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sábado, 29 de noviembre de 2014

Japonesismo acertado del pintor Carlos Quintana.


En todas las casas y ciudades  donde he vivido en ambos lados del Atlántico, o he dormido, La Habana, Paris, Madrid, Sevilla, Barcelona, Roma, Miami, (etc)...  tengo por costumbre tener libros en el váter o llevarlos a la hora de... Sé que no soy el único y muchos ahora llevan ipads y móviles. Yo llevo larga tradición.
Suelen ser libros de poemas o cuentos cortos pero por alguna razón llevo un tiempo acumulando también novelas de las cuales releo fragmentos subrayados por mi en primeras lecturas. 
Una de las que tengo ahora es "Lo Bello y Lo Triste" del japonés Yasunari Kawabata, texto altamente recomendable por lo que cuenta de la cultura tradicional  japonesa en Kioto. 
Mientras releía. ..
"LA basta playa está flanqueada por bancos y sobre ambas orillas se suceden los balcones de las "casas de placer" cuyos faroles se reflejan en el agua como si fuesen estrellas . Los pañuelos purpúreos de los jóvenes actores de kubuki flameaban en la brisa nocturna... (...) Sus movimientos son tan graciosos que quienes lo ven quedan prendados  y no pueden apartar su mirada. Las cortesanas lucen en toda su exquisitez mientras se pasean arriba y abajo; más adorables que la flor del hibisco,  esparcen la fragancia de sus caros perfumes...."
En 1690, el poeta Basho  que visitó la ciudad escribió: 
"Lo que llaman
Disfrutar la noche de verano
A orillas del río."

Lo que no sabía era que me iba entrar un mensaje y dejara de leer para mirar el móvil y del Twitter pasé al facebook y cuando abrí me quedé parado al ver este cuadro de evidente japonesismo del pintor Carlos Quintana. Que debe estar tan fascinado como yo con Japón cuando es capaz, gracias a su talento, de trazar lienzos como este, para mi a la perfección con una novela japonesa. No existen las casualidades. Existe el buen gusto, y sobretodo los matices...
Carlos y yo en Kioto juntos en una de esas dos orillas  fuera algo más que inspirador...


jueves, 27 de noviembre de 2014

Lasaña de Plátano maduro con ropa vieja.  Un viaje a los milagros y la memoria...




De los  dos platos y el postre que comí en Frijoles Negros, la primera vez que fuí, sin duda "La Lasaña de Plátano con ropa vieja," se fijó en la memoria de mi paladar. 
No le quito méritos al ceviche fresco, y mucho menos al queso italiano Panna Cotta con mermelada de guayaba que fueron el postre que cerró esta cena con Xavier Cugat de banda sonora todo el tiempo. Por cierto, muy leve para dejar conversar y a una distancia perfecta del oído.Pero hay platos que se quedan más que otros por olor, creatividad y buen gusto.

La Lasaña llega a la mesa acabada de hacer y adornada con dos espárragos trigueros que probé por primera vez en Andalucía hace ya quince años.
Su verdadero equilibro en el paladar gustativo son   el contraste de plátanos maduros con la carne de ropa vieja que lleva entre dos parejas de plátanos encima y dos debajo. Que además contienen aceite caramelizado.
La carne estaba en su punto de sal, y los plátanos tenían un dulzor cercano a los plátanos en tentación que preparaba mi tía en La Habana, no contaré aquí cómo activó los recuerdo de mi infancia habanera este plato entre la carne y el plátano y la músicas y congas leves. 
No le dije a Juan Carlos Puig Bretones ese día, lo escribo ahora, que ya no necesito volver a Miami para recuperar verdaderos sabores de la comida cubana,  que a pesar de que aquí le dan giro Mediterráneo, con otros condimentos y sutilezas,  hacen que se fije mejor, no el sabor de los sabores, sino, "El arte del Sabor," como llamó Bebo Valdes a una de sus canciones.
El fin, llegó con un Martini Expres con espuma  de café que hacia flotar tres granos sin moler,  que mezclados con el ron que contenía la copa, te estaban diciendo eres conciente de que volverás a Frijoles Negros a seguir degustando platos como si fuesen ritmos y sabores como si fuese música.
Y he vuelto para andar sobre sabores varias veces. Esta la primera la última en comentar, así funciona mi sabor.





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