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sábado, 10 de diciembre de 2016

Congrí cubano en Miami. Milán Kundera, la nostalgia y Mane Ferret.

¡Qué triste yo me pongo si me acuerdo del Congrí!
Mane Ferret.



Llevaba ya 12 años en Europa cuando fui a Miami y me encontré con esta imagen insólita de un mostrador con comida cubana para llevar, prehecha y al ver el congrí "flipé" en colores. La nostalgia exagera las costumbres y engrandece los deseos, eso ya lo sé; no obstante, yo me hubiese tirado a nadar en esta fuente de metal, el color de este congrí venía con mi tía abuela dentro. Me era imposible llorar pues estaba puesto Pitbull en ese lugar e iba bailando con mi niña asombrado con cada producto que veía y que son imposibles en los centros comerciales de Europa.
Mi referente en comida cubana Verónica Cervera (blogger)  define así...

"En Cuba le decía congrí, aunque recuerdo que en muchos restaurantes le llamaban moros y cristianos. En Miami muchos le dicen congrí a este plato hecho con frijoles colorados, y moros al de frijoles negros; yo he optado por llamarle gallo pinto al primero (como los nicaragüenses) y congrí al segundo."

No soy experto en retener. Por eso me da miedo el tiempo y la vida  que he perdido fuera de una isla. Me da miedo todo lo que perdido de allí, sin ni siquiera saber si realmente lo necesitaba.  Anécdotas, crecimiento y muerte de varios familiares que sé que no podía retener. También el patrimonio de la tristeza que engendrada en mi esa  "dictaquedura" demasiado. 
He perdido el sonido del mar contra el muro y he ganado la planicie de un mediterráneo en silencio tal y como le corresponde a un mar entre tierras.  El congrí es un tipo de mar nostálgico de arroz que sustituyó aquí con risoto negro, paella  de mariscos y arroz acuoso de Menorca. 
La nostalgia es un buen invento que  Milán Kundera definió como nadie.
"En griego, «regreso» se dice nostos. Algos significa  “sufrimiento”. La nostalgia es, pues, el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar. La mayoría de los europeos puede emplear para esta noción fundamental una palabra de origen griego (nostalgia) y, además, otras palabras con raíces en la lengua nacional: en español decimos “añoranza”; en portugués, saudade. En cada lengua estas palabras poseen un matiz semántico distinto. Con frecuencia tan sólo significan la tristeza causada por la imposibilidad de regresar a la propia tierra. Morriña del terruño. Morriña del hogar. En inglés sería homesickness, o en alemán Heimweh, o en holandés heimwee. Pero es una reducción espacial de esa gran noción. El islandés, una de las lenguas europeas más antiguas, distingue claramente dos términos: söknudur: nostalgia en su sentido general; y heimfra: morriña del terruño. Los checos, al lado de la palabra “nostalgia” tomada del griego, tienen para la misma noción su propio sustantivo: stesk, y su propio verbo; una de las frases de amor checas más conmovedoras es styska se mi po tobe: “te añoro; ya no puedo soportar el dolor de tu ausencia”. En español, “añoranza” proviene del verbo “añorar”, que proviene a su vez del catalán enyorar, derivado del verbo latino ignorare (ignorar, no saber de algo). A la luz de esta etimología, la nostalgia se nos revela como el dolor de la ignorancia. Estás lejos, y no sé qué es de ti. Mi país queda lejos, y no sé qué ocurre en él. Algunas lenguas tienen alguna dificultad con la añoranza: los franceses sólo pueden expresarla mediante la palabra de origen griego (nostalgie) y no tienen verbo; pueden decir: je m?ennuie de toi (equivalente a «te echo de menos» o “en falta”), pero esta expresión es endeble, fría, en todo caso demasiado leve para un sentimiento tan grave. Los alemanes emplean pocas veces la palabra “nostalgia” en su forma griega y prefieren decir Sehnsucht: deseo de lo que está ausente; pero Sehnsucht puede aludir tanto a lo que fue como a lo que nunca ha sido (una nueva aventura), por lo que no implica necesariamente la idea de un nostos; para incluir en la Sehnsucht la obsesión del regreso, habría que añadir un complemento: Senhsucht nach der Vergangenheit, nach der verlorenen Kindheit, o nach der ersten Liebe (deseo del pasado, de la infancia perdida o del primer amor)."
Milan Kundera, Ignorance

jueves, 27 de noviembre de 2014

Lasaña de Plátano maduro con ropa vieja.  Un viaje a los milagros y la memoria...




De los  dos platos y el postre que comí en Frijoles Negros, la primera vez que fuí, sin duda "La Lasaña de Plátano con ropa vieja," se fijó en la memoria de mi paladar. 
No le quito méritos al ceviche fresco, y mucho menos al queso italiano Panna Cotta con mermelada de guayaba que fueron el postre que cerró esta cena con Xavier Cugat de banda sonora todo el tiempo. Por cierto, muy leve para dejar conversar y a una distancia perfecta del oído.Pero hay platos que se quedan más que otros por olor, creatividad y buen gusto.

La Lasaña llega a la mesa acabada de hacer y adornada con dos espárragos trigueros que probé por primera vez en Andalucía hace ya quince años.
Su verdadero equilibro en el paladar gustativo son   el contraste de plátanos maduros con la carne de ropa vieja que lleva entre dos parejas de plátanos encima y dos debajo. Que además contienen aceite caramelizado.
La carne estaba en su punto de sal, y los plátanos tenían un dulzor cercano a los plátanos en tentación que preparaba mi tía en La Habana, no contaré aquí cómo activó los recuerdo de mi infancia habanera este plato entre la carne y el plátano y la músicas y congas leves. 
No le dije a Juan Carlos Puig Bretones ese día, lo escribo ahora, que ya no necesito volver a Miami para recuperar verdaderos sabores de la comida cubana,  que a pesar de que aquí le dan giro Mediterráneo, con otros condimentos y sutilezas,  hacen que se fije mejor, no el sabor de los sabores, sino, "El arte del Sabor," como llamó Bebo Valdes a una de sus canciones.
El fin, llegó con un Martini Expres con espuma  de café que hacia flotar tres granos sin moler,  que mezclados con el ron que contenía la copa, te estaban diciendo eres conciente de que volverás a Frijoles Negros a seguir degustando platos como si fuesen ritmos y sabores como si fuese música.
Y he vuelto para andar sobre sabores varias veces. Esta la primera la última en comentar, así funciona mi sabor.





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martes, 5 de junio de 2012

Mar y frijoles negros al Busto

Hace unos días hubo comida por encima de Barcelona en el barrio de Sant Gervasi, que junto a Pedralbes es donde vive la crema aburguesa de barcelona los últimos cien años, quizás porque siendo el mar la única memoria que somos, cuesta caro tenerlo siempre a la vista, en los ojos para que pase rápido a la memoria. 
Por otro lado, aquí el modernismo se hace mayor, en escala. No es un modernismo como el eixample, hecho solo de edificios, hay muchas más casas con torres independientes, cúpulas hechas de trencadis, y rejas y rejas que no significan cárceles sino la experiencia vital de la naturaleza florida hecha metal torcido.
El piso de nuestro amigo está en la zona alta pegando a la montaña, desde donde se pueden ver cúpulas modernistas con la escenografía del Mediterráneo de fondo. Es un 7mo que aspira ser ático -terraza incluida-, donde fueron a parar los frijoles negros al Busto, cremosos y en su punto, para la comitiva cubano-catalana que nos reunimos, entre música de Elza Soares, Kiko Veneno, Earth, Wind & Fire, Elis Regina  y Esperanza Spalding, esta última,  tocando desde la Casa Blanca saliendo de un Mac, para nosotros y Michelle Obama, emocionada en su asiento con sus dos niñas. 
No había muerto Donna Summer y Carlos Fuentes, vivía sus penúltimos días, tampoco se sabía de la crisis de Bankia.
Éramos seis cubanos y tres (nuestros hijos) catalanes, dos niñas y un varón, que se han conocido mucho más pequeños de cuando nos conocimos Ernesto y yo, cuya afinidad intelectual habanera nos llevó a los archivos de la Biblioteca Nacional de Cuba,  donde a veces nos reunía Víctor Fowler a escuchar la voz del maestro Lezama. Ernesto tuvo el valor de sacar una foto de 1987, donde aparecemos, Rado, él  y yo, en el Parque Central frente al Capitolio habanero. Estábamos tan flacos que parecemos acabados de salir de un campo de concentración, eso sí, llenos de folios y libros que nos arrastraban por todas partes y nos salvaban del desvarío de una dictadura.  De la que soportamos muchas cosas hasta escuchar a Paco Ignacio Taibo II,  en Casa de las Américas, decir que un número erótico de la revista Naranja Dulce, donde habíamos publicado los tres,  era de elementos de la derecha, y que cosas así no debían publicarse, fue el último número. 

Había dos madres en el evento, y era, uno de esos Días de las Madres, no recuerdo bien si el de aquí o el de allá. No hubo flores, pero sí unos berberechos exquisitos

viernes, 9 de septiembre de 2011

Las chicharritas de plátano de la Ministra Carmen Chacón


La Ministra española de Defensa Carmen Chacón, está comiendo en esta foto, unas clásicas chicharritas cubanas de plátano en Sant Andreu de la Barca,  a unos treinta kilómetros de Barcelona, en una fiesta cubana de final del verano 2011. Dicho en cubano: come mariquitas (plátano macho verde, cortado en lascas finas fritas en sartén con aceite muy caliente) .
Las chicharritas o mariquitas, es uno de los platos -guarnición-, más típicos de Cuba y va de perlas como compañera de viaje al ron cubano y a sus derivados cócteles primos hermanos, Mojitos, Daiquiris y Cuba Libre. La excesiva cantidad de sal que lleva compensa el contraste al paladar con el alcohol del ron como la sal al tequila en el Margarita, para no perder los diminutivos.
Es curioso, que a Sant Andreu de la Barca, cada año, voy en enero a comer un plato típico de Cataluña: calçots, tan típico de acá como las chicharritas de plátano de allá que en este mismo lugar ella come, a esto le llamaría: integración cultural en dos direcciones.
Este plato generó unos de los estribillos de la trova tradicional cubana de doble sentido que, por políticamente correcto, lo hace más simpático:
 Pregón de los Chicharrones:
"chicharritas, chicharrones, mariquitas... papitas fritas"

Ingredientes
Plátano Verde
Aceite
Sal
Preparación
Cortar el plátano en rodajas muy finas.
Introduzca las rodajas en aceite bien caliente.
Deje que se frían hasta dorar.
Luego se sacan y se polvorean con sal.


foto de Iván Vergara

sábado, 27 de agosto de 2011

El maíz de Gavá en Barcelona, cura la nostalgia del tamal

Un día escuché al cocinero Ferrán Adrià en la tele catalana que lo mejor que le había pasado a la gastronomía española, no era que existieran ellos, los cocineros de élite, sino que los mercados españoles se diversificaran con productos de consumo que demandaban  los emigrantes para sus platos nacionales. Hoy solo habría que poner un pie  en el mercado de Las Ramblas, para ver una variedad insólita de productos que no se ofertaban hace diez años: yucas, aguacates, malangas, mangos, piñas, guayaba, plátano macho, okra (quimbombó), maracuyá, lichis (mamoncillos chinos), tamarindos y un montón de frutas exóticas que ni yo conozco sus nombres… Particularmente sufría bastante -al llegar hace doce años-, cada vez que tenía gorrión por comer frituras de malanga y tener que dejarme unas tres mil pesetas por tres tristes malangas en un plástico  del Corte Inglés. La masiva llegada de latinoamericanos, asiáticos, africanos, árabes, nos facilitó recuperar gran parte de nuestro paladar nostálgico del Caribe. Entre los que no habían cubierto ese vacío nostálgico estaba el maíz para confeccionar tamales. El tamal es una comida creada en Méjico y difundida en toda América. Quiere decir envuelto en lengua Nahuatl y es uno de mis platos predilectos. En Cuba

sábado, 14 de mayo de 2011

Habana Blues: No hay nada como La Habana. Nostalgia


Es el primer día de esta primavera que hace 23 grados, sabes que sales del Prat de Llobregat, en Barcelona, pero al mirar las montañas del Garraf, el cielo te recuerda por el azul, el blanco óptico de las nubes, y la humedad, una isla en el Caribe donde pasaste más de treinta años.
En los últimos quince días has visto la sierra nevada de Madrid, y los Pirineos  también nevados en Girona cuando estuviste en la masia de la Empordá que consideras tuya, pero hoy estás sudando igual que lo hacías hace doce años, y ese sudor mientras te empapa hace que desciendan tus recuerdos por esa pendiente que se llama nostalgia y que te enseñó a sobrellevar un libro de un checo: Milán Kundera, y esa película con el mismo nombre de un ruso que adorabas con veinte años Andrei Tarkosvky.
Tu suegra, acabada de llegar de Miami, en el retorno de noche desde la masía se preguntaba: ¿quién me iba a decir en los setenta en Guantánamo que yo cantaría Meditarráneo de Serrat entrando a Barcelona con mi nieta en el coche nacida en Barcelona? Y es cierto, que cuando pongo a Serrat en el coche, estoy más cerca de aquella isla que fue donde aprendimos a escucharlo, aunque Para la Libertad, o sea, para saber qué era la libertad, tuviéramos que exiliarnos.
Hoy Lupe, a quien va dedicado este post,  ha hecho arroz blanco, frijoles colorados y papas rellenas con picadillo a la habanera, y no sé como logra un sabor idéntico al que tenías en tu paladar olfativo, a pesar usar aceite oliva virgen, arroz valenciano y frijoles del sur de África.
Con todo esto a cuestas, cómo no sentir nostalgia. Para colmo, siempre hay un colmo:  Havana Club pone en su promoción de verano 2011:

NO HAY NADA COMO HAVANA

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miércoles, 3 de noviembre de 2010

¿Existe un plato típico de comida cubana?

Los cubanos que vivimos en España tenemos que luchar con varios tópicos. Un ejemplo claro sería el llamado “Arroz a la Cubana” que consiste en arroz blanco, con salsa de tomate por encima y un huevo frito  sobre el tomate.  No basta con que en Wikipedia alguien haya escrito que ese plato es español, y no cubano. Siempre que aparece en un menú, alguien del entorno, se ve obligado a decir en mi presencia:  -Mira qué bien, hay comida de tu país. Por más que me canso de explicar que si hay un plato típico de Cuba, seguro que este no sería…, todos se quedan asombrados.
Ahora que se acercan las fiestas Navidades y Noche Vieja (fin de año) es un momento perfecto para hacer una aproximación a un menú nacional cubano que llevaría a una reflexión mucho más profunda, pero que aquí solo intentaré una proximidad a partir de la última comida cubana improvisada que promovió Patricia Menéndez  en mi casa de Barcelona.
La comida fue: Ropa vieja, Frijoles Negros, Arroz Blanco, y para cerrar sugirió, platanitos maduros fritos; esto último, ideal perfecto en esta cena cubana extemporánea e informal, postre pudín y mejor no nos enredemos con el pudding, boudin o no terminaremos.
Ahora, si hablamos de un cumpleaños, u otros acontecimientos mayores, la carne ripiá o ropa vieja (carne de ternera deshilachada en flecos) la podría sustituir por carne de cerdo asada, o bistec de cerdo, o pierna de cerdo asada, que estaría acompañada por chicharrones, que aquí le llaman, para mí, muy eróticamente: Morros. Quizás por un