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lunes, 3 de febrero de 2014

Soy un tocador de señoras.... Pre-digital y analógico.

Soy un autor digital, mis palabras viajan por la red a pesar de haber comenzado a escribir versos de sonido gracias al fuelle de una máquina Underwood de un amigo de infancia: Juan Carlos Piñol. Con ella -esa máquina era femenina como una señora que adelgaza  cuando se separa o divorcia- escribía cincelando versos sobre una barra de hierro circular. 
En estas máquinas del siglo pasado los versos se grababan con la tecla y la tinta como la voz con el aire y el vinilo. Con el iPad las palabras se graban y escriben en silencio, similar a un secreto, o a ir nadando de pecho sobre el agua sin hacer espuma, sin el sonido de gran parte de la literatura del siglo XX.
Ahora, el cursor tiene el privilegio  de hacer las veces de un corazón en silencio que late, espera, aparece y desaparece, es el nervio de cada cosa que escribo y tengo la sensación que acelera o frena según caen palabras  o lágrimas: es invierno en el barrio de Gràcia en Barcelona, y acabo de ver una Underwood igual a la que comencé a escribir en una tienda de segunda mano donde el suelo es igual a la casa que viví siete años en La Habana Vieja, ya sabes lo que viene, la nostalgia es una mierda, sólo existe para saber que tuvimos un pasado para contarlo.



foto: Obra de Marcel Duchamp