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viernes, 17 de enero de 2014

He visto el filme La ladrona de los libros...¡Extra-ordinaria!

"Desconfía de la casa que no tenga libros"
Enrique José Varona.


No he visto, La gran Belleza de Paolo Sorrenotino;  ni la última de Woody Allen; ni la ultra sexual, Nymphomaniac. Volumen 1 de Lars Von Trier... Todas recomendadas por amigos cinéfilos y gente que confío; he comenzado el año 2014 de cine con:   La ladrona de los libros, y me gustó con palomitas y piel. Nominada al Oscar por la  mejor Banda Sonora, de esto último no diré ni una palabra..., mi texto, una invitación a la lectura.
La Ladrona, enseña que leer lo escrito sin censura bajo cualquier régimen, incluso el dictatorial de Hiltler donde se desarrolla el filme, te mantiene vivo la parte sensible, y esa sensibilidad reforzada por las ideas en los libros,  condiciona tu existencia, o sea, tu libertad.  Ademas, despierta la ilusión en las adversidades y seguro te prepara para afrontar cualquier imponderable. 
Duele ver que las dictaduras quemen libros, la hoguera de la película cantando al régimen recuerda lo peor del infierno; pero a mí me duele mucho más que donde no los queman y hay redes de bibliotecas espléndidas como en Barcelona,  hay muchos que no leen, ni insitan a sus hijos que lo hagan. La protagonista de la película es capaz de coger un libro hirviendo de la hoguera con tal de poder leérselo, a riesgo de ser eliminada por judía, eso demuestra que su afán por el conocimiento no tenía límites.
Si tienes un hijo de más de nueve años, preadolescente o adolescente, y te interesa que lea, te recomiendo que le lleves o sugieras que vea la película. Es una historia triste que condiciona el corazón que se forma para salir de la adolescencia en la palabra, pero nuestros hijos también deben saber que la tristeza es parte de la condición del baile de la vida.
Hay varias escenas que te hacen llorar y reír, pues la curiosidad en el aprendizaje de la protagonista le hace asumir riesgos; otra enseñanza. La cultura te hace asumir riesgos que la vida en un mismo hábitat no te despierta.
Yo fui capaz de robar un libro en la Biblioteca Nacional de Cuba cuando era más que adolescente, por la emoción de tener los poemas del poeta José Lezama Lima en mi casa. Su libro estaba subrayado con sus uñas, como a él le gustaba señalar los versos que le gustaban de sí mismo, ese ha sido mi único delito consumado, además de amar correcta e incorrectamente.
Hace unos días, en una íntima cena en el eixample barcelonés de la que prometí no hablar,  contaba sin saber vería esta peli,  que cuando me llevaron a la policía por robar el libro del que hablo anteriormente, el oficial de la policía dijo, -¡Con tantos problemas que hay en este país y traen ha este imbécil que se ha robado un libro! ¿Lezama? quién es ese tipo...
A la protagonista de la peli,  la actriz francocanadiense Sophie Nélisse (Liesel), cuya actuación se sale de la película para sensibilizarnos cariñosamente con su mirada y sus rizos, nunca la cogen robando libros, fue mucho más lista e inteligente que yo, quizás porque la vida le preparaba golpes muchos más fuertes que le condicionan su vida.
La mejor escena del film -según mi criterio- es cuando ella descubre que bajo un bombardeo lo mejor que se puede hacer es que alguien toque el acordeón como hizo su padre un día... -su padre adoptivo tenía el corazón pleno de música-, pero en  ausencia de éste que  lo reclutan obligatoriamente para la guerra, ella -que tiene el corazón lleno de literatura que ha aprendido robando libros- comienza a contar en voz alta en el refugio antiaéreo, una historia que se le ha ocurrido, y logra que el miedo a la muerte que caen en forma de explosiones  en la superficie, se aleje del cuerpo de todos, a pesar de que las bombas caían muy cerca.

    La narración oral de la niña mientras caen las bombas.

Jamás pensé que eso me iba a recordar que el miedo de vivir en la dictadura, yo y muchos amigos lo habíamos minimizado a través de la curiosidad permanente por la cultura en general y los libros en particular. Mientras más te censuran, mientras más nos prohibían Los Castro-enteritis fecal;  más libros, más música no oficial consumíamos, y eso nos mantuvo no solo vivos, sino con la sensibilidad alerta...
Siento que mi hija solo tenga menos de seis años, sería feliz solo con saber que alguien a seguido mi consejo de introducir a sus hjos o sí mismo en la sensibilidad por la palabra, las ideas y la literatura a traves de una peli sencilla pero una gran historia de este bella ladrona de libros y de vida.



Nota. La película está basada en la novela 'La ladrona de libros' de Markus Zusak. Una magnífica adaptación del best-seller homónimo  que ha dirigido Brian Percival.





sábado, 19 de octubre de 2013

Un cuento erótico para una lectora desconocida...










Otra Carne...

Dormía desnuda después que ambas habíamos limpiado el albergue, su desnudez la hacía más inocente envuelta en el silencio y la calma. Aquel reposo estético anterior a la  comida  formaba parte de la atracción diaria que generaba su cuerpo al saber que su costumbre era  desnudarlo bajo las sábanas.
El sueño va acompañado de esos jirones leves e inconscientes, cuando se adormece la carne que va entre la carne. Este modesto trastorno de posiciones y la corta longitud de pliegues de sábanas que tenía sobre el pecho y el cuello hizo que un seno saliera sin pudor bajo la tela. Esto tiene que haber ocurrido otras veces porque apareció sin timidez en su naturaleza.
Las pasiones son bellas cuando permanecen inconfesables y malditas. Yo intentaba concentrarme en la lectura pero los matices bronceados del pecho y el cuello formaban un contraste notable con la democracia pálida de aquel seno ondulado y pasivo. Nunca había podido observar con tanto detenimiento un pecho. 
Su seno marginado y sublime reproducía su rostro en mármol y sin párpados, daba una idea exacta de la esbeltez de sus nalgas tapadas, risueñas y tranquilas en su respiración. Su pezón reposaba sobre su círculo con el sostén que genera el equilibrio de esa carne débil capacitada sólo para el tacto húmedo de la lengua y la leve superficie de los dedos. Entre la aureola carmelitosa del pezón y las líneas de su masa adiposa, se cierra parte de su magia como la del caracol sobre su oído. 
No deseaba tocarlo, sería un crimen desdibujar con una caricia la forma de algo que ha condicionado toda una cultura contemplativa con el carácter de sernos necesaria, útil por el placer que representa a la humedad de la lengua. No miré con odio ni recelo, no deseaba competir, competir entre mujeres es ser tonta heredera de Safo. Había algo perdurable en su pecho que lo hacía alcanzar su eternidad. Es como estar en el seno de Dios. Su belleza sobrevive ahora bajo cualquier blusa sin sostén y no sé la razón, este resto de fe no está en mi poder.

    Arsenio Rodríguez Quintana. 


Una lectora de este blog me preguntó ¿desde cuándo escribes? Hacía mucho nadie me preguntaba algo así, era evidente que no pertenece a mi círculo más cercano. Quizás algunos más se hagan esta pregunta... Mi respuesta es este cuento publicado en varias antologías de escritores cubanos de los noventa, y en homenaje directo al día del cáncer de mama que es hoy, Día Internacional del Cáncer de Mama.

Comencé a escribir alrededor de 1986, cumpliendo el Servicio Militar Obligatorio pero publiqué por primera vez, un año más tarde. Fue el pintor y músico Adrián Morales quien me pidió un poema que había escrito de uno de sus cuadros para el catálogo de su exposición  Permanencias, que hizo en la Casa de la Cultura de Plaza de la Revolución. Luego, Bladimir Zamora, de la revista el Caimán Barbudo me publicó mis dos primeros poemas en la sección por Primera vez, de esa revista que tiraba 40 mil ejemplares para todo el país. En 1989, vio la luz mi primer cuento erótico sobre masturbación femenina, Desasosiego, en otra revista, Naranja Dulce;  en ese mismo año salió  mi primera entrevista a un músico,  Gerardo Alfonso,  en la revista Alma Máter de la Universidad de la Habana, en colaboración con Radamés Molina.  
El espaldarazo final al proyecto de ser escritor se lo debo a Salvador Redonet Cook, quien me incluyó, con un cuento erótico-porno, Epitalamio en la antología Los últimos serán los primeros, en 1993. Redonet me cambió mi punto de vista, porque ya no solo fue el apoyo de un profesor  de la Universidad,  sino que él hizo un trabajo crítico sobre una generación de autores (en aquel momento llamados novísimos y sedujo a otros profesores, como Margarita Mateo Palmer, para que estudiaran este nuevo fenómeno, en su libro, Ella escribía postcrítica, Mateo incluyó un fragmento de mi cuento (Dos Fugas). También sus alumnos ayudantes, investigadores literarios como Jorge Brioso, se interesaron por nosotros. Brioso, por ejemplo, me desveló el carácter creativo de mis primeros cuentos… Otra Carne, de 1989, incluido en mi primer libro La Caída y otros deseos, 2000, refleja como ninguno, la escritura que de mis orígenes.  El azar quiso que Brioso pasara por Barcelona desde Minnesota, y pasamos una tarde con Radames ( los tres juntos rememorando viajes y vidas) y luego la noche rememorando lecturas habaneras. 
En el diálogo recuperamos el olor del Malecón, entre la música y las sílabas, lo último que me pidió fue que leyera a él y a su chica aquel cuento lésbico erótico que tanto le gustaba y que me hizo leer en la Embajada Francesa en La Habana una vez, también a inicios de los años noventa. 



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