Nacional de Cuba correspondiente al expediente contentivo de la causa judicial que se le siguió por ejercicio ilegal de la medicina en La Habana, se le nombra Juan Chambombián y en esa forma lo llevan sus descendientes en la actualidad.
Descripción: http://bvs.sld.cu/revistas/his/his%2095/f04hist95.jpg
Fig.4. Dr. Juan Chambombian o Chang Pong Piang (siglo XIX). El médico chino.
Chambombián pertenecía a la etnia Jaca, del sur de China y como tantos de sus compatriotas a sus nombres de origen, que usó unidos como apellido, agregó el patronímico cristiano en español Juan. Por el expediente promovido para adquirir la ciudadanía hispana en 1860 sabemos que tuvo residencia constante en la Isla desde que en 1854 se le concedió carta de domicilio en La Habana. En la capital de la colonia ejerció el oficio de cigarrero y practicaba la medicina botánica tradicional de su país, en cuyas últimas funciones había venido a Cuba junto a un grupo de agricultores chinos.
En su ejercicio médico la terapéutica que utilizaba consistía en medicamentos preparados por él mismo con plantas medicinales cubanas o con productos provenientes de San Francisco, California. Sobre esto último existe una denuncia de 1863 en que se le acusa de recibir una factura de medicamentos de dicha ciudad norteamericana, sin la correspondiente licencia.
Acosado por denuncias de ejercicio ilegal de la medicina se traslada a Matanzas, en cuya ciudad ejerció con no menos popularidad que en La Habana hasta 1871 en que se traslada a Cárdenas, por ser esta ciudad en aquella época asiento de un gran núcleo de población china. En la Perla del Norte estableció su hogar donde tenía su botiquín, en el que preparaba los medicamentos que empleaba, aunque también se los confeccionaban en la farmacia china que existía en la Tercera Avenida número 211, en dicha ciudad.8
A tal grado llegó su prestigio como curador de enfermos que una frase sobre él, que en su época se hizo tradicional ante los pacientes sin esperanzas de salvación, "a ese no lo cura ni el médico chino", todavía es popular en nuestros días. Sin poderse precisar la fecha, en su domicilio de Cárdenas, donde vivía completamente solo, fue encontrado muerto el célebre Chambombián. Sobre la causa de su fallecimiento se hicieron muchas conjeturas, para unos fue envenenado, para otros se había suicidado con algunos de los alcaloides desconocidos que guardaba, pensándose en esto último por la predisposición al suicidio que se manifestaba en los chinos de la época en Cárdenas.
Un siglo después de su muerte, el periodista Reinaldo Peñalver Moral9 publicó en la revista Bohemia (julio 10 de 1981) una entrevista con una descendiente del médico chino, Victoria Chambombián, con residencia en La Habana, la cual le mostró una foto de su padre Manuel Chambombián, que se reprodujo en el trabajo, cuando este contaba según ella unos cuarenta años en 1907, por lo que debió haber nacido en la década de los años 1860 cuando el médico botánico vivía en La Habana. La nieta agregó que su abuelo había tenido otros siete hijos todos nacidos en la capital de la isla.
Victoria Chambombián aseguró haber poseído una foto de su abuelo, la que perdió, con otros recuerdos familiares durante el ciclón que azotó La Habana en 1926. La entrevista que es también un artículo sobre el famoso médico chino se ilustra, además, con un retrato de Victoria sola y otro acompañada de sus hijos Fernando e Ignacio, este último combatiente de Playa Girón, de su nieta María Elena y su biznieto Fernando. Por esta importante información conocemos que existe en Cuba, en la actualidad, descendencia de Chambombián. También se incluye en el trabajo una fotocopia de la firma del médico botánico tomada de un documento de su expediente de ciudadanía.
Por sus indiscutibles conocimientos sobre las plantas medicinales de Cuba, clara inteligencia y habilidad en el diagnóstico clínico, dada más que por sus conocimientos científicos teóricos por su poder de observación junto al enfermo, en una larga y constante práctica médica, pero además por sus tantas veces probados desprendimiento y desinterés económico y su profundo amor a la humanidad, el célebre médico botánico chino Juan Chambombián se ganó un lugar único en la historia de la práctica médica empírica en nuestro país.
ALGUNOS MÉDICOS CUBANOS NOTABLES DEL SIGLO XX DESCENDIENTES DE INMIGRANTES CHINOS
Con el establecimiento de la independencia formal de Cuba el 20 de mayo de 1902 quedaron abiertas las puertas de la Universidad de La Habana, única del país, a la juventud cubana sin discriminación de razas, sexos o ideas religiosas, lo que va a permitir que no pocos hijos de inmigrantes chinos, poseedores de recursos económicos, matriculen carreras universitarias, principalmente en la Facultad de Medicina.
Solamente citaré los que ocuparon posiciones sobresalientes en la medicina cubana del siglo XX. No hay lugar a dudas que estas personalidades lo fueron los hermanos, doctores Israel (1891-?) y Agustín (1902-2001) Castellanos González y Pedro Manuel (1899-1958) y Francisco (1904-1960) León Blanco.
Los doctores Castellanos eran nietos por línea paterna de un labrador chino, de etnia cantonesa, llegado a Cuba a principios de la segunda mitad del siglo XIX y aunque se casa con una mexicana su hijo hereda marcados rasgos asiáticos, al igual que sus nietos y biznietos, todos hijos de cubanas. Su apellido Castellanos les viene por la familia que trajo al abuelo contratado, la cual era natural de la ciudad de Güines, provincia La Habana.
El doctor Israel Castellanos González10 nació en la capital de la Isla el 25 de noviembre de 1891 y desde joven comenzó a publicar trabajos sobre policiología, etnología y antropología en la importante revista médica Vida Nueva, de La Habana, que le ganaron gran prestigio. Como una forma de completar estos conocimientos se graduó de Doctor en Medicina en la Universidad de La Habana, donde se le expidió el título el 17 de octubre de 1923. A partir de ese momento sus investigaciones y publicaciones, también como médico legista, le dieron prestigio internacional y no pocos países de América solicitaron sus servicios en el esclarecimiento de casos forenses muy difíciles, incluso, de magnicidios. Es digno de mención que a pesar de sus eminentes cualidades como investigador no pudo nunca encontrar documentalmente los nombres asiáticos de su abuelo, a lo que dedicó no pocos años.
Su hermano el doctor Agustín Castellanos González11 nació también en La Habana, pero el 12 de septiembre de 1902. Sus estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana fueron de una brillantez extraordinaria y terminó, con el segundo expediente de su curso, el 14 de julio de 1925. Recién graduado fue llamado por su Maestro, el profesor doctor Ángel A. Aballí Arellano, creador de la Escuela Cubana de Pediatría y uno de los más importantes pediatras de América en su época, a trabajar con él a su cátedra de la Universidad de La Habana. Debido a su labor investigativa desde 1931, en dicho centro docente, se le considera por muchos el creador de la angiocardiología, por aportes como la angiocardiografía radio-opaca, la cavografía superior, la cavografía inferior y la aortografía retrograda. Es uno de los cuatro médicos cubanos que han sido propuestos para el Premio Nobel de Fisiología y Medicina y su figura aparece en el famoso mural de Diego Rivera en el Instituto Nacional de Cardiología de México, inaugurado en mayo de 1944, junto a los grandes maestros de la cardiología mundial.
Los doctores León Blanco eran descendientes por línea paterna en cuarta generación, de un labrador chino con apellido hispano, León, radicado en la antigua provincia de Oriente, del que tampoco se conocen sus nombres originales asiáticos. Aunque sus rasgos no eran tan marcados como en los Castellanos, en los dos se dejaban notar. Ambos llegaron a ser de los mejores anatomopatólogos de Cuba.
El doctor Pedro M. León Blanco12 nació en Guantánamo el 28 de abril de 1899. Se graduó de Doctor en Medicina en la Universidad de La Habana el 12 de diciembre de 1923 e inmediatamente ingresó en la cátedra de Histología Normal y Embriología como ayudante graduado y en ella va a desarrollar una larga carrera docente e investigativa hasta el momento de su muerte ocurrida en La Habana el 8 de abril de 1958. Tuve el honor de ser su alumno y lo recuerdo como un profesor de gran modestia, siempre atento a aclarar cuantas dudas tuviéramos sus discípulos, muy considerado y respetado entre sus compañeros y colaboradores de cátedra, así como entre los anatomopatólogos cubanos.
El doctor Francisco León Blanco13 nació en Guantánamo el 4 de julio de 1904. Cursó sus estudios de medicina en la Universidad de La Habana, donde se le expidió el título el 5 de abril de 1934. A diferencia de su hermano, ocupó por muy breve tiempo el cargo de profesor agregado de la cátedra de Anatomía e Histología Patológicas, para marchar a México en 1938 donde va a realizar importantes investigaciones sobre el Mal del Pinto, Pinta o Carate, enfermedad endémica en el país azteca, con las que demuestra hasta la evidencia el papel patógeno del treponema (Treponema carateum) hallado poco antes por los doctores José Alfonso Armenteros y Juan Grau Triana en La Habana. Realiza además un estudio completo de la enfermedad de manera experimental en el hombre, comenzando por autoinocularse el treponema para sufrir el mal y describir los aspectos clínicos de esta espiroquetosis. Los resultados de sus investigaciones publicados en importantes revistas médicas de Estados Unidos,
México y Cuba han inmortalizado su nombre en el campo de las ciencias médicas.
Por último no quiero dejar de citar a una figura destacada como profesor de anatomía descriptiva, que para suerte de Cuba todavía nos acompaña, el doctor Armando Seu Chiu (1921), descendiente de inmigrantes chinos por ambas ramas paterna y materna y de marcados rasgos asiáticos. Graduado de Doctor en Medicina con el segundo expediente del curso 1947-1948 el doctor Seu Chiu fue alumno y médico interno por expediente del Hospital Universitario "General Calixto García", médico residente por oposición del propio hospital y en 1960 cuando se produjo la diáspora contrarrevolucionaria del profesorado de la Universidad de La Habana se mantuvo junto a su pueblo y ocupó el cargo de profesor auxiliar, primero y titular, después, en el Departamento de Anatomía del Instituto de Ciencias Básicas y Preclínicas "Victoria de Girón" de La Habana, donde va a desarrollar una meritoria labor formadora de generaciones de médicos cubanos durante más de cuatro décadas, para ser considerado como una de las figuras más importantes de las ciencias médicas básicas en Cuba en el período Revolucionario Socialista.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
1.     Guerra F. Historia de la Medicina. Tomo I. Madrid. Ed. Norma S.A.,1989.
2.     López Sánchez J. Curso de Historia de la Medicina (Desde los Tiempos Modernos hasta el Renacimiento). La Habana. Imp. Modelo,1961.
3.     Castiglioni A. Historia de la Medicina. 1º Ed. Española. Barcelona. Salvat Editores, S. A.,1941.
4.     Chuffat Latour A. Apuntes históricos de los chinos en Cuba. La Habana, 1927.
5.     Martínez R. Oriente folklórico. Santiago de Cuba, 1934.
6.     Jiménez Pastrana J. Los chinos en la historia de Cuba. 1847-1930. La Habana. Imp. Nacional, 1983.
7.     Roig de Leuchsenring E. (El Curioso Parlanchín). El médico chino, la Virgen del Jiquiabo, el Hombre Dios, Ñica la Milagrera y otros "salvadores" de la humanidad. Revista Carteles. La Habana, abril 2 de 1939.
8.     Portell Vilá H. Cham-Bom-Biá, el médico chino. El País Gráfico. La Habana, noviembre 15 de 1938.
9.     Peñalver Moral R. Juan Chambombián; el médico chino. Averiguaciones en torno a un popular personaje. Revista Bohemia. La Habana, julio 10 de 1981.
10. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est.6347.
11. _____ . Exped. Est.6401.
12. _____ . Exped. Est.6040.
13. _____ . Exped. Est.9834.