La desconocida historia del primer jugador negro del Barça
Arsenio Rodríguez recupera la memoria de Siscu Betancourt, hijo de cubano y de catalana, que llegó a marcarle al Madrid
Barcelona“Yo trabajaba en una editorial llamada Linkgua en la calle Muntaner, 45. Hacía de editor y corrector. Y un día en la puerta me encuentro una señora de unos 80 años, la Carme Humet Cocinero. Y me pide si la puedo abrazar porque hace 40 años que no abraza a un negro”, explica Arsenio Rodríguez Quintana (La Habana, 1964). Rodríguez la abrazó y preguntó por qué razón lo había pedido. “Me dijo que su tía, la Maria Cocinero, se había casado con un cubano negro llamado Longinos Betancourt que era portero en un edificio en Urquinaona. Y añadió que el hijo de esta pareja había jugado en el Barça. Me dejó de piedra. No sabía nada, yo que soy cubano, negro y del Barça”, añade.Así comenzó la búsqueda de Rodríguez para dar a conocer la figura de Francesc Siscu Betancourt i Cocinero (1913-1998), el primer jugador negro de la historia del Barça. “Betancourt vino a buscarme. Fue una señal. Desafortunadamente, su familia no tuvo mucho interés en recordar la figura de Siscu y desecharon muchos documentos. Da pena. Así que me ha tocado investigar”, explica Rodríguez, que acaba de publicar un libro para reivindicar a este jugador que defendió la camiseta de un montón de equipos catalanes. Debutó en el Fort Pienc en los años 20 y en 1961 aún estaba vinculado al fútbol en el Sant Cugat, donde entrenaba. Por medio, buenas épocas en el Barça, el Sabadell o el Badalona, y llegó a marcarle un gol al Real Madrid.
“Lees que el primer jugador negro de la liga fue Larbi Ben Barek en 1948 con el Atlètic de Madrid. O que el primer jugador negro del Barça llegó en los años 60. Y no se habla de Betancourt. A veces hay gente que dice que los barceloneses no habían visto un negro hasta que en los años 40 llegó a la ciudad Antonio Machín, cuando Betancourt ya llevaba años jugando, entonces”.
Pero, ¿quién era Siscu Betancourt? El padre era cubano y la madre era de l'Arboç, en el Penedès. Nació hace ahora 113 años, el 28 de marzo de 1913 en el Eixample de Barcelona, en concreto en la calle Ausiàs March, 46. Los primeros goles los metió en el portal del edificio donde vivía, un bloque de pisos modernista conocido como la Casa Antònia Burés. El padre había llegado muy joven a Cataluña y, de hecho, un periodista que fue a entrevistar al Siscu de joven recordaba que en casa de los Betancourt se leía L'Instant, un diario catalanista. Del Fort Pienc pasó al Gràcia, el Badalona y el Sabadell, donde compaginaba el fútbol con un trabajo en un negocio de telas. En el Barça jugó del 1941 al 1944, ya después de superar unos años duros, porque fue multado por las autoridades franquistas porque durante la guerra se implicó en el sindicato de profesionales del fútbol y llegó a formar parte de la directiva que impulsó la organización de la Liga del Mediterráneo, un torneo disputado la temporada 1937, durante el conflicto.“Era un hombre que amaba tanto jugar al fútbol que en los años 30 llegó a rechazar un contrato con el Barça porque no le podían garantizar jugar cada domingo. Así que rompió el contrato y se fue a Badalona
Después jugó en el Constancia de Inca y en el Girona, entre otros. También con la selección catalana. Una vez retirado compaginó su ocupación laboral en fábricas textiles con la dirección de diversos equipos de las categorías inferiores catalanas. Y se implicó con la Agrupación de Veteranos del Barça, con la que jugó muchos partidos. Era un hombre con pasión por bailar. Él decía que era cosa de la sangre cubana, pero no se perdía un baile. Y con gran sentido del humor. En un viaje en tren, vio a dos chicas que le miraban fascinadas porque seguramente no habían visto nunca un negro. “Se levantó y les dijo que si le tocaban la piel... ¡no destiñía!”, explica Rodríguez, que tiene un sueño aún por cumplir: que la situación en Cuba pueda cambiar para poder volver a su tierra natal y hablar a los barcelonistas de la isla sobre quién era Siscu Betancourt.“Cuba y Cataluña estamos unidos. Yo me hice culé el año 2001, con la chilenita de Rivaldo. Y no sabía nada de él, entonces. Con el tiempo he ido investigando las relaciones entre Cuba y Cataluña. Muchas zonas de La Habana son similares a Barcelona, las murallas fueron derribadas en años similares, tenemos un barrio similar al Ensanche... He ido explorando las conexiones, como un presidente del Barça nacido en Cuba, Rafael Llopart. Y la figura de Betancourt lo explica todo”, razona, antes de añadir que “los pilares de la economía cubana hoy en día, el azúcar y el tabaco, fueron cosa de catalanes, como los puros Partagás”, cosa de un empresario de Arenys de Mar. “Se habla demasiado de los catalanes esclavistas, que existieron, y poco de las cosas positivas que tenemos en común. Hay que hablar más de gente como Betancourt”, concluye.


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