jueves, 9 de mayo de 2019

Rencuentro con mi Polski en Varsovia. Warszawa.


Hace un años visité Varsovia, y me reencontré con el único coche que tuve en Cuba a mi cargo, un Polski, polaquito. La nostalgia es cruel, y te clava los recuerdos en un lugar que no te esperas. Fue el segundo momento más triste del viaje tras ver el Getho Judío. 
Después de 20 años en Europa conduces todo tipo de coches además del tuyo, yo he recorrido varias veces hasta Génova, desde Nice, hasta París desde Barcelona, y hasta Porto desde Barcelona, y de Porto a Xativa en Valencia.
Pero en Cuba, no hacíamos esas distancias pues caes en el agua. En Cuna andar en ese coche era un lujo, para ir y venir de los conciertos de los amigos, para ir de la Habana Vieja al Vedado a ver a mi madre. Para hacer favores permanentes a muchos amigos. Sé que estoy dulcificando los trabajos que pasó, pero a veces los recuerdos son una maquinaria de auto-engaños y a por momentos lo asumo.

Cicuta Tibia. Un danzón de Ernesto Duarte Brito muerto en el exilio, Madrid. Para recordar a Sócrates



Original 78 RPM release from Cuba by the Grabaciones Duarte Label (probably released in 1959) by Ernesto Duarte Brito, label owner, and musician. He is also a co-founder of Gema Records.

La muerte de Sócrates con cicuta (La Mort de Socrate) es una pintura de 1787 realizada por el artista francés Jacques-Louis David.
Jacques-Louis David - The Death of Socrates - Google Art Project.jpg
La obra representa la escena de la muerte del filósofo griego Sócrates, condenado a morir bebiendo cicuta por haber expresado sus ideas en contra de la creencia en los dioses ancestrales y corromper a los jóvenes atenienses.
Fue un encargo de los hermanos Trudaine. Actualmente, la pintura se exhibe en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.
Critón es el discípulo que pone su mano en el muslo del maestro, como intentando hacerle desistir de su decisión. En la parte de la izquierda, sentado y abatido, se encuentra Platón, que, según él mismo escribió en el Fedón, en realidad no estaba presente este día por encontrarse enfermo. El carcelero le tiende la copa de cicuta con gesto de no querer hacerlo, sin poder siquiera mirarlo. Domina la escena el propio Sócrates, alzándose de manera decidida, resuelto a tomar el veneno tras haber pronunciado su discurso sobre la inmortalidad del alma.

 Inmortalidad del alma.(Platón)

La prueba de los contrarios (Fedón, 71c-73a)

— ¡Y qué!, repuso Sócrates: ¿la vida no tiene también su contraria, como la vigilia tiene el sueño?
— Sin duda, dijo Cebes.
— ¿Cuál es esta contraria?
— La muerte.
— Estas dos cosas, si son contrarias, ¿no nacen la una de la otra, y no hay entre ellas dos generaciones o una operación intermedia que hace posible el paso de una a otra?
— ¿Cómo no?
— Yo, dijo Sócrates, te explicaré la combinación de las dos contrarias de que acabo de hablar, y el paso recíproco de la una a la otra; tú me explicarás la otra combinación. Digo, pues, con motivo del sueño y de la vigilia, que del sueño nace la vigilia y de la vigilia el sueño; que el paso de la vigilia al sueño es el adormecimiento, y el paso del sueño a la vigilia es el acto de despertar. ¿No es esto muy claro?
— Sí, muy claro.
— Dinos a tu vez la combinación de la vida y de la muerte. ¿No dices que la muerte es lo contrario de la vida?
— Sí.
— ¿Y que la una nace de la otra?
— Sí.
— ¿Qué nace entonces de la vida?
— La muerte.
— ¿Qué nace de la muerte?
— Es preciso confesar que es la vida.
— De lo que muere, replicó Sócrates, nace por consiguiente todo lo que vive y tiene vida.
— Así me parece.
— Y por lo tanto, repuso Sócrates, nuestras almas están en los infiernos después de la muerte.
— Así parece.
— Pero de los medios en que se realizan estas dos contrarias, ¿uno de ellos no es la muerte sensible? ¿No sabemos lo que es morir?
— Seguramente.
— ¿Cómo nos arreglaremos entonces? ¿Reconoceremos igualmente a la muerte la virtud de producir su contraria, o diremos que por este lado la naturaleza es coja? ¿No es toda necesidad que el morir tenga su contrario?
— Es necesario.
— ¿Y cuál es este contrario?
— Revivir.
— Revivir, si hay un regreso de la muerte a la vida, repuso Sócrates, consiste en verificar este regreso. Por lo tanto, estamos de acuerdo en que los vivos no nacen menos de los muertos, que los muertos de los vivos; prueba incontestable de que las almas de los muertos existen en alguna parte de donde vuelven a la vida.
— Me parece, dijo Cebes, que lo que dices es una consecuencia necesaria de los principios en que hemos convenido.
— Me parece, Cebes, que no sin razón nos hemos puesto de acuerdo sobre este punto. Examínalo por ti mismo. Si todas estas contrarias no se engendrasen recíprocamente, girando, por decirlo así, en un círculo; y si no hubiese más que una producción directa de lo uno por lo otro, sin ningún regreso de este último al primer contrario que le ha producido, ya comprendes que en este caso todas las cosas tendrían la misma figura, aparecerían de una misma forma, y toda producción cesaría.
— ¿Qué dices, Sócrates?
— No es difícil de comprender lo que digo. Si no hubiese más que el sueño, y no tuviese lugar el acto de despertar producido por él, ya ves que entonces todas las cosas nos representarían verdaderamente la fábula de Endimión, y no se diferenciaría en ningún punto, porque las sucedería lo que a Endimión; estarían sumidas en el sueño. Si todo estuviese mezclado sin que esta mezcla produjese nunca separación alguna, bien pronto se verificaría lo que enseñaba Anaxágoras: todas las cosas estarían juntas. Asimismo, mi querido Cebes, si todo lo que ha recibido la vida, llegase a morir, y estando muerto, permaneciere en el mismo estado, o lo que es lo mismo, no reviviese; ¿no resultaría necesariamente que todas las cosas concluirían al fin, y que no habría nada que viviese? Porque si de las cosas muertas no nacen las cosas vivas, y si las cosas vivas llegan a morir, ¿no es absolutamente inevitable que todas las cosas sean al fin absorbidas por la muerte?
— Inevitablemente, Sócrates, dijo Cebes; y cuanto acabas de decir me parece incontestable.
— También me parece a mí, Cebes, que nada se puede objetar a estas verdades, y que no nos hemos engañado cuando las hemos admitido; porque es indudable, que hay un regreso a la vida; que los vivos nacen de los muertos; que las almas de los muertos existen; que las almas buenas libran bien, y que las almas malas libran mal.
(Según la versión de Patricio de Azcárate. Platón, Obras completas, vol. V, Madrid 1871)

Mi trabajo ideal: Centro de control de aguas de las cataratas delNiagra.

Controlar que los turistas vean 2,8 toneladas de agua de las cataratas cayendo cada vez que se acerquen a verlas, sería el trabajo más poético que podría tener antes de morir.
Quizás porque soy piscis y me gusta el agua. Quizás porque como el poeta José Maria Heredia, tengo añoranzas de país natal como el torrente de agua  que se parezca al mar de aguas similar a donde nací donde cada esquina del pensamiento y el cuerpo conduce al mar, o sea cae en el  Niágra.  

Mi paso por Nassau, Bahamas

Para los que nacimos en Cuba y vivimos treinticinco años de nuestra vida en La Habana, con revolución cubana y crisis en toda su extensión de los noventa, llegar a París en diciembre del 1999, ver las luces de una inmensa noria girando en la Plaza de la Concorde, desde donde se puede ver toda la ciudad, es muy fuerte.  
Me recordó La Habana llena de luces lumínicas que contaba mi madre y La Habana de mucho lumbre de los cincuenta que me descubrió Guillermo Cabrera Infante en sus "Tres Tristes Tigres." Pero mi salida y encuentro con el capitalismo y la luz no comenzó en Francia, sino en Nassau, Bahamas para mi desconcierto.
A la hora de estar volando, de pronto,   aterrizamos  por provisiones –supongo- en Nassau, (Aeropuerto Internacional Lynden Pindling) las Bahamas. Verme con más de 200 franceses y alemanes, fue un impacto en la primera salida del país. 
El miedo me levantaba en peso. Lo primero fue creer que en algún momento me  iban a dar un brebaje e iba a terminar esta estancia con un órgano de menos. Parece incierto pero uno se dice que la propaganda socialista es una tontería, pero yo no me atreví ni a tomar un refresco, y le recuerdo al lector, que entre objetos personales y familiares había amasado una fortuna de "¡600 dólares!" en mi bolsillo, cifra que nunca antes tuve. Dinero que iba escondido en pequeñas cantidades  por todas las partes del cuerpo, en las medias – calcetines -, bolsillo interior del calzoncillo que me había guardado antes de salir, y en la cartera donde sólo tenía dólares sueltos que no llegaban a veinte. Era el cuerpo dólar, el hombre forrado de dólares en una misión imposible.
No había salido nunca de Cuba como la mayoría de mi generación, y venía con los miedos y los terrores que me implantaron desde pequeño los discursos, los anuncios y los juramentos como SEREMOS COMO EL CHE. Y el Che sabía porque venía del capitalismo y se hizo cubano. 
En cambio a pesar de lo alertado que venía sobre lo terrible que me iba a ocurrir por el color y la diferencia, a los 45 minutos de estar allí y ver que nadie me miraba siquiera, decidí ir a la tienda a comprar un souvenir para mi esposa (hoy ex) que me esperaría en París. 

Comprar el regalo fue de las más grandes odiseas, pues pueden imaginar que no quería que nadie  me viera la “cantidad de dólares” - veinte dólares aún hoy en Cuba son una fortuna, y han pasado dos años-  que sacaría para comprar una jarrita pequeña con negritos bailando alrededor de una fogata y con el nombre de las Bahamas encima. Después de un rato tratando de sacar a tacto los dólares de la cartera sin sacarla  del bolsillo, la mujer debió pensar que me estaba masturbando delante de la caja antes de pagar por el tiempo que me demoraba, salí casi huyendo cuando al no poder hacerlo a tacto saqué la cartera y pagué con cinco, eran solo dos, y dejé el vuelto, porque dos alemanes estaban detrás de mi y habían visto mis dólares.

Bueno, sé que soy un imbécil, pero siempre veía en las películas que la gente daba propinas, unos decían que en el capitalismo, del 5% al 15% era obligatorio, como soy fatal a las matemáticas, dejé tres dólares y me fui para el asombro de la cajera y el custodio.
Me puse lo más cerca posible de la salida para ascender al avión nuevamente. Este lugar favorecía mi ángulo de visión con tres o cuatro máquinas automáticas de refrescos, agua mineral y chucherías. Pensé, esta es la mía, aquí es imposible que hagan algo pues la elección del comestible o del líquido es voluntaria. Ahora, ¿por dónde echar las monedas? Yo no tenías monedas, Claro, podría cambiar,  pero serían más gentes que tendrían conocimiento de mis dólares, con los dos alemanes rapados que había visto me bastaban, aclaro, no les perdí de vista en todo el vuelo, ellos me ignoraban, aun así yo vigilante. En ese debate estaba cuando llamaron para abordar,  fui  directamente a mi asiento sin advertir que habían periódicos gratis en la entrada del avión que no tomé, con tanto que me gustaba  el periódico El País desde mi isla, pero  pensé tendría que pagar, y eso ya sabemos, enseñar los verdes, imposible.

Al arrancar el avión y sobrevolar Nassau, vi un ferry de turismo , que tenía toda la luz de la Habana de la proa a la popa. Comprobé que el aislamiento a que estamos sometidos en la isla nos convierte en niños.
Sala de espera del aeropuerto de Nassau. Bahamas.