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miércoles, 20 de abril de 2016

Book and Bed. Libro y cama. Un invento japonés en Tokyo de hoteles para leer.

Me encanta esta idea japonesa de un hotel para leer todo la noche.  Los que somos lectores empedernidos desde que tenemos uso de razón y hemos tenido carnet de biblioteca en el Caribe y en varias ciudades europeas, o lectores sin carnet, nos gusta siempre que crezcan otras opciones para que los jóvenes puedan disfrutar en caso de que no tengan espacio en sus casas.
El diseño de este hostal es fantástico. Yo duermo entre libros hace tiempo. Y ojalá quien me entierre respete mi decisión egipcia de ser enterrado entre libros, mis libros  propios, y algunos de los que me acompañan más de media vida.






sábado, 29 de noviembre de 2014

Japonesismo acertado del pintor Carlos Quintana.


En todas las casas y ciudades  donde he vivido en ambos lados del Atlántico, o he dormido, La Habana, Paris, Madrid, Sevilla, Barcelona, Roma, Miami, (etc)...  tengo por costumbre tener libros en el váter o llevarlos a la hora de... Sé que no soy el único y muchos ahora llevan ipads y móviles. Yo llevo larga tradición.
Suelen ser libros de poemas o cuentos cortos pero por alguna razón llevo un tiempo acumulando también novelas de las cuales releo fragmentos subrayados por mi en primeras lecturas. 
Una de las que tengo ahora es "Lo Bello y Lo Triste" del japonés Yasunari Kawabata, texto altamente recomendable por lo que cuenta de la cultura tradicional  japonesa en Kioto. 
Mientras releía. ..
"LA basta playa está flanqueada por bancos y sobre ambas orillas se suceden los balcones de las "casas de placer" cuyos faroles se reflejan en el agua como si fuesen estrellas . Los pañuelos purpúreos de los jóvenes actores de kubuki flameaban en la brisa nocturna... (...) Sus movimientos son tan graciosos que quienes lo ven quedan prendados  y no pueden apartar su mirada. Las cortesanas lucen en toda su exquisitez mientras se pasean arriba y abajo; más adorables que la flor del hibisco,  esparcen la fragancia de sus caros perfumes...."
En 1690, el poeta Basho  que visitó la ciudad escribió: 
"Lo que llaman
Disfrutar la noche de verano
A orillas del río."

Lo que no sabía era que me iba entrar un mensaje y dejara de leer para mirar el móvil y del Twitter pasé al facebook y cuando abrí me quedé parado al ver este cuadro de evidente japonesismo del pintor Carlos Quintana. Que debe estar tan fascinado como yo con Japón cuando es capaz, gracias a su talento, de trazar lienzos como este, para mi a la perfección con una novela japonesa. No existen las casualidades. Existe el buen gusto, y sobretodo los matices...
Carlos y yo en Kioto juntos en una de esas dos orillas  fuera algo más que inspirador...


sábado, 9 de abril de 2011

Japón visto desde Girona: Lo bello y lo triste.

Lo más cerca que he estado de Kyoto fue en la comarca del  Pla de l'Estany. Yasunary Kawabata me cuenta en su novela “Lo bello y lo Triste”, que en Kyoto -antigua capital de Japón- beben sake de un cuenco que reflejara la luna llena. Yo, además de la Luna, tengo una jarra de té donde se refleja la geometría de los Pirineos amaneciendo.
Aquí cada masía aislada es un templo de silencio, y casi todas son un homenaje que recuerda el vacío del tiempo Zen. Así veo sus perfiles en un primer paseo cayendo la tarde junto a una nube de humo y polvo que generan más de cincuenta ovejas que guía un pastor con vara y varios perros, vida muy tradicional, un eco medieval aislado, lejos mi gran ciudad, Barcelona, mucho más lejos, mi ciudad de nacimiento, La Habana, donde algunos habitantes emulan ser egipcios en una manifestación que comienza a diseñar el sueño de la caída del gran dictador, faraón en este caso.
Los pequeños jardines secos de piedra de Kyoto se diluyen en la distancia de los Pirineos húmedos en la nieve que los puebla. Las rocas del jardín zen simbolizan la ascensión de islas en un mar de arena. Muy cerca de aquí, Dalí escribió que el Cap de Creus era el delirio de los Pirineos entrando al mar, ambas metáforas se complementan, ambas son narcisos que se miran en lo que desean ser.
Recuerdo los matices de este viaje a Paret de Dalt en los jardines del Princep de Girona entre los barrios Sagrada Familia y Gràcia. En el parque, hay un estanque con peces que es la delicia de casi todos los niños que se acercan, también de mi hija.
Cuando estuve en Girona en casa de nuestra amiga Norma, yo leía Lo bello y lo Triste, una novela de Kawabata, sin saber que, meses más tarde, la silueta de una ola llamada Tsunami dejaría gran parte de Japón sumida en una profunda tristeza que continúa creciendo en la radiactividad y la saciedad morbosa de los medios de comunicación que buscan y rastrean entre la desgracia para encontrar el porno de las vidas personales sumidas en el dolor.

sábado, 12 de marzo de 2011

Escenas de Japón en mí



Mi padre fue marino mercante por más de 40 años. De pequeño, antes de separarse de mi madre, recuerdo que cuando volvía de sus viajes a  Japón hacía que me convirtiera en el niño más envidiado del barrio por los juguetes que me traía: pistolas y ametralladoras que echaban chispas por la punta, y de seguro, hoy, prohibidas por normativa europea por la posibilidad de dejar tuerto a algún niño. No obstante, el juguete que más me gustaba, era un tren y sus raíles... que luego asocié con el tren eléctrico de Hersey que va de La Habana a Matanzas y en el que tuve una relación eléctrica una madruga de juventud y libertades.
En cambio, en mi libro de poemas, Síndrome de Ulises, la única huella de Japón evidente es el poema Escenas de Tokio, donde verso sobre el impactante suicidio del poeta Osamu Dazai. Quizás porque si, de pequeño, Japón representó el juego, de mayor, a través de su literatura y