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miércoles, 14 de octubre de 2015

Día de la raza:12 de octubre.


Vamos andando cuatro pasaportes españoles y uno norteamericano.  Tres nacidos en La Habana, uno en Barcelona y otro en Buenos Aires.
Llegamos al metro y en la pared de la estación, un cartel inmenso, muestra al argentino Leo Messi, emblema del Barça, con una zapatilla alemana en la mano.
Salimos del metro y a la orilla del mar, por el puerto Olímpico, nos recibe el Pez metálico del canadiense Frank Ghery.
Después de construir castillos medievales en la arena nos detuvimos en la Plaza de la Barceloneta a picar algo, allí, un argentino nos hace el pedido pero un marroquí es quien nos trae lo que finalmente consumimos.  
Luego, atravesamos el barrio gótico subiendo por Las Ramblas donde un grupo de africanos, muy pendiente de la policía, vende sueños de marca a  extranjeros y nacionales que lo deseen.
En el  centro comercial, El Triangle, de Plaza Cataluña, me siento a esperar, y descubro que estoy sentado en un sitio llamado "Havanna," donde venden helados.
Volvemos a casa en el metro, esta vez en la estación no está Messi, hay dos latinoamericanos anónimos invitándonos a viajar a Guayaquil.
El Passeig de Gràcia esta hecho por indianos que regresaron de Cuba y otros países latinoamericanos y el dinero que trajeron de allí traficando esclavos, de grandes  hacendados o banqueros.
Sí, no está mal que exista un día al año que nos desvelen que estamos en Europa rodeados de cultura y costumbres cuya esencia también es nuestra.




foto: Arkolano. Una estación de metro de París, 2007



viernes, 24 de enero de 2014

Línea de sombra en el metro de Barcelona.

Cuando escuchas el rumor de una línea al entrar en la estación, te impulsas y arriesgas más... Corres detrás del sonido aunque puedas caerte. Te lanzas con peligro sin saber si encontrarás tu línea o su eco. Si no la alcanzas... eres la persona más sola en ese minuto en el mundo. 
No en todos los vagones del metro las puertas se abren solas. Las hay con una breve palanca que se acciona y se abre un destino, por donde a veces se nos va parte de la vida.
Entré en mi primer metro en París,  dirección Plaza de la Concorde, año 1999. Era invierno, había 4 grados. Fue una experiencia excitante, bajaba por un túnel como la trayectoria que hacía al calabozo cuando me cogían fugado en el ejército, salvo que en esta ocasión, mi acompañante me llevaba del brazo cariñosamente, hablaba francés y castellano, la conocía desde 1989, y no llevaba armas, sí botas y una chaqueta larga verde olivo.
Entendí de un tirón un símil  de Julio Cortázar: París es como un queso.





foto arkolano. Escalera interior.

viernes, 3 de mayo de 2013

Llegando en primavera a Praga, Plaza Wenceslao.

Es el primer país ex socialista que visito. Desde el aeropuerto vamos en el bus hasta la línea A. En metro llegamos medio perdidos a la estación Mustek, justo en la Plaza Wenceslao donde los tanques soviéticos que controlaban toda Europa del este en 1968, impidieron que Praga saliera de su dominio con leyes propias como la libertad de expresion, me persigue la historia, o la memoria.
"En Checoslovaquia, la oposición popular a la invasión se expresó en numerosos actos de resistencia no violenta. El 19 de enero de 1969, el estudiante Jan Palach se quemó a lo bonzo en la Plaza Wenceslao de Praga para protestar contra la reanudación de la supresión de la libertad de expresión.
Aquí aún no siento a Kafka, estoy más cerca de Milán Kundera que me cambió la vida con su novela: "La insoportable levedad del ser" (Nesnesitelná lehkost bytí, en checo). Yo he llegado a Praga con el ser y mi levedad: Maya. También como Tomás, personaje de la novela, lleno de dudas existenciales, que por suerte no pasan ya por vivir en un país socialista como cuando me leí este texto en La Habana de los años ochenta. Todos dicen que Mijail Gorbachov, liquidó la Unión Soviética en 1989, creo que Kundera tuvo mucha responsabilidad conceptual en el fin del socialismo y su miedo cuando publicó este texto en 1984.
"En el contexto de la Primavera de Praga, de la ocupación soviética de Checoslovaquia y de "una sociedad gobernada por el terror", en el horizonte de la reflexión sobre el planteamiento filosófico del Eterno Retorno, se narra la dinámica existencial de Tomás (médico), Teresa (camarera), Sabina (pintora) y Franz (profesor universitario), matizada de conflictos, celos, amor, infidelidad, erotismo, poligamia, sufrimiento y otras pasiones humanas, en un escenario de ocupación, espionaje, persecución de intelectuales, degradación en los cargos públicos y en las profesiones; en donde la casualidad y el destino signan la vida de cada uno de los personajes y se presenta la disyuntiva entre la levedad y el peso."





martes, 19 de octubre de 2010

Unos labios en el metro de Barcelona


El metro se comporta como una cascada que en lugar de agua, va cayendo al vacío mientras avanza por debajo de la ciudad. No obstante, antes de llegar a la parte del Mediterráneo que hizo famoso Serrat en una canción, todas las líneas de metro tienen un pretexto para girar en algún sentido, quizás por la imposibilidad de poder respirar bajo el agua.  Quien hizo el metro quizá no supiera que los esclavos de la colonia francesa de Saint Domingue, creían que para ir al paraíso había que bajar al fondo del mar, donde estaba Guinea.
La línea amarilla gira a la izquierda, y uno descubre una ciudad nueva que preside la Torre Agbar que aumenta su erotismo al iluminarse de azul en las noches. Si bajas desde el barrio de Gràcia en la línea verde, el giro es a la derecha por la parte gótica de la ciudad. Esta línea a pesar de ir bajo la falda del Passeig de Gràcia, modernista en toda su extensión, también