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sábado, 13 de agosto de 2016

Paul Lafargue y Laura Marx. ¿Qué filme vieron antes de suicidarse?

Cada vez que voy a París, una de mis rutas son los cementerios. Es evidente que la tumba de un cubano en París como Paul Lafargue, quien se casó con la hija de Karlos Marx, es un sitio de obligado recorrido para mi. Por su texto El derecho a la Pereza, por ligar con la hija de Marx, y por no querer llegar a viejo y sin ideas, pactar con su mujer, Laura, un suicidio tras ir al cine y ver y hablar con Lenin. Lafargue era un pijo de Santiago de Cuba de familia afranesada, que comenzó ha estudiar allí y luego fue a París a estudiar. Se hizo médico, pero su trascendencia vino por la política y por la mujer con quien se casó. Llevo una mañana chateando con una amiga esencial, Laila, sobre el tema y le dije, mira recupero el post y te lo cuelgo... quizás hayan otros por ahí que piensen igual que nos.

Laura Marx nació en Bruselas, durante el exilio del matrimonio Marx en Bélgica. En su infancia acompañó a sus padres a Londres, ciudad donde se refugiaron a partir del otoño de 1849, tras el fracaso del proceso revolucionario en Alemania. En la capital inglesa conoció a quien sería su esposo, Paul Lafargue, joven socialista nacido en Cuba, nacionalizado francés y llegado a Londres en 1866 para trabajar en la Primera Internacional; allí conoció a la familia Marx, y en concreto a Laura, enamorándose el uno del otro.
Paul y Laura se casaron en Londres el 2 de abril de 1868. Conocieron etapas muy duras en su vida marital: tuvieron varios hijos pero todos murieron a muy corta edad, y la militancia política los llevó a duros episodios de persecución y acoso policial, sobre todo tras la sangrienta represión de la Comuna de París. Refugiados de nuevo en Londres, ambos iniciaron algunas décadas de trabajo político conjunto en la AIT, introduciendo el marxismo en Francia y España, y ayudaron a Marx en la traducción de El capital al francés. Años más tarde pertenecerían a la dirección política de la sección francesa de la Segunda Internacional.
Friedrich Engels los nombró herederos de parte de su legado y de su obra y de bastante dinero a su muerte, en agosto de 1895.
En su domicilio de los alrededores de París, en noviembre de 1911, la pareja ya madura (él con 69 años y ella de 66 años), achacosa y sin descendencia, optó por el suicidio, algo que tenían previamente acordado para cuando su salud no les permitiera mantener su independencia y dignidad vital.
Suicidio.
Efectivamente,  en 1911 tuvo lugar el trágico suceso que llenó de estupor y tristeza a los socialistas de todo el mundo.   Pablo y Laura Lafargue se habían suicidado en su casita de Draveil, en la noche del 26 de noviembre, un gesto que sorprendió a toda la militancia socialista internacional. La entrañable pareja, después de haber pasado todo el sábado en París se habían dirigido a su casa en Draveil. Conversaron con humor, dirían el jardinero Ernest Doucet y su familia, de la jornada realizada. Laura y Pablo habían estado en un cine. Sabían cuan cerca se hallaba la muerte y eso no desfiguraba la serenidad y alegría familiar. Doucet a la mañana siguiente, inquieto por lo tarde que era dada la espartanas costumbres de la pareja, golpea la puerta, como no responde nadie, la abre él mismo, y se encuentra a Paul y Laura ya sin vida. Él permanecía extendido y vestido en su habitación. En la habitación contigua, Laura sentada en una butaca, también estaba muerta.
Todo lo demás permanecía como de ordinario: limpio, recogido, ordenado. Sobre una mesa había  una carta dirigida a su sobrino Edgar Longuet y una pequeña hojita con sus disposiciones testamentarias:
Cine frances en la década de 1910
LOS AÑOS HEROICOS

Francia, verdadera madre de la cinematografía mundial, estuvo a la cabeza del delicado momento histórico de la década del diez.
Esta fase del cine francés coincidió con una etapa de gran desarrollo industrial y técnico: el 80% de la producción fílmica mundial de aquellos años llevaba la firma francesa. Dos poderosas sociedades, Gaumont y Pathé, dominaban holgadamente los mercados de películas, sobre todo en Inglaterra, Alemania, Rusia y EE.UU. Sólo hacia 1918 estos poderosos monopolios perdieron sus posiciones internacionales, aunque mantuvieron sus principales fuerzas en Francia hasta 1930.
Los tiempos heroicos del cine francés produjeron magníficas cintas. En 1908 Le Bangy y Calmettes inauguraron con "El Asesinato del Duque de Guisa" el llamado "film de arte”. Tres años más tarde Louis Feuillade creó un nuevo tipo de películas realistas al iniciar la célebre serie "La Vida tal cual es". El mismo Feuillade realizó luego la serie de "Fantomas", lejana inspiradora del film de "gánsteres". Otro director francés importante de esta época fue Albert Capellani, quien llevó a la pantalla "Nuestra Señora de Paris" (1911) y "Los Miserables" (1912), las dos obras más famosas de Víctor Hugo, que tuvieron el mérito de volver verdaderamente popular al cinematógrafo.






Referencias:

-Lenin ante el suicidio de Lafargue y Laura Marx 

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