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viernes, 4 de febrero de 2011

Los calçots y la democracia



Éramos más de doce comensales. Félix comenzó a sacar los calçots que había cocinado con Jordi, el Pere y otros más en el patio de su casa en Sant Andreu de la Barca. A este encuentro en Cataluña se le llama calçotada, un grupo de amigos se reúne entre el final del invierno e inicio de la primavera para comer esta especie de cebolleta que se unta en una salsa que entre otras cosas lleva almendras. Es una comida típica de la comunidad catalana, se dice que los mejores son de Valls, Tarragona.

Ayudado por leña fresca y cervezas Estrella Damm. Jordi, Pere y Félix eran tres de los cuatro (incluyéndome) que nos encerrábamos en la oficina de Félix, hace unos años cuando trabajábamos juntos para hablar de asuntos varios en horario de trabajo mientras nos tomábamos un café, ellos tenían un perfil ¡catalanista! del cual mucha gente me advirtió que tuviese cuidado, y que resultó inocuo en nuestras charlas.


Cuando todos teníamos el plato delante con la superficie del calçot o su primera piel quemada, entre niños y parejas de cada quien, advertí que los calçots estaban envueltos de forma muy uniforme, la prensa era la misma en todos: El Periódico de Catalunya en su versión en catalán. Esto último se hace para conservar el calor desde el fuego hasta el paladar, y demuestra la sabiduría de los "sin hogar" que eligen los cartones y la prensa para cubrirse del frío.
Llevamos reuniéndonos cinco años con el pretexto de este evento, que en realidad nos sirve para ponernos al día de nuestras vidas, sobre todo, para ver cómo crecen los niños y recomponer nuestra visión política del mundo, no obstante, la prensa del envoltorio, permanece.

Seguro que este domingo invernal, en otras casas de Sant Andreu otros comensales estarán abriendo sus respectivos calçots envueltos por otra prensa, ABC, El Mundo, El País, o La Vanguardia, los habrá que en una misma casa, se crucen periódicos de tendencias diferentes: izquierda-derecha-nacionalista, que reflejan ideologías políticas diferentes sin que eso sea un problema. Quizás sea una virtud (la virtud es algo que se enseña según Sócrates) de la democracia, mientras desde la cocina se escuchaba a Jorge Drexler cantar la Milonga...
Yo soy un moro judío
Que vive con los cristianos,
No sé que dios es el mío
Ni cuales son mis hermanos.


Foto superior, autor comiendo calçots hecha por  Vivían B y Jordi R .
Foto última, calçots en la hoguera.

4 comentarios:

  1. Me gustó mucho tu relato. Se disfruta más de una buena comida si estas bien acompañado.
    Un Saludo

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  2. A lo que llevo leido (alguien me envio un enlace de su blog a mi correo, sin mas, ni menos)
    Mucha solicitud y mucho cariño se transparenta en este blog.
    ¡Que bien me recreó mi Barcelona del paseig de Gracia o mi
    Girona de los calsots... sin una palabra ociosa. A decir mi pernsar encuentro mas verdad en los calsots
    que en las lozas de Gaudi, pues estas son mas de la corteza en la cebolla urbana.
    Por cierto, sobre las nombres de calles, paseos y sus signos -hermeneutica del callejero´-
    ¡qué palimpsesto de estrellas le cupiera en suerte al paseig de gracia.
    Si uno fuera el griego Hermes, colgaría una ristra de cebollas a las puertas de Barcelona,
    Me gusta ese pasar de lo familiar y particular a lo público en este paseo sentado que
    tanto habrá gustado allá en su giraldillo sevillano de la Habana al grandisimo
    de ambas orillas, Jose Lezama.
    Cordialmente,
    Salvador Ramos

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  3. Recuerdas los primeros calçots que comiste ?

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  4. Jordi Roselló Casimiro época de calçots !!

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