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| Foto aérea de la Escuela de arte de Ricardo Porro. |
Me sorprendí bastante cuando el arquitecto cubano Ricardo Porro, uno de los creadores de las escuelas de arte de Cubanacán, volvió a La Habana a finales de siglo XX, propiamente a la Universidad donde impartió unas charlas sobre arquitectura, y el éxito no tuvo comparación. El grupo Habana Abierta, fue a tocar a los Jardines de la Tropical en el 2003, después de vivir más de cinco años en España, y reventaron el espacio con éxito incuestionable. Uno de los Habana Abierta, Kelvis Ochoa, retornó con su familia y se reinstaló en La Habana con éxito. Otro caso similar le ocurrió al grupo de rap Orishas, que se marcharon desconocidos a inicios de los años noventa y regresaron una década después para cantar en la mismísima Plaza de La Revolución. Incluso, la voz crítica (periodista digital) del gobierno cubano en los últimos años, Yoani Sánchez, también es una retornada-quedada, o sea, también encontró su luz al volver a su patria, dando fe a la frase que tanto le gustaba a José Lezama Lima “el que busca los orígenes, encontrará orígenes nuevos”
Hay otros miles de ejemplos de artistas y escritores que han vuelto con ruido o en silencio a La Habana, a recibir las palmadas y el aplauso en la intimidad o públicamente. ¿Es censurable







