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domingo, 11 de diciembre de 2016

Laila besa a mi madre en Cuba con la boca llena de jugo de guayaba...

Sé que en ese beso Laila intenta darle todo el cariño que habita en mi y hace unos días puse en su adn para mi madre.
Es extraño la posesión de la nostalgia.  Un beso dado en La Habana  ante un cuadro-retrato mío hecho por Carlos Quintana, me cambia el domingo de otoño en Barcelona. 
El beso es cálido del verano de esas pieles en el Caribe. Esa piel de madre que forró mi piel en todo lo que soy, incluso en sueños. Mi impacto es invernal y  húmedo del inicio de diciembre en el Mediterráneo.
El zumo de guayaba -que allí dicen jugo-, parece mi propia sangre, de alguna forma lo es pues alimenta la metáfora que soy desde lo lejos. 
Acabo de poner el árbol de navidad con mi hija. Justo al acabar me llega esta foto que considero un regalo de Laila Noel.
Le intento a explicar a Maya,  que es lo que toma Laila que le ha hecho su abuela... Maya espeta: ¡que morro tiene! ¿Pápa cuándo vamos a Cuba?
El exilio de algunos como yo, gira sobre esa pregunta: ¿volver?
10 díc. 2016.

Un paseo por París hace dos años. Con mi sobrino.


La vida regala muchas cosas. Ahora hay que ser consciente del momento en que te lo está dando. Yo lo fui hace dos años cuando pude encontrarme con mi sobrino en París. Y recorrer y mostrarle mi París de llegada de 1999. Había vuelto  muchas veces a París más de 15, en los últimos años, pero estar con la primera persona que llevé a ver el mar por primera vez, es un deleite indescifrable.  Él ahora también es responsable de esa memoria cuando yo no esté y me gusta. Si además, tenemos a una miembro esencial de la familia como Sarah Caron, entonces ya nada será igual. Hecho que jamás pude imaginar del cual ya quiero repetir.







































Aquí se casó Sarah Caron.





Recuerdos de mi primera noche en París. Hoy hace 17 años que salí de Cuba. 29 de nov. 1999. No he vuelto.

La primera vez que dormí en Europa fue en las cercanías del metro Saint Michel, en la calle Entrepreneurs, o sea, en el cuarto de invitados, en casa de Odette y Roberto en París, que el lector jamás podrá sentir su olor, y mucho menos ver el globo aerostático que ilumina el cielo con un círculo azul los domingos.
Robert Manchon. París 2014

Tampoco ver desde el balcón la Torre Eiffel que para un poeta habanero como yo, que huida de una isla hastiado era la ilusión hecha vida. El globo me recordó al portugués, Matías Pérez, que vendía toldos en La Habana del siglo XIX, y un día se montó en un globo y desapareció en las aguas del Caribe..., el globo se llamaba 'Villa de París.' Era una habitación donde han dormido otros, pero el acto de dormir (allí) hace que el recuerdo personal de cada cual sea diferente. 
váter

Cama donde dormí en París por 1ra vez.

En su cuarto de baño me quité el sudor que traía de La Habana, sin saber hacia dónde iría él, y luego yo. Que he dormido luego por media Europa.
Años más tarde trabajé en un laboratorio en la ciudad Condal, Barcelona, donde las becarias (hoy investigadoras) me explicaron que todo lo que se tira por el caño se diluye infinitamente y se convierte en nada, se llama 'disolución infinita.' 
"Una disolución en la que la concentración del soluto es muy muy pequeña, prácticamente tiende a cero."
Ducha

O sea, que mi sudor de hace 17 años, aunque quisiera recuperarlo sería imposible, se ha diluido entre millones de sudores de comunitarios y extracomunitarios que es imposible de definir.
Sobre todo en los caños que van por debajo de las ciudades, un cementerio acuoso que fluye cambiando la identidad de los líquidos que recibe. 
No podía saber hace 17 años que jamás volvería a Cuba en este tiempo. No puedo saber hoy si volveré. Por eso intentar recuperar ese sudor diluido casi a cero no es una habilidad creativa al uso. Quizás su adn contenga algo de lo que fui.

Aquí llegué gracias a mi amiga -más que hermana y sangre Sarah Caron. En esa habitación me leí en dos noches 'Café Nostalgia' de Zoé Valdés, que me alertó para saber que me iba a pasar en Europa. 


París 2005

Retrato del pintor Carlos Quintana a Arsenio Rodríguez...

Tengo la suerte de haber sido, amigo cercano y 'modelo' de Carlos Quintana, quien en 1987 me hizo este cuadro que cuelga en una pared de mi casa natal en Cuba.
Es todo lo que tienen de mi presencia mis hermanos y mi madre hace 17 años. Los mismos que hace que no vuelvo.
La imagen es mejor que yo seguro. No tiene mis fobias. No tiene en su cabeza lo que pienso hoy de ese país y su gobierno.
Tiene solo a un joven poeta que seducía a chicas con sus versos por toda La Habana. Con la ilusión de que el verso las convenciera más que mi imagen y lograr el objetivo de 've-sarlas.'
Ese de la imagen soy yo. Fascinado por una zapatillas All Star azules y con el amparo de un espíritu que porta una luz sobre el hombro del brazo con que hoy escribo.
Gracias, Carlos Quintana, por hacer de mi esa metáfora que me sustituye en silencio en esa casa habanera donde nací en la barriada del Vedado.



Nota sobre Carlos Quintana.

Espontáneo, trasgresor, intuitivo, entrega una obra en perfecta sincronía con su personalidad. Las transiciones formales y conceptuales experimentadas durante se quehacer han marcado madurez y redefinición de un estilo inequívoco y distintivo que termina delatándolo, al punto de ser una perdida de tiempo la firma en sus obras, pues no puede ser otro que el mismo, el que difumina con maestría el color usando trasparencias y veladuras perneadas por el dinamismo de la vida moderna."

Las obras del artista se hallan en colecciones públicas y privadas en CubaPanamáMéxicoEstados UnidosItalia,Francia,MónacoCanadá,Venezuela,Japón, y Costa Rica, entre otros.
Carlos Alberto Quintana Ledesma nace en El VedadoLa Habana el 29 de noviembre de 1966. Actualmente tras vivir  trabajar en Madrid, muchos años, se trasladó a New York.





Carlos firmó Retrato al poeta Arsenio Rodríguez. Yo en 1988 solo tenia dos poemas publicados en el Caimán Barbudo pero miles en los bolsillos que él conocía bien pues saquemos esa isla y sus ninfas. ..