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viernes, 29 de julio de 2016

Un balcón en el vieux Nice.

Hay terrazas que pueden ser perfectas en la variedad de color, verde, rojo, rosado, en la plantas.  Es mi último día en Nice y ya quiero volver aquí. Los lugares donde uno no trabaja siempre son maravillosos. "No me quiero ir," dice mi niña antes de venir de nuestra casa aquí, al centro o casco antiguo, cuya misión es volver sobre la heladería Azzurro, donde ella descubrió el helado de limón y yo un cono, o cucurucho o barquillo hecho al momento que no tiene comparación.  Con esta vista medieval del Vieux Nice, estuvimos diez días hace un año. Esta vez estamos lejos, pero la nostalgia no se controla. Es lo que hay... tristeza no te fin. Felicidades sí, dice el samba.
Todo jardín es una metáfora del paraíso, no hay nostalgia mayor, que los paraísos perdidos...

Un año más mi hija hizo arte con las piedras de Nice.

Alguien le preguntó a mi hija, cómo elegía las caras para hacer los dibujos en las piedras. Mi hija contestó con naturalidad: las piedras me dicen la cara que voy a pintarles. Todos nos quedamos sorprendidos, yo menos pues sé, que ella mira la piedra y elige el color o colores para pintar. La que le dedicó a los niños del atentado en Niza (ella piensa fue un accidente). Es la única que tiene lágrimas rojas en las mejillas.
Fue personalmente a ponérsela en un pequeño pedestal improvisado que hay en todo el paseo antes de bajar a la playa, donde nos bañábamos cada día en el Paseo de los Ingleses.
Ya sé, ¿qué hago diciéndole a mi niña en vacaciones que murieron niños? Primero, que sepa que la muerte existe. Segundo que obviar la realidad con parábolas a veces no se me da bien. Esa es hija de su padre, y sabe que su padre es diferente y Blogger como me escribió en una camiseta. A mi me encantó que i teriorizara estoy hechos como miles de niños en Nice.
Por cierto, dos millones de personas ya han pasado por el parque Albert 1ro para rendir homenaje a las víctimas.