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viernes, 6 de noviembre de 2015

Mi reseña sobre El Rey de La Habana de Agustí Villaronga.

Ayer ví la película  "El Rey de La Habana," de Agustí Villaronga,  y debo confesar que me gustó a pesar del exceso de malas palabras en los diálogos donde: "pinga, bollo y singar" son de una insistencia notable, pero como en la península no tienen la fuerza en el lenguaje coloquial y cotidiano que tienen "polla y follar" en el catalogo de vulgarismos locales, no parecen tan fuertes. 
Me gustó  a pesar del barroquismo innato y perpetuo de la miseria de los personajes, como metáfora de un país o de una ciudad como La Habana, tras La caída del Muro de Berlín. 
Me gustó (like) a pesar del encadenamiento de fatalidades que parecen formar parte del adn del personaje. A pesar de que el contexto no es cubano,  pero da muy bien la medida. Incluso, cuando el personaje protagonico masculino Maykol David Tortolo, se parece a otra adaptación de un libro famoso en cine: "El perfume, Tom Tykwer."
La plasticidad del último plano del vertedero es de una belleza poderosa y feliz, aunque triste.  Es un relato sobre la oscuridad marginal de un país que parece sumergido en la luz según la propaganda oficial.  No es casual que prohibieran su rodaje en Cuba.
Yordanka Ariosa, es sin duda una gran actriz y se merece el premio de mejor actriz que ganó en San Sebastián,  pero como lo está y muy bien el travestido Hertor Medina en su personaje e Ileana Wilson, que hizo de su madre en un secundario de "Luxe" está brillante. Me alegra por la amistad que tenemos y porque se haga visible su talento una vez más aquí en Europa,  en cine. 
Felicidades a todo el equipo. Y si no la has visto:  lector, seguidor o amigo, te la recomiendo,  no perderás el tiempo y disfruta de otra cara de Cuba. Lejos de los tópicos.
La vi no sólo rodeado de europeos en Barcelona, sino que fui con una amiga cercana no cubana;   y  Margarida se río y sufrió con la dureza visual de un país que conoce,  y me dio otro ángulo más cercano a la mirada y lectura europea del director Villaronga, que apostó por la novela "sucia"  de Pedro Juan Gutiérrez para hacer este relato visual.
Quizás ayudó, dar un paseo antes  por Poblenou antes del film, picar algo en un restaurante portugués, "El Lusitano," o tener más de una quincena de años sin volver a Cuba; no lo sé,  pero también lo digo, no quiero trampas...
Barcelona. Otoño 15.
Protagonistas del filme El rey de La Habana.

viernes, 10 de abril de 2015

Paul Lafargue y Laura Marx. ¿Qué filme vieron antes de suicidarse?

Cada vez que voy a París, una de mis rutas son los cementerios. Es evidente que la tumba de un cubano en París como Paul Lafargue, quien se casó con la hija de Karlos Marx, es un sitio de obligado recorrido para mí.
Por su texto El derecho a la Pereza, por ligar con la hija de Marx y por no querer llegar a viejo y sin ideas, pactar con su mujer, Laura un suicidio tras ir al cine y ver y hablar antes con Lenin.
Lafargue era un pijo de Santiago de Cuba de familia afrancesada, que comenzó a estudiar allí y luego fue a París a estudiar.
Se hizo médico, pero su trascendencia vino por la política y por la mujer con quien se casó.
Llevo una mañana chateando con una amiga esencial sobre el tema y le dije, mira para mi desde Virginia Woolf, inglesa, a Ozamu Dazai, japonés, o a Lafargue y Laura cualquier suicidio es respetable.

Pero esa calma de ir al cine, hablar con Lenin y luego acostarse tras beber elixir letal es de una escenografía desde la calma que me emociona.
Laura Marx nació en Bruselas, durante el exilio del matrimonio Marx en Bélgica. En su infancia acompañó a sus padres a Londres, ciudad donde se refugiaron a partir del otoño de 1849, tras el fracaso del proceso revolucionario en Alemania. En la capital inglesa conoció a quien sería su esposo, Paul Lafargue, joven socialista nacido en Cuba, nacionalizado francés y llegado a Londres en 1866 para trabajar en la Primera Internacional; allí conoció a la familia Marx, y en concreto a Laura, enamorándose el uno del otro.
Paul y Laura se casaron en Londres el 2 de abril de 1868. Conocieron etapas muy duras en su vida marital: tuvieron varios hijos pero todos murieron a muy corta edad, y la militancia política los llevó a duros episodios de persecución y acoso policial, sobre todo tras la sangrienta represión de la Comuna de París. Refugiados de nuevo en Londres, ambos iniciaron algunas décadas de trabajo político conjunto en la AIT, introduciendo el marxismo en Francia y España, y ayudaron a Marx en la traducción de El capital al francés. Años más tarde pertenecerían a la dirección política de la sección francesa de la Segunda Internacional.
Friedrich Engels los nombró herederos de parte de su legado y de su obra y de bastante dinero a su muerte, en agosto de 1895.
En su domicilio de los alrededores de París, en noviembre de 1911, la pareja ya madura (él con 69 años y ella de 66 años), achacosa y sin descendencia, optó por el suicidio, algo que tenían previamente acordado para cuando su salud no les permitiera mantener su independencia y dignidad vital.
Suicidio.
Efectivamente,  en 1911 tuvo lugar el trágico suceso que llenó de estupor y tristeza a los socialistas de todo el mundo.   Pablo y Laura Lafargue se habían suicidado en su casita de Draveil, en la noche del 26 de noviembre, un gesto que sorprendió a toda la militancia socialista internacional. La entrañable pareja, después de haber pasado todo el sábado en París se habían dirigido a su casa en Draveil. Conversaron con humor, dirían el jardinero Ernest Doucet y su familia, de la jornada realizada. Laura y Pablo habían estado en un cine. Sabían cuan cerca se hallaba la muerte y eso no desfiguraba la serenidad y alegría familiar. Doucet a la mañana siguiente, inquieto por lo tarde que era dada la espartanas costumbres de la pareja, golpea la puerta, como no responde nadie, la abre él mismo, y se encuentra a Paul y Laura ya sin vida. Él permanecía extendido y vestido en su habitación. En la habitación contigua, Laura sentada en una butaca, también estaba muerta.
Todo lo demás permanecía como de ordinario: limpio, recogido, ordenado. Sobre una mesa había  una carta dirigida a su sobrino Edgar Longuet y una pequeña hojita con sus disposiciones testamentarias:
Cine frances en la década de 1910
LOS AÑOS HEROICOS

Francia, verdadera madre de la cinematografía mundial, estuvo a la cabeza del delicado momento histórico de la década del diez.

Esta fase del cine francés coincidió con una etapa de gran desarrollo industrial y técnico: el 80% de la producción fílmica mundial de aquellos años llevaba la firma francesa. Dos poderosas sociedades, Gaumont y Pathé, dominaban holgadamente los mercados de películas, sobre todo en Inglaterra, Alemania, Rusia y EE.UU. Sólo hacia 1918 estos poderosos monopolios perdieron sus posiciones internacionales, aunque mantuvieron sus principales fuerzas en Francia hasta 1930.

Los tiempos heroicos del cine francés produjeron magníficas cintas. En 1908 Le Bangy y Calmettes inauguraron con "El Asesinato del Duque de Guisa" el llamado "film de arte”. Tres años más tarde Louis Feuillade creó un nuevo tipo de películas realistas al iniciar la célebre serie "La Vida tal cual es". El mismo Feuillade realizó luego la serie de "Fantomas", lejana inspiradora del film de "gánsteres". Otro director francés importante de esta época fue Albert Capellani, quien llevó a la pantalla "Nuestra Señora de Paris" (1911) y "Los Miserables" (1912), las dos obras más famosas de Víctor Hugo, que tuvieron el mérito de volver verdaderamente popular al cinematógrafo.






Referencias:

-Lenin ante el suicidio de Lafargue y Laura Marx 

Escrito por  

miércoles, 29 de enero de 2014

¿Buenos Aires es una mina, o una Ciudad en Celo?



Un diálogo de la película Ciudad en celo. Escena de tres amigos en un bar. Uno es escritor.

¿Han visto como están las minas? Sí, cómo están. -Las minas siempre están, pero ahora con el calor se destapan... Cada año tenemos la misma conversación. Siempre es lo mismo...
Mirá, Mirá, Mirá  esa "petis", ¡cómo me gustan las petis!... Será porque lo tienen todo cerquita. Sabes que a mí también.
Pará ¿ Cuál es el sexo de Buenos Aires? ¿Cómo? No te entiendo, ¿y eso a qué viene? 
Nada, saber, estoy escribiendo mi guión y quiero saber que piensan. ¿Es el Obelisco o el tajo del 9 de julio?
-Para mi, es una Mina... Una Mina difícil, brava. Que cuando no la tenés, la lloras. Y cuando la tenés, a veces lo pasas bárbaro y a veces  quieres tirar por la ventana. Te reputeas, pero nunca le llegas a decir que no la querés más. Porque la querés. Te cuesta reconocerlo. Pero te es imprescindible. La necesitás. Pero, ¿cuándo un porteño bien nacido va aceptar que alguien le es imprescindible. En la realidad no pedo...Buenos Aires es una mina.
-Estuve así, de ponerme a llorar. ¡Vos tenes que estar en Harvard! Hermano, dando clases y liberandote a todas las gringas...
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Ciudad en Celo es una película Argentina que vi hace unos meses en Barcelona. Me impactó bastante ciertos diálogos y pasajes como este. Hecho por amigos que pasan de los cuarenta años, que tienen prohibido por el dueño del bar, hablar de fútbol, por eso hablan de mujeres. Cómo conquistarlas, cómo amarlas, cómo entenderlas. En un tono algo machista y pícaro, como el porteño, los pasajes en los que se relatan o se muestran aventuras, que son amores, son los más divertidos del film.  Más que una reseña, que siempre hago de las pelis y libros que me gustan, me decanté por transcribir algunos diálogos que increíblemente coinciden con mi vida. No todos, pero sí la mayoría. A veces Barcelona con el cielo gris, también es una mina a punto de estallar, una mujer en la distancia, un impacto que no te deja dormir. La muerte de un gran amigo del grupo es el punto de inflexión que hace girar la historia en función de un sentido. Sin esa muerte, probablemente la película no habría tenido razón de ser.

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 - ¿No sabes de quien estaba enamorado su hijo antes de suicidarse? -¿Queres saber si seguía enganchado con voz? -Mira, si lo supiera, no te lo diría, la mayoría de las mujeres tendemos atar la felicidad a un recuerdo.
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-No eres mi tipo de hombre.
-Ya lo sé. La última vez que una mujer me dijo eso estuve 20 años con ella.
-Quiero ir despacio, siempre hice las cosas demasiado rápido.
-Ir despacio y con un método no es una relación, es un planing de empresa.

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Me acostumbré a no verte, pero necesito saber que estás en algún lugar, yo aparecer y quizás en ese instante, estás pensado en mi.
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-¿Cómo es el cambio de ser amigos a convertirse en pareja? ¿Cómo se pasa de la simpatía al amor?
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Escena eliminada del film, pero incluida en el DVD.

-Córtala madres,  que  en pedo no arreglas nada.
-Ayer tomé un café. Y lo único que hice fue ver mi corazón entre la borra y el azúcar.
Ayer volví a mi casa caminando toda la noche y llegué a casa, con la cabeza sangrando de luna... Que luna pibe.. tomé un whisky y me alivié.
No tengo fiebre. Tengo la frente caliente de mujer. ...
-Igual es una voludes, pero tomar para olvidar...
-Vos no entendes nada. Yo no tomo para olvidar. Yo tomo porque la olvidé. Olvidé sus besos, su sonrisa. Mi gata se  quedó un poco con  su mirada.


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Ciudad en Celo, 2006. Argentina





viernes, 27 de septiembre de 2013

Bancos turquesa en Ocean Drive. Miami.




















Llega el Otoño en Barcelona. Por alguna razón que desconozco  ahora, me dio por pensar directamente en esta foto que hice en Miami de un banco  turquesa doble en Ocean Drive
Debo añadir que esto lo escribo tras ver la peli de Paul Auster, La vida interior de Martín Frost, donde un escritor encuentra una mujer perfecta, no obstante, cada vez que escribe una obra ella muere un poco, hasta que ambos deciden violar todas las leyes... Él en la peli no sabe de dónde había salido su musa y al inicio se hizo una pregunta esencial ¿Se puede amar a alguien de quien desconfías?


sábado, 25 de junio de 2011

Sobre la piel de un actor: Luis Alberto García


Después de 34 películas filmadas, Luis Alberto García tenía demasiadas cosas que contar sobre la vida cultural de los años noventa dentro y fuera de Cuba. Esta entrevista se la hicimos en 1999, (Yara Duverger y yo)  meses antes de abandonar nosotros el país, en pleno estreno de la  película, La Vida Es Silbar, como protagonista. Fue publicada en Encuentro en la red por Jesús Díaz, en julio de 2001, hace diez años.  Hoy la retomamos para el blog, pues su interés sigue vivo. Pido disculpas por su extensión.
¿Cómo ves la diáspora del arte cubano de los noventa en los actores?
Si yo hubiera pasado toda mi niñez y adolescencia soñando con estudiar y cuidar a los canguros, estaría hoy en Australia y no en Cuba.
¿Qué pasa con los actores cubanos? Para ir directo al grano: no hay trabajo en Cuba y el poco que existe no alcanza para vivir.
En mi caso particular puedo considerarme un afortunado porque aún consigo papeles interesantes (o no) sin tener que abandonar el país por largos períodos de tiempo, pero formo parte de un pequeño grupo que es la excepción de la regla. El mercado de trabajo actoral cubano ha sufrido una contracción atroz. El Período Especial y todo lo que arrastra hace que actualmente (septiembre de 1998) la T.V. cubana retransmita una aventura cubana, una telenovela colombiana (justo cuando llegaba a término) y una novela cubana, todas en horarios estelares.
A bolina se fueron los espacios del Cuento y Teatro I.C.R.T., hay un solo programa humorístico y poquísimos infantiles. Muchos de los mejores actores cubanos que quedan de este lado, malviven del radio o los doblajes.
En cine, sólo se ha rodado una película en lo que va de año. Salen a filmar únicamente aquellos directores que consiguen financiamiento en divisas, que sólo puede llegar del exterior, y muy pocos productores se arriesgan a invertir en argumentos que les son ajenos y para colmo provenientes de un país seriamente bloqueado por la mayor potencia del planeta, quien a su vez es el mayor difusor de cine mundial y dueño de casi todos los mercados. Por tanto, la producción cinematográfica baja a extremos alarmantes en una nación donde el pueblo prefiere las películas del patio por encima de todas las demás.
En el teatro, agobiado más aún por la escasez de recursos económicos, la falta de salas apropiadas y los recortes de energía eléctrica, puedes estar ensayando una obra medio año y luego hacer tres funciones un fin de semana, cuando antes se hacían temporadas enteras y hasta reposiciones de las más exitosas representaciones. Pululan los proyectos teatrales sin sede ni escenarios fijos, son teatristas trashumantes y encima, los peor pagados en comparación con el cine y la televisión.
Con este panorama de ribetes tan dramáticos, se comprende que muchos actores y actrices cubanos se hayan decidido a probar suerte allende los mares. No pocas veces escucho que se les critica o se ironiza a costa de ellos públicamente (otra vez la doble moral), por trabajar en telenovelas latinoamericanas "lacrimógenas" o en películas fallidas, pero esas mismas ¿personas? te susurran en privado lo bien que le ha ido a fulano en tal país y lo bien que le están pagando. Da asco. ¡Más respeto para esos artistas! ¿Quién tira la primera piedra? ¡Qué levante la mano el actor o la actriz que no haya hecho concesiones artísticas en Cuba cuando el cinturón aprieta! Revisemos el curriculum vitae de cada cual. A diferencia de los creadores individuales que son responsables absolutos de cuanto plasman en sus obras, los actores no siempre hacemos los personajes que quisiéramos desempeñar y casi nunca éstos representan nuestros puntos de vista o nuestras más recónditas opiniones, sino la de otra persona, ya sea el dramaturgo, el guionista o el director. El cuerpo y el intelecto, que son las herramientas de trabajo del actor, se anquilosan y llenan de herrumbre si no se los entrena a diario en la construcción de algún rol, se pierden facultades. La diáspora actoral se ha producido como consecuencia de la desesperación, porque la vida se acaba, los años pasan (nos vamos poniendo viejos, Milanés) y lo único que adora un actor es actuar.
Reinaldo Miravalles, Miguel Gutiérrez, Ramoncito Veloz, Albertico Pujols, Yolanda Ruiz, Beatriz Valdés, Isabel Moreno, Lili Rentería, Omar Moynelo, Lily Vega, Francisco Gattorno, César Evora, Rolando Brito, Leonor Cabal, Eduardo Vergara, Ileana Wilson, Jorge Trinchet, Orlando Fundicelli y tantos otros... ¡Cómo me duelen! ¡Cuánto me gustaría que estuvieran todos aquí y hacer juntos las mejores películas, las mejores telenovelas, las mejores obras de teatro, los mejores programas de radio, los mejores doblajes!
Pero me duele más o igual saber que Enrique Molina, el mismo que diera una soberana lección de actuación con su Silvestre Cañizo, sea taxista con licencia, o que José Antonio Rodríguez (grande entre los grandes) casi no trabaje, o que Mario Balmaseda envejezca sin volver a sus personajes inigualables. Me duele que René de la Cruz no haga más Julitos ni Samuel Claxton otro Maluala, ni Tito Junco otro papel como Pata Pelúa, o que salven del olvido a Maritza Rosales, Verónica Lynn, Aurora Pita, Manuel Porto, Miguel Navarro o María de los Ángeles Santana sólo cuando hacen una telenovela de éxito y luego sea de nuevo la oscuridad.
Me duelen los infartos de Rogelio Blaín y extraño mucho a Daysi Granados, Adolfo Llauradó, Eslinda Núñez, Isabel Santos, Thais Valdés, Nancy González, Luisa María Jiménez, Osvaldo Doimeadiós.
He visto a una gran actriz cubana pedir una lata vacía de mermelada para poder orinar en una filmación y subirse con ella en un transporte de vestuario para llevar a término tan difícil empresa, y me han dado deseos de llorar, pero he pensado en la falta de recursos. Aún así, sobreponerse no fue fácil. Luego he visto recibir con bombos y platillos a elencos enteros de telenovelas foráneas, como si fueran héroes de la patria, y recibir de nuestros funcionarios las atenciones y agasajos que nunca han tenido con los del patio, y en casos así, los recursos lejos de faltar, parece que sobran. Es una modalidad de apartheid que no comparto ni aplaudo y nos hace sentir inferiores. A los nativos (actores y actrices) no se les premia nunca con estancias en el Hotel Nacional o el Cohiba o el Meliá Varadero, Cubana de Aviación no les lleva gratis ni a Isla de Pinos, Cubanacán se desentiende y Panataxi no los traslada a ninguna parte como cortesía de la Empresa. Para recibir ese paquete exquisito hay que venir desde más allá de la plataforma insular. Yo solo pienso que con todo ese dinero bien podría comprarse un trailer con baño incluido y refrigeración, para que mi gran actriz olvide la lata de mermelada. Ella no quiere un tour, quiere un baño en su centro de trabajo (que nunca está en el mismo sitio). Mi abuela, vieja sabihonda donde las hubiera, que en paz descanse, me diría: "Mi'jo, son candil de la calle y oscuridad de la casa".
Me alegran los éxitos del "exilio actoral" cubano y me laceran los desaires y maltratos (voluntarios e involuntarios) que sufren los que están en el "insilio". Mientras tanto, tengo en casa a una actriz, que hace seis años que no trabaja como tal, y se me pone mustia algunos atardeceres fatales. No se ha ido a probar suerte porque me quiere, ya no tiene 20 años y encima tiene dos hijas conmigo. ¡Menos mal!
¿Y qué crees de los que hoy hacen revolución con la música y el arte cubano en cualquier parte?
Se ha abusado tanto del adjetivo "revolucionario" y se usa de manera tan arbitraria, que me provoca la mayoría de las veces cierta desconfianza, sobre todo si el que se autoproclama como tal (refiriéndose a la Revolución Cubana) demuestra con su vida diaria exactamente lo contrario. He conocido realmente bastante pocos revolucionarios de esa clase, y cosa curiosa, no se preocupan mucho por hacérselo saber a los demás. Se ha entronizado tanto la doble moral, a todos los niveles, que ya no sé a quién creerle.
Es por ello que de un tiempo a esta parte prefiero a los que hacen revolución en el sentido más literal. Es decir, a los que revuelven, cambian y alteran el orden de las cosas en sus esferas o campos específicos. Me gustan definitivamente los que mueven ideas, buscan otros caminos y otros puntos de vista, a sabiendas de que no hay verdades absolutas ni respuestas definitivas. De ésos, está llena la Cultura Cubana, dentro y fuera de la Isla.
Constantemente se revolucionan las artes plásticas cubanas (a mi entender, la punta de lanza de nuestro panorama artístico y laboratorio de todas las vanguardias) con formas y contenidos novedosos (y escabrosos); lo mismo ocurre en la literatura, cuyas huestes se nutren progresivamente de jóvenes escritores con diversas y muy peculiares maneras de plasmar sus vivencias, otro tanto sucede en la cancionística, el teatro, la danza, el cine. Las generaciones se relevan y es lógico que cada una niegue algo de la anterior y cambie, o pretenda cambiar lo que hasta entonces se consideraba perfecto y lo moderno. De todos ellos, solo puedo creer en aquellos que son consecuentes con sus ideas y se lanzan al ruedo, sin pensárselo, para hacer su obra, que se de a conocer, compita y levante vuelo. Es la obra lo único que logra salvar al artista, no las buenas intenciones; y si las carencias o incapacidades del país impiden que se realice la obra, hay que tratar de desarrollarla en otros lares, cueste lo que cueste. No creo en aquellos que se cansan y se dejan corroer por el desaliento. Ser artista y vivir sólo de ello, es difícil en cualquier rincón del mundo. Por cada triunfador hay un ejército de perfectos desconocidos, frustrados en su gran mayoría, pero aún éstos últimos tendrían que insistir hasta el límite de sus fuerzas por imponer su obra. Los artistas cubanos que hoy habitan temporal o definitivamente en tantos países disímiles, merecen todo mi respeto (más allá de si comulgo con sus ideas políticas o no), sólo por el hecho de que los he visto luchando a brazo partido en condiciones competitivas muy duras y en un terreno que desconocen, por hacer su trabajo. Algunos sin hacer concesiones de ninguna índole, otros, haciendo algunas, y otros, (los menos), haciéndolas todas, pero no seré yo juez de ninguno. Ellos son de mi equipo, y yo soy fiel a dos equipos: al de los artistas y a los Industriales.






Este texto fue publicado en 2002, también por la web, Arte en Miami. 
Foto del periodico Digital, El Habanero.

jueves, 10 de marzo de 2011

Centro de atención al emigrante: Síndrome de Ulises



-Quiero suicidarme.
-¿Qué motivos tienes?
-Esto no es lo que esperaba.
-¿Lo que esperabas o lo que soñabas?
-Trabajo más que en mi país natal, en algo que no me gusta, más bien detesto, y solo me da para sobrevivir.
-¿Sabes que más de la mitad de la población nacida aquí está como tú y no han atravesado el Atlántico?
-No
-¿Alguien te dijo que vinieras?
-No.
¿Estabas mejor en tu país?
No.
-¿Sabes que tu futuro es el presente cotidiano de la gente? ¿Has vuelto?
-No.
-¿Te quieres volver?
-No
-¿Sabes que todos tenemos ese estrés de sueños no resueltos:
con FACTURAS Y VIDA como primera necesidad?
-¿Y qué hacen?
ASUMIRLO. Sabiendo que la solución de la realidad se construye con pasos muy pequeños.
-¿Cómo?
-Soy psicólogo, no mago.

Hace diez años cuando escribí este texto, había visto una película francesa Odio, de Mathieu Kassovitz, donde el protagonista, un emigrante árabe, se suicidaba tirándose de un balcón de un edificio en las afueras de París, mientras caía iba pensado, el problema no está en la caída, sino en el aterrizaje/ el problema no está en la caída, sino en el aterrizaje/ el problema no está en la caída, sino en el aterrizaje...