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domingo, 26 de marzo de 2017

Yo vi nevar en el malecón habanero. ¿Ah, no te lo crees?

En los noventa del siglo pasado. Vivía en La Habana y soñaba con irme de ese país con tantas ganas que todo lo que hacia a pie y en coche lo hice al borde del mar. Había nacido al borde del mar, tampoco era tan difícil.
Tuve tanta suerte que hasta conseguí investigar todo sobre el malecón habanero cuando me hice historiador en el Archivo Nacional de Cuba. Era una forma de saber más del sistema que precedió a los Castro, era una forma de estar cerca del mar por el cual saldría nadando o volando pero es la única manera de dejar aquello que ya era un infierno.
Ya se habían ido Ernesto, Radamés, casi todo 13 y 8, y hasta Luis de la Cruz y muchos más y te entra esa sensación de que serás tú quien apagará el Morro junto a ese pánico de ser el último, y en ese instante en medio de esa angustia andando solo por el malecón, comenzó a nevar de una manera que no puedes imaginar. Sin testigos, sin cámaras sin criterio de cordura.
No lo había contado hasta hoy, que alguien me envió esta prueba en forma de foto. Al leer mi poema: Yo vi nevar en el malecón.
Tu crees que es una ola, que es la diáspora en el aire de gotas que antes formaban una ola. Yo sé que era nieve y una señal. 
No pasó ni un año que llegué a París con -4 grados y nevando, era nov. 1999.

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