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jueves, 30 de enero de 2014

El mar es toda la memoria para algunos exiliados.

Foto: Joel Angelino.
    
Está de espaldas a la ciudad y de frente al mar Atlántico en Islas Canarias. Es típica actitud de los exiliados. Esto aumenta si nació en una isla. No intenta caminar por encima del mar, no es Cristo, el agua es sólo una vía. Quizás porque todas las aguas tocan en algún momento aquella isla, que sabes que abandonaste, pero no sus recuerdos. Está de espaldas y no lleva falda, ni pantalones, ni vida. Todo su vida está ahora en la memoria del agua que no llegará a cubrirla. No se está suicidando tampoco, sólo intenta conectar con su piel, y deja que entren por sus poros la memoria del mar que es su memoria. Me recuerda a María Bethania cantando descalza en el Palau de la Música en Barcelona, pues ella confiesa que la música le llega también por las vibraciones del suelo, o sea, por la planta del pie.

Miguel Matamoros y Benny Moré. Aventura en México.


Conjunto Matamoros
Matamoros con Benny Moré

El Benny llegó a México el 21 de junio de 1945 y permaneció allí hasta 1951, para cumplir un contrato con el Conjunto Matamoros. Además de aprender a llevar una gran banda, el Benny se consolidó como un gran intérprete de Dámaso Pérez Prado, y sobre todo, como difusor del mambo en México. Junto al cantante Pedro Vargas, lo hizo extensivo a todo el mundo, por su participación en varias películas mexicanas en su etapa de oro. Querido lector la foto que pongo no es muy buena pero si se fija, justo ante el Benny sentado está un joven Compay Segundo que va en grupo. Matamoros engrandeció la música cubana con sus sones y también por su capacidad inteligente para elegir talentos cubanos.
En 1992, el catálogo Tumbao Cuban Classics editó —remasterizado en CD— un disco emblemático que define una etapa esencial en la trayectoria de Benny Moré: su participación en el Conjunto de Miguel Matamoros a mediados de los años cuarenta.
Su entrada al Conjunto Matamoros se puede considerar el primer suceso que le otorga estabilidad profesional, además de constituir su gran trampolín a la fama. Fue Siro Rodríguez, integrante del Trío Matamoros, quien propició su integración al grupo, pues quedó impresionado al escucharlo cantar en el bar restaurante El Templete, situado en la Avenida del Puerto, donde el Benny se ganaba la vida con las propinas que recibía.
Estas grabaciones —de 78 revoluciones por minuto— son las primeras que realiza el Benny en un estudio, justo en 1945, el mismo año de su llegada a México. Cuentan que al oír su voz por vez primera, lloraba y daba vueltas de alegría.
Como integrante del Conjunto Matamoros, trabajó en la emisora Catedral de la radio de México, y actuó en los centros nocturnos Montparnasse Club y Río Rosa, donde el Trío alternaba con el grupo Son Veracruz.
Cuando Matamoros decidió regresar a Cuba, el Benny ya abrigaba otros planes con respecto a su carrera profesional, y también en lo sentimental, pues se había comprometido con la enfermera Juana Bocanegra. En una entrevista, Miguel Matamoros cuenta que nada comentó al Benny sobre su decisión de quedarse, sólo le expresó que Bartolomé no era nombre de músico, de ahí que decidiera llamarse Benny Moré.
Esta primera grabación ayuda a descifrar claves esenciales en la obra del Benny. A partir de una audición del excelente CD editado en 1992, se advierte la huella que dejaron en "El Bárbaro del Ritmo" los tres años pasados al lado del compositor de Lágrimas negras, sobre todo por la manera de hacer arreglos y composiciones para sones montunos, boleros-son y guarachas. Matamoros dominaba muy bien estos géneros, pues había dedicado más de veinte años a su composición e interpretación.
El CD deja claro que sin su paso por el Conjunto Matamoros no fueran los mismos sus más conocidos temas montunos y guarachas: Santa Isabel de las Lajas, Se me cayó el tabaco, Maracaibo oriental, Elige tú que canto yo y Francisco Guayabal, entre tantos otros.
Aunque fue con Matamoros que aprendió a tocar el son como se debía, hay una anécdota de Rafael Cueto, fundador del Trío Matamoros, que ilustra la inquietud del Benny por el jazz. Todas las tardes, rememoraría Rafael Cueto, Benny visitaba su casa con el fin de escuchar la colección completa de Glenn Miller que poseía.
De diecisiete piezas, el Benny participa solamente en ocho. Pero un dato relevante es que no son los clásicos de Matamoros los que se escuchan, son canciones que no se acostumbran a colocar en las habituales antologías que se hacen del trío, y mucho menos del Benny. Ello no quiere decir que no sean de excelente factura; por ejemplo, la segunda pieza del disco, La Cazuelita, expresa toda su picardía y contenido erótico a través de una cuidada metáfora: "Oye vecina que quiero hacer un ajiaco, présteme su cazuelita". La cazuela se convierte en el sexo de la vecina. La vecina, que capta el doble sentido, dice que no se la da porque es de su marido, pero el estribillo insiste hasta el cansancio: "Óigame vecina, présteme su cazuelita". No sé si será la misma vecina, pero en otras de las piezas en que participa el Benny, ¿Qué será eso?, vuelve la misma vecina (u otra, no lo sabremos) a entrar en escena. Esta vez se llama Rosa, no sabe nadar, parece una sardina cuando se quita la trusa y es una comilona (parece que no prestarle la cazuela a alguien del entorno de Matamoros era un error).
Hay otras guarachas interesantes en el CD. La tercera pieza, Se va a morir, contiene pasajes y floreos melódicos de los metales parecidos a muchos que luego el Benny utilizará en su banda, dando pie a que el bongó se luzca como ningún otro instrumento.
Pero sin duda las piezas mejor logradas a dúo con Matamoros son los boleros, donde el "Bárbaro del Ritmo" comienza a mostrar, por la calidad y nitidez de su voz, su sello inconfundible. En Ofrenda Criolla, un montuno con fuerte elementos de bolero firmado por el Trío Matamoros, se escucha en una excelente voz segunda a Miguel Matamoros, quien con el Benny se deja respaldar nuevamente por solos de piano de Ramón Dorca, que está en todas las piezas de este disco de lujo. También en Seré dichoso, otro bolero cantado por Benny y Matamoros, se siente, incluso, cierta cercanía con los dúos que luego haría el cienfueguero con el mejicano Pedro Vargas.
Cierra la participación del Benny en este disco la guaracha Me la llevo, y antes, Penicilina. Este último un danzonete tocado en formato de Conjunto, que hace alusión a una relación amorosa nocturna que ni la penicilina podrá curar.
Falta en esta recopilación una pieza que también grabó en México, y ojalá no se haya perdido en 78 rvm: Mexicanita veracruzana.
Benny Moré, como integrante del Conjunto Matamoros, mostraría a plenitud toda la gama de sus posibilidades vocales y recibiría enseñanzas y experiencias que moldearon y diversificaron su estilo interpretativo.