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sábado, 23 de julio de 2016

Maya salió del vientre a mi pecho un 23 de julio.

A mi hija le costó nacer. El parto comenzó sobre las 12 de la noche y no asomó la cabeza hasta las 05: 55 am. Si contamos que su madre rompió aguas sobre las seis de la tarde el cansancio de su madre, era evidente; vivir esto dentro de la sala es una experiencia única. No obstante, cuando el tesoro está   afuera, incluso las que más sufren, las madres, subliman ese dolor cuando ven el resultado: esa luz que estuvo nadando nueve meses en su vientre. 
A pesar de mis 22 o 23 clases de preparto, las primeras veces  que cogí a mi niña tenía el susto en la conciencia por la responsabilidad de que ese trozo de cielo que dios te dio, ahora depende te ti, es de tu protección hasta que decida volver a salir del vientre mayor de la vida en que la envuelves. 
Después te das cuenta que desde que sale del vientre comienza su andadura hacia el centro de tu pecho.   Como un barco que  se desliza en el mar y crece en el cariño y las caricias de la humedad del agua.
Felicidades mi niña,  por decir cada vez que se te ocurre: ¡Te quiero Pápa!







Fotos realizadas por Juan Carlos Mirabal en su estudio en Miami.





















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