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domingo, 14 de enero de 2018

Alex Serra no teme al soul ni a Bob Marley y lo renueva con Gato Suave. Bar Viu. Gràcia.



Alex Serra es un músico que se acompaña con una guitarra pero le interesa más el sonido que la propia guitarra, busca o explora despertar el alma en el espéctador, y la encuentra. Lento, sin prisa y con medida con su proyecto 'Gato Suave.'
Sabe llevar el tempo y la respiración de las canciones. Te arrastra hacía él con una calma trampa. Tiene un embrujo sutil y unos matices muy leves con lo que arma sus canciones en castellano y en inglés.
Satie decía que mientras componía tenía que pesar cada nota. Ayer en  "Bar Viu," en Grácia,  Alex pesaba cada nota tocada y cantada.  Y sin prejuicios incorpora a dos bailarines o a un poeta que improvisa  y él pasa a un segundo plano. No le interesa pasar a ese plano; incluso cuando hacer cover de Bob Marley donde lo reinventa sin miedo y los deconstruye para el diglo XXi.

Ayer le dice a Valentina Sousa (otra cantante amiga con àngel y alma y que me condujo a él) -Claro que escribiré sobre Alex Serra.  Es muy bueno de verdad, Alex Serra tiene alma. Hay virtuosos que no siempre la tienen o su alma no coincide conmigo por muy virtuosos que sean en su velocidad y genio. Puse un ej. Paco de Lucía era un genio virtuoso. Pero yo me quedo con el gusto sutil y medido de Raimundo Amador y su manera de gustarle acariciar el sexo de cada cuerda cuando improvisa en el blues. Eso. Es parte de lo que pude leer ayer al escucharte en vivo por primera vez
.
El catalán Alex Serra no teme aproximarse a Bob Marley. Desde el soul o ritmos puramente africanos en sus rifs a la guitarra y los renueva. Tampoco teme improvisar a partir de las energías del local donde toca, habita y se adueña, a veces con blues. Parece que tuviese un ADN negro clavado en algún lugar.
Es una suerte abrir el año descubriendo un cometa.

sábado, 13 de enero de 2018

La foto más erótica del año: 2018.

DE MI LIBRO ME GUSTA DAR DE COMER A LOS ELEFANTES 


Es una exageración este título. Es el deseo de llamar la atención sobre una seguidora en Instagram que vive en la Amazonia y se llama Mel. No sé si significa miel que ahora tomo con vainilla black tea. 

Pero cuando todo el mundo hoy es erótico con cientos de fotos de sí mismas que no lo son. 
Va esta joven brasileña y me sorprende poderosamente con una foto un poco oscura. 
Su cuerpo desnudo en el que no se ve nada 
salvo la piel que es mucho, un vaso y una botella. 
Un sofá barato de Ikea (imagino) que sostiene un cuerpo que es el origen del mundo. 
Solo ves piel de Mel. 
Que fonéticamente suena piel de miel (insisto). 
Ves piernas que se cruzan desnudas encima de una vagina que no ves,  
pero que supones dispuesta y adiestrada a la caricia, pues el vino barato (desde Europa la arrogancia te hace creer que todos los son) 
crees que simplificará ese acto. 

No sabes si la botella está vacía, si estás seguro de que ella bebe. 
Intuyes todo lo que va a ocurrir debajo de esa piel y fuera de ella tras la foto, 
si fueras él cámara. No soy el cámara 
soy ménage à trois de esta escena
el amanuense egipcio que escribe.
Me hace' feliz no tener la responsabilidad de abatir ese cuerpo.
La futura felicidad de otros me hace mejor, aunque en este instante
yo esté más cerca de un blues.



Decir: es la foto màs erótica del 2018 es una:
hipérbole, ponderación, amplificación, ampulosidad, grandilocuencia, ditirambo, altisonancia y rimbombancia. No obstante, también le sirven los antónimos: moderación y  sobriedad.