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sábado, 31 de mayo de 2014

Tenías que ser negro. El racismo en Cuba.





Anécdota racista en Cuba, mi biografía.
En el verano de 1993 fuimos a ver en el videoclub de 31 y 30, en Miramar, el estreno en Cuba de El último tango en París, donde Marlon Brando y María Schneider caminan por París, se encuentran casualmente cerca de la isla de los Cisnes, y aplacan sus angustias con sexo delicado, infinito, y explícito.   Hoy convertido en clásico. Cuando se acabó la peli, mi suegra, Yara y yo, montamos en el bus que atravesaba toda la ciudad hacia La Habana Vieja donde residíamos, no puedo recordar de qué hablábamos, pero todos íbamos impactados con la película de Bernardo Bertolucci que había sido estrenada en el mundo veinte años antes.

Al bajarnos del bus, ellas lo hicieron por la puerta central y yo fui hacia la última sin pensar que eso sería un problema. Cuando estaba a punto de poner un pie en la acera, alguien por detrás me levantó y me pegó a la pared de un edificio… Yo alucinaba, pues no tenía ni idea de lo que ocurría, había mucha oscuridad en esa zona, dos calles antes del Paseo del Prado, muy parecido a Las Ramblas de Barcelona con salida al mar; no obstante, uno, sacó un carné de la seguridad del Estado y me dijo: -que quién ¡cojones! era yo para jinetear en la guagua a esas extranjeras…

El otro, antes de permitirme hablar, ripostó, ¡tenías que ser negro! Asombrado, después del cacheo que siempre roza el tocamiento homosexual, dije que no estaba persiguiendo extranjeras, que una era mi esposa, y, la otra, mi suegra. Esbozando una sonrisa el militar vestido de paisano me dijo – ¿No te ves muy negro para estar con esa blanquita?... El otro remarcó, ¿qué cuento es ése de tu suegra, esa rubia?... No la veía bien, eran mechas, no es que fuera rubia y la otra tampoco es que fuera blanquita, pensé. Mientras, el otro, dudando un poco, me dijo: -A ver, llámalas… Como no te contesten irás directo al calabozo ¡negro e mierda!

Yo grité: -¡Amoreeee! y no se volvió, con el ruido de la salida del bus, no me escucharon, luego grité su nombre, y ambas se volvieron, y me vieron entre esos dos personajes de misterio que al momento se incorporaron como si fuesen dos amigos míos. No me pidieron disculpas y se fueron en silencio sin reconocer ningún error. Debo aclarar que los dos eran negros y habaneros, por el acento, o sea, su desprecio era racista con poderío militar como casi todo en esa época allí.

Pensaba en esto después de que la Unión Europea le diera el premio Sájarov a la Libertad de Conciencia, 2010, al disidente y negro cubano: Guillermo Fariñas.

Me dije, en las reuniones de Seguridad del Estado al más alto nivel, seguro habrán comentado, ¡mierda, negro de mierda! Seguro no saben que en Europa, los actores de teatro utilizan la expresión ¡Mucha Mierda! También como señal de ¡buena suerte!

Foto Arkolano

viernes, 30 de mayo de 2014

Loca primavera en Barcelona: Llueve, hace sol, casi frío ...


Así amaneció ayer en Barcelona. Como siempre la música del coche eligió al azar a Bola de Nieve bien cantado y versionado por la cantante de jazz y copla flamenca Martirio, que lo aflamenca para destrozarte todas las emociones y caprichos por los que has navegado en tu vida...
Cuando salgo en la salida 14 de la Ronda de Dalt con dirección a Hospitalet de Llobregat, caigo en que una de las definiciones de la palabra nostalgia podría ser es:
Ir escuchando a Bola de Nieve por Barcelona, y justo en la rotonda de Cornellà, ver un cartel con el anuncio de un perfume de Narciso Rodríguez. Que tiene un apellido igual al mío, ha vestido a la mujer del presidente de los Estados. Unidos, y sus padres son  de Cuba como los míos. En este caso nostalgia es ese rayo de luz en forma de arcoiris cuando me dicen desde La Habana que la operación de mi hermana salió bien y ya está en casa. 
Sí, uso a Narciso después de ducharme no sólo por el nacimiento de mis padres y los suyos, es bueno... ¿Quizás soy superficial por haber tenido un padre marino mercante?¿ Quizás soy un exagerado por preocuparme demasiado por la caída del segundo diente de mi niña que se hace mayor y mediterránea  justo ante mis ojos...

                                                        




     Narciso Rodriguez
De origen cubano-americano estudió, al igual que Tom Ford, en el Parson’s School of Design de Nueva York. Trabajó para la marca americana Anne Klein, donde colaboró con la entonces diseñadora de esa firma Donna Karan. Luego diseñó el prêt-à-porter femenino para Calvin Klein. En 1995 se convirtió en el director de diseño de Tse y ese mismo año fue nombrado director de diseño de Cerruti en París, que le catapultó a la fama.