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lunes, 7 de mayo de 2018

¿Podemos darnos el lujo de no saludarnos tan cerca del mar...?

No creas que no te vi... yo te voy a ver siempre, incluso cuando no nos crucemos. Eso pasa cuando la gente no habita en la superficie, sino cuando es iceberg de recuerdos -pronunciando 'aisberg' y no izeber como dicen algunos aquí. Haber sentido tu respiración, tus relatos de Rusia y París desde la intimidad de la piel, me hace imposible tu olvido. 
Me hubiese encantado besar tu mejilla suave de primavera hace apenas unos minutos en Bogatell. Pero giraste el rostro con una violencia que me permitió advertir que aun tienes una herida que yo no te he hecho pero crees honda. 
Giraste la cabeza similar a aquella niña que torció la cabeza de su muñeca para mirar a Julio Cortázar en un tren París-Marsella.
Soy poeta y paciente. El mar cura esas heridas.
Bon dia, mejilla.


A Y. G Valido. Bogatell. Primavera 2018 

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