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jueves, 3 de noviembre de 2016

En el Museo de Ciencias Naturales de New York con mi hija. Memorias.

Hace ya cinco años de esta foto con una bandera de las primeras que se conservan del siglo xix.
Maya estaba muy pequeña. Pero le llamaba mucho la atención  los dinosaurios y todos sus huesos al aire.
Esa metáfora extraña de un cuerpo hecho de huesos sin carne que intenta recordarnos que antes estuvo recubierto de piel. La ventaja de verle los huesos a alguien es que ves exactamente el tamaño y la arquitectura de su alma. En ese momento no pude explicárselo hoy si...
Cuando estás en New York vives convencido que ese recuerdo no te deja jamás. Que volverás cuanto antes, pues ya tienes el virus de esa capital del mundo occidental, dentro. 
Cinco años después no he vuelto.  La memoria sigue intacta; sobre todo al rememorar con esta foto, que tras ver el museo,  cruzas (cruzamos) la calle y penetramos en Central Park, donde las ardillas parecen gatos. Te dejen estar tan cerca de su vida, tan natural y  rodeada de hormigón hecho de Torres Gigantes... 

martes, 29 de noviembre de 2011

Paseando con Enrisco en Chinatown


Cuando me despedí de Enrique del Risco en Greenwich Village, en  Manhattan, pude, por primera vez, materializar el humo blanco que sale por los respiraderos newyorkinos, tópico de las películas y que aún no había podido atrapar con mi cámara digital. Me puse a dar saltos mientras Enrique, historiador, profesor, amigo y nuestro Virgilio por medio Manhattan, me hacía  la historia de las esculturas blancas de Christopher Park  dedicada al movimiento gay después de una redada contra los homosexuales a fines de los sesenta en un bar cercano a esta plaza lo que desencadenó  manifestaciones multitudinarias y la reivindicación de derechos plenos de gays y lesbianas.
Ya antes nos habíamos fotografiado juntos ante la foto de Chick Corea, que esa noche tocaba en el Blue Note, uno de los templos de jazz más notables de la historia de esta música, protagonista del ascenso y mito de los mejores instrumentistas y vocalistas de jazz del siglo XX.
Nos habíamos reencontrado en la calle Canal, justo antes de la caída de la tarde, en pleno corazón de Chinatown. Las primeras palabras de Enrisco, su blog da fe de su sarcasmo inteligente, fue contarnos un anuncio que pasaban en la tele de una marca de ropa: -Fíjense si esto es nuevo, que aún no tiene copia en Chinatown. En este barrio, todo se copia, me acordé de mi amiga Beate quien me hizo los primeros cuentos de este barrio por los años noventa en La Habana, y mientras pensaba en que ruta habría seguido ella por allí, nuestro guía nos adentró por el barrio chino, comimos en un vietnamita y tomamos espresso y helado en Little Italy, sin olvidar pasar por un restaurante donde el Padrino-joven comió en una de las tres partes de este clásico. Mi cuñada, atrevida, se fue a negociar por las esquinas con los chinos, grupos misteriosos y "camuflajeados", siempre detrás de "caros" relojes y bolsos pero no siempre se gana.
Luego continuamos por el Nolita, el Soho y Greenwich Village, hablando de música y aprendiendo etimología y pronunciación de la denominación de estos barrios. Pasamos a otro New York, reposado, pijo y no por eso menos atractivo, de antiguas industrias convertidas en lofts, magníficas soluciones, tanto para tiendas  como para viviendas.
Greenwich Village y Chelsea, fueron de los barrios que más me impactaron, debo confesar que en el primero me sentí un poco como en casa, en Barcelona, en mi barrio de Gracia, allí, en el invernadero Lanterna Caffe hablamos de Miami, adonde el viaja habitualmente y que yo acababa de descubrir, no evocamos nuestro común 13 y 8, si a nuestros amigos comunes de Habana Abierta, sobre todo a Vanito, cordón umbilical, hicimos el intercambio literario de rigor, Enrisco me regaló su libro Leve Historia de Cuba y yo le entregué mi personal Síndrome de Ulises.
En el Chelsea, me pareció verdaderamente ocurrente la solución de retomar las antiguas líneas del tren elevado que pasaba por allí, y reconvertirlas en un jardín  verde que se eleva sobre toda la zona y te deja ver perfiles de este espacio portuario con el omnipresente Empire State. Allí nos encontramos con el también escritor Ricardo Arrieta, no hablamos de literatura, hablamos de la vida nuestra fuera de nuestra ciudad de nacimiento. 
No pudimos ver ningún musical en Broadway, familiares y amigos como Evaristo nos lo habían recomendado. Me hace feliz saber que Enrisco pudo disfrutar de uno donde actuaba la misma Patty la Belle, quien interpretaba a la madre del protagonista del musical Fela Kuti! Un lujo exquisito para los habitantes de esta ciudad que te obliga a mirar al cielo cada día.

lunes, 28 de noviembre de 2011

De Orlando a los viernes culturales de la Calle 8

Regresando de Orlando me tocó conducir parte de la costa este de la Florida desde Boca Ratón hasta South Beach, y me sorprendieron los cambios bruscos, entre distritos, en los límites de velocidad, de 30 a 45 millas por hora. Aissa me explicó que cada distrito puede modificar estos límites, es decir, la velocidad es variable, no obstante, conducir con este clima tan cerca del mar en esta época del año me hizo recuperar sensaciones de la memoria casi olvidadas. En Orlando me llamó la atención que los concesionarios de coches (dealers) no ostentaban las características dobles banderas americanas por carro como ocurre en casi todos los de Miami Dade.
Después de reencontrarnos con otros amigos por el Downtown de Miami, frente a la Torre de la Libertad (donde entre otros eventos, velaron a Celia Cruz), en Bayside, un centro comercial pegado al mar que me recordó algún c
írculo social de las playas de Mariano de La Habana cuando era pequeño. Luego, cumplimos con  el ritual de comer en el Versailles, y caminar por la calle 8, coincidiendo con los viernes culturales de cada mes. La comida en Versailles: arroz, frijoles negros, tamales y masas de cerdo fritas, excelente!!! También sus carteles llamaron mi atención: POR FAVOR USAR LAS MESAS SOLO SI ESTA CONSUMIENDO (20 MINUTOS MAX) y SE RUEGA A TODAS LAS PERSONAS QUE VIENEN A CONVERSAR QUE LO HAGAN FUERA DE LA CAFETERIA.
En estos viernes, en muchos locales y espacios de la calle 8 se puede bailar y escuchar música en vivo,

sábado, 26 de noviembre de 2011

Living in New York

El viaje a New York comenzó en casa de Ramón Fernández Larrea y Magdalena, en Miami, la noche anterior a la partida. Ambos nos contaron sus obsesiones con el Museo Metropolitan, y nosotros terminamos yendo el primer día por culpa de la lluvia que no paraba de caer. Después de comernos el primer perro caliente (hot dog, Maya lo pide en inglés) en esta ciudad, tras  atravesar el Central Park en  taxi, estilo Carry de Sexo en New York, pensó Yara, mientras yo estaba fascinado con los colores de las hojas del otoño en la ciudad que me llevan siempre a la misma canción Autumn in New York.
El reencuentro con Alejandro López y su familia, en su casa en la calle Broadway, fue  entrañable, parecía que nos habíamos visto el día anterior, y  hacía 16 años que no nos veíamos. Con los amigos pasa, pero cuando sucede, uno se alegra de tener y conservar esta suerte de familia dispersa y maravillosa. Nuestras niñas jugaban y se comunicaban con fluidez y espontaneidad excelentes como si les hubiésemos transmitido el gen de los años vividos en La Habana, cuando nos bañábamos en el malecón habanero junto a Juan Carlos Mirabal, y nos cogió la policía. Todos los recuerdos vuelven y estuvimos horas poniéndonos al día con dos botellas de vino antes de coger el sueño, el primero de NYC.
Desde que vas en el bus desde el aeropuerto de New Jersey hasta New York comienzas a ver la verticalidad de Manhattan como una nube de hormigón mirando al cielo, sabes que tendrás una experiencia única, que serás incapaz de compartir coherentemente.
La experiencia de viajar por las ciudades europeas buscando un centro histórico, aquí se pierde. Es la vida vertical entre el asombro y el desasosiego por la altura. De noche, la luz y los anuncios no te dejan la cabeza en el mismo lugar, tus ojos por la 5ta ave desde la 59 hasta la 32 no son tus ojos, son un imán de la luz.
Me sorprende, primero que todo, la amabilidad de la gente en la ciudad y en el metro, todos los hombres se desviven por ofrecer el asiento a las mujeres, los ancianos, minusválidos y a quienes llevan niños. Si te ven perdido, te preguntan, y si pueden te dejan en el andén del metro que te toca. Llegué con mi cabeza llena de las pelis de secuestros y otras tonterías que desaparecen de un tirón, y te das cuenta de que no todo es cine, aunque las miradas definen mucho.
Me impacta que en casi todos los espacios cerrados haya música, pero no de cualquier hilo musical de relleno, sino hits de standars  de jazz, funky o de soul que se agradecen. Puede que sea invasión auditiva pero te envuelve en el contexto sonoro de esta ciudad.
Una amiga me preguntó si NYC me había dejado sin palabras y en parte es cierto, tienes que volver a reestructurar el lenguaje para hablar de esta ciudad que desafía al cielo.




foto: Autofoto en la acera ante el Empire State Building