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miércoles, 29 de octubre de 2014

Reseña al CD Duets de Compay Segundo.


Compay Segundo se cruza aquí en este CD,   con Charles Aznavour,  Pablo Milanés, Lou Bega, Raimundo Amador y Omara Portuondo. Hasta Antonio Banderas se apunta.... Lo que demuestra la pegada que había alcanzado su carrera entre 1992-2002. A nivel internacional, pero sobre todo en Europa.


C. Segundo
El CD Duets (Warner Músic, 2002) es un resumen del éxito que había cosechado Compay en sus últimos diez años de vida artística. Pero antes de hablar del disco hay que hablar del personaje. Compay Segundo representó para el son cubano tradicional en los años noventa, lo que B. B. King para el blues en la música norteamericana. En 1997 todavía muchos no imaginaban el éxito que le daría estar grabando en ese momento Buena Vista Social Club con Ry Cooder; en ese tiempo el artista sacó tres discos vitales en su obra, Calle Salud, Lo mejor de la vida y Las flores de la vida, además de numerosas recopilaciones —tanto de su dúo con Hierrezuelo como de sus propias canciones—. Ha tenido tanta fuerza acumulada porque ha vivido y conocido lo suficiente. Así lo ha hecho saber:
"Es muy interesante haber conocido a todos los grandes trovadores: Sindo Garay, Pepe Banderas, Eugenio, un guitarrista bárbaro, Balé el inglesito, Rafaelito Cueto, todos esos que todavía no eran el trío Matamoros. Quintín Sánchez, lo mejor que yo he oído como segunda. Conocí a María Teresa Vera aquí en La Habana y oí sus primeros discos que los hizo en la Columbia, creo que con Zequeira, que le hacía la segunda. A Longina, Longina seductora que vivía por la calle San Lázaro y Blanco, en ese cuchillo, donde hay una resistencia de la planta eléctrica; al que hizo la canción, a Corona... había que verlo todas las noches en Neptuno y Prado, en un bar que le decían "el bar de las moscas". También conocí aquí en La Habana a Panchito Riset... ¿quién lo conoció? Nadie. Lo oyeron... El cuartico está igualito, pero yo lo conocí cuando se fue para los Estados Unidos, en el mismo tiempo que se fue Rapinday. Conocí a los Hermanos Castro, a los Hermanos Martínez y a Cheo Belén Puig, a todos los músicos buenos.
Yo vi formarse el trío Matamoros, la primera vez que se oyó en el Teatro Cuba en Santiago de Cuba, porque fue un agente de la RCA Victor y todavía no se grababan discos en Cuba y tuvieron que ir a grabar a Nueva York, y grabaron su primer disco, El que siembra su maíz. Cuántos años hace de eso, compay, y aquí estoy yo para contarlo.
Arsenio Rodríguez era mi amigo, cuando me oía hablar me decía "Bángana". Fue uno de los músicos más inteligentes para formar conjuntos, con él cantó Rapinday (Marcelino Guerra)
Conocí a Antonio Machín, que tiene tremenda fama en España, y lo que es la vida, tocamos en su tumba, fue la televisión y cuando bajé del carro todo el mundo me estaba esperando. También visité la tumba de la poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda".
Es increíble comprobar cómo este hombre, que cumplirá noventa y cinco años el 18 de noviembre de 2002, mantiene tanta vitalidad. Sus improvisaciones en el "armónico" —guitarra creada por él— alcanzan, en ciertos números, una perfección mágica que adorna la armonía de sus sones sin aglomeraciones de notas.
Hace diez años que Santiago Auserón, del antiguo grupo de rock Radio Futura, lo redescubrió haciendo "sopa" en la piscina del hotel Capri, en la capital cubana, olvidado por los medios de difusión y muchas instituciones de música popular. Un hombre que en sí mismo es una institución de nuestra música en este siglo.
Con saber que Compay Segundo —Máximo Francisco Repilado Muñoz— fue guitarrista de Ñico Saquito; clarinetista por doce años del septeto de Miguel Matamoros; director y creador del dúo Los Compadres junto a Lorenzo Hierrezuelo —con quien cosechó éxitos como Sarandonga, Macusa y Penquito Tolete—, hubiera bastado para que no se le tuviera ganando un dólar de propina en aquél hotel habanero, que junto al retiro miserable que cobraba por haber sido torcedor de habanos era su único sustento real, justo hasta 1992. Gracias el tirón de Santiago Auserón por la parte española, y a Bladimir Zamora por la cubana, Compay Segundo y sus Muchachos viajan luego a los encuentros sevillanos "Del Son y el Flamenco", en el año 1994. Y para cerrar su obra, o abrirle nuevos caminos, participa en la grabación del disco Buena Vista Social Club como guitarrista, compositor y cantante, en l997, junto al guitarrista de Los Ángeles Ry Cooder y otros músicos cubanos. Allí interpreta su ya clásico Chan-Chan (que abre el disco), junto a dos composiciones más. Las placa obtuvo, en febrero de 1998, un Grammy en música tropical.
Duets es un disco en el que Compay Segundo interpreta sus más famosas canciones. Se lanzó con éxito en Francia, hace sólo dos meses, y ya se situó entre los 25 álbumes más vendidos. El disco fue editado en París por la firma East West/ Warner. En el país galo, Compay Segundo ha vendido más de cien mil copias de dos de sus CDs anteriores: Calle Salud y Yo vengo aquí. Por otra parte, en España la Sociedad General de Autores —SGAE— lo sitúa entre los diez artistas de su catálogo que más han vendido durante 2001.
Esta vez Compay Segundo se hace acompañar por otros grandes intérpretes de la canción, como el músico árabe Khaled, líder internacional del movimiento Rai; la caboverdiana Cesaria Évora, otra que salió de las cantinas de mala muerte para dar conciertos en el Olimpia de París —como Chavela Vargas y el propio Compay—; el francés Charles Aznavour; los españoles Martitio, Raimundo Amador y Santiago Auserón; el alemán Lou Bega; y los cubanos Omara Portuondo, Pablo Milanés y Eliades Ochoa, entre otros.
Los dúos más notables del disco son con Khaled, Saludo a Chango, donde muy acertadamente cada uno acerca su estilo a la música del otro. Con Reinaldo Hierrezuelo —Tentempié— la grabación es antigua, pero notable. El dúo con Pablo Milanés, el ya clásico en su repertorio Macusa, contiene unos matices muy bien logrados, quizás por el conocimiento que tienen ambos de la música que interpretan. Por último, su dúo con Santiago Auserón salva una deuda —Santiago lo trajo a España cuando todavía vendía discos, hoy Compay vende más que él no sólo en el mercado español, sino en Europa y Estados Unidos—. Hay uno bastante simpático o comercial, según se quiera ver: es el que realiza con Lou Bega, con elementos dance y rock. Los que menos le hacen justicia al CD son el no-dúo con Antonio Banderas, que no merece comentarios, o el de Omara, que debiera haber elegido otro tema.
Imperdonable que los productores no hayan incluido en este disco una canción emblemática del repertorio de Compay Segundo, Huellas del pasado. La letra de la pieza define la vida y obra de Francisco Repilado: "Jardín Hermoso, recuerdos del pasado/ Cuna brillante de lo que fue mi amor..."
Un fragmento de la entrevista que este autor le realizara por su noventa aniversario, descubre su prodigiosa memoria —la que no sólo atesora vivencias musicales, sino a personajes emblemáticos de la historia de Cuba, como Emilio Bacardí:
"En Santiago antes tomaba mucho Bacardí. Conocí a Don Emilio Bacardí. Él tenía dos hijos que eran muy guaracheros, muy de pueblo, Pepín y Totén. Don Emilio se sentaba todos los lunes en un buró en la puerta de la fábrica, a darle un peso a todas las viejitas que le decían "Buenos días Don Emilio". Él decía: saco un cuarto de centavos para regalarlo a los pobres. Decía, además, que a todos los obreros que cumplieran 25 años en la fábrica les construía una casa, y así hizo el reparto Barcadí, que todavía existe. Su empresa fue de las primeras en Cuba que se hizo millonaria. En sus cumpleaños iba casi todo el mundo para "Cuabita", que es donde tenía su chalet".

martes, 28 de octubre de 2014

Un Padre triste con el recuerdo de su hija comiendo helado de chocolate...


Después de tomar un helado con mi hija el domingo en la noche.  O mejor, ver su  rostro de felicidad cuando toma un helado soy capaz de pensar en expresiones como esta..." Sería capaz de tener un hijo sólo para mirar su rostro cuando se toma un helado."
Ya sé que soy exagerado,  pero el placer de ver como devora un helado en la barceloneta, con el Mediterráneo de fondo, la luna llena, una palmera y cantidad industrial de gente en grupo sentadas en la arena viendo caer la tarde de domingo,  siendo felices,  o teniendo razones para pensar que lo son, te queda un gusto agradable.
Un día después estas sólo y el MP3 del coche te hace la jugada de poner una canción de Roberto Poveda, que desde New York te dice... Días, días días llenos de melancolía... Y te pones triste, y miras el asiento de atrás y vas sólo, se lo digo a Poveda por facebook cuando cuelga una foto suya que me gusta... Y recibo el consuelo de un abrazo desde New York  y me doy cuenta que la soledad es relativa. Y que hay que estar sólo para aprender a extrañar. Y aprender a vivir cuando te dice tu niña desde otra ciudad, papa  tuve pesadillas anoche... 
Y yo recuerdo que en el primer poema que le escribí dije... sería capaz de vigilar su sueño con un sable para intentar que no lleguen pasa filas a su sueño. Vaga ilusión de poeta. 





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