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miércoles, 23 de abril de 2014

San Jordi en Barcelona: La Rosa meditativa de Salvador Dalí.

La rosa,
la inmarcesible rosa que no canto,
la que es peso y fragancia,
la del negro jardín de la alta noche,
la de cualquier jardín y cualquier tarde,
la rosa que resurge de la tenue
ceniza por el arte de la alquimia,
la rosa de los persas y de Ariosto,
la que siempre está sola,
la que siempre es la rosa de las rosas,
la joven flor platónica,
la ardiente y ciega rosa que no canto,
la rosa inalcanzable.

Borges,1923. 

No se me ocurre mejor pareja de baile para estos versos de Borges sobre la rosa, que La Rosa Meditativa de Salvador Dalí.  Yo como muchos padres en Barcelona tuve que trabajar, pero con la suerte de poder recoger a mi niña en su cole y llevarle una rosa. Los saltos de alegría al verme con una rosa merecen un poema que no puedo escribir hoy, sólo que ella por un instante fue, el arquetipo de esa rosa. Luego pude  llevarla a que escogiera un libro. No es el único día que lo hago, pero hoy me sumo a la masa que hace del libro el centro de universo personal de cada uno. 
San Jordi se ha sumado a las fiestas tradicionales que he incorporado desde que llegué a Europa, junto a Semana Santa, feria de Abril, o verbena de San Juan. Con la peculiaridad que incluye el eje esencial por el que se mueve mi vida, los libros.

lunes, 21 de abril de 2014

Sensualidad de Audrey Herpburn en Desayuno con Diamantes...

    Audrey ante el escaparate... Ver escena de 02 minutos aquí

Audrey Hepburn se baja de un taxi en plena 5 ta avenida de New York. Camina en diagonal hacia la primera estantería de Tiffany C .O  y mira las joyas expuestas tras un grueso cristal  con unas gafas oscuras e imposibles de ver nada. Va vestida de salir al amanecer elegantísima, con collar de perlas brillantes sobre un escandaloso y sensual vestido negro con los hombros y media espalda afuera, en cambio, saca un cruasán de una bolsa fea de papel con la mano derecha que lleva un guante negro que le cubre casi hasta el hombro. 
Mientras mira las joyas come ese cruasán y toma un café en un horrible plástico o cartón en forma de recipiente... Camina lento de derecha a izquierda de la cámara para buscar la esquina. Suena de banda sonora Moon River en arreglo de pastosos violines elegida por Henry Mancini... 
Todo es raro bello y de contraste en esta escena, es imposible que sólo haya un coche en la 5ta avenida en ese genial primer plano de la peli con los rascacielos cerrando el cielo en ángulo. Que una mujer tan bella y elegante no se quité un guante para comerse un grasiento cruasán hace más contrastes esta escena, y para colmo cuando estuve ahí  en esa esquina mítica que casi todos nos hacemos una foto, supe una vez más que el cine es magia, y sólo esa magia hizo una genialidad con su delgadez extrema y maravillosa.
La bufanda blanca sólo sirve para hacer juego con la bolsa del cruasán y resalta el negro. 
No hay sol, ella todo lo ilumina todo con su sensualidad.

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