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domingo, 13 de noviembre de 2011

Going to Miami: Bienvenido a los Estados Unidos

Quería hablar de la trayectoria hacia Miami, diez horas de vuelo por primera vez con Maya, pero me es imposible  sin mencionar antes  el perfil del Downtown de noche que acabo de ver. Pensé que era un personaje de CSI Miami corriendo en el 4X4 de la tía de Yara entrando a Miami Beach desde el aeropuerto por la 195, entre 30 y 55 millas por hora, como hace Horatio en sus casos criminales en la serie, pero no, era un cubano de Barcelona impactado con un perfil de una ciudad que veo desde hace tiempo y ahora estoy en ella. Quizás me sentía un poco policía después de la cantidad que vi en el aeropuerto, lo que se debe gastar el Estado aquí en "seguridad", que en realidad sirven para organizar las colas, e indicarte donde recoger las maletas, muy serios, con una mirada ensayada para meter miedo a los ilegales y traficantes quienes probablemente griten solo verlos.
Yo, que he confesado ser un animal de curiosidad política, me veo lejos de las elecciones en España del 20-N, por este viaje vacacional a Miami donde me encuentro con el exilio cubano histórico, familiar e íntimo, personas que cambiaron su vida por el futuro de sus hijos con un valor único. La única compensación de política española fue que el avión de Iberia donde volamos se llamaba Clara Campoamor, quien luchó por el voto femenino en la República como nadie.
Cruzamos el Atlántico a 832 km/h a -52 grados de temperatura. Todos los niños estaban concentrados en el centro del avión así que Maya terminó en el asiento trasero viendo Dora Exploradora. Yara se puso un canal de jazz, yo aproveché para escuchar el canal 10 de música, todo flamenco, o sea pasé sobre la hundida Atlántida, con rumba flamenca, a 11 000 metros de altura, música de dioses.
foto: Arkolano. Pantalla de referencia de vuelo en el avión

sábado, 12 de noviembre de 2011

Otro cubano en el Harlem Jazz Club de Barcelona

Ayer la luna llena nos trajo en solitario, desde Almería hasta Barcelona, a Luis Alberto Barbería, miembro activo del grupo  Habana Abierta.  Él desplegó todas sus armas en el escenario del Harlem Jazz Club, con sus múltiples matices de voz, y se detuvo muy bien en el brasileño Joao Bosco o Djavan. Todas estas influencias las despliega con una cubanía cargada de síncopa percutida que extrae sabiamente del amplio registro de su voz. Sus canciones Como soy Cubano, Guanguancó pa Daniela,  Filineando, Dime si te atrapo con mi swing, terminaron moviendo al público, desde turistas japonesas o americas, hasta cubanas seguidoras de la peña de 13 y 8 , allí presentes.
Hay muy pocos miembros de su generación capaces de entregar un grupo de canciones de forma tan creativa solo con la guitarra, y más de diez instrumentos que es capaz de generar solo con su voz.  Esto no es algo nuevo, a inicios de la década pasada cuando compartía escenario como corista acompañante con el grupo de flamenco rock, Ketama, vi a Barbería poner de pie al público del Pueblo Español (más de 5 mil personas en el recinto) solo con improvisaciones  jazzísticas con su voz. Ha dejado huellas en los repertorios más recientes de la zaragozana Carmen París, o de la cubana Gema Corredera.
Ayer Barbería tuvo invitados variopintos, desde Habana con Kola que ejercen de anfitriones en este local, hasta tres palmeros cubanos que lo acompañaron a mitad de una pieza rumba-trova; pero sin duda, el invitado más especial, es quien lo acompaña en la foto de este post, un chico de 21 años colombiano, J Rodríguez, que lo contactó por facebook,  se sabe todas sus canciones y con él cantó Tatuaje, admirablemente. Barbería está pendiente de todo, y muy activo en las redes, no dejando que nada se le escape.
En el camerino hablamos mucho de su gira  este verano junto al cantante Javier Ruibal por varios teatros de Cuba: Pinar del Río, La Habana, Villa Clara y Holguín,  que abarcó casi  toda la isla, memoria de la cual se recoge en un DVD que saldrá dentro de poco. También de su último disco con Habana Abierta 1,2,3,4; donde incluye el tema-bossa  con Carmen París, y sobre todo, la paz y las ganas de componer que le está dando su nueva residencia en Almería, tantos años en Madrid lo tenían estresáo.
Barbería no deja indiferente, no hace conciertos o presentaciones, reparte una alegría creativa y singular de toda la música que ha cultivado en su oído y nos la devuelve... Es una suerte tener estos amigos que vienen a iluminar el otoño del 2011, a despedirme un día antes de volver a América, después de 12 años, a cruzar el Atlántico hacia América del Norte...