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domingo, 15 de marzo de 2015

¿Qué libro buscaras este domingo en el Mercat de San Antoni? Bomarzo que me llevo a Italia, como Rayuela a París.

Dos escritores argentinos me sembraron un ADN europeo de Francia e Italia antes de vivir en Europa, hecho que les agradezco infinitamente. 
Uno como legado histórico:  Manuel Mújica Laínez con su novela "Bomarzo" y Julio Cortázar con Rayuela a través del exilio literario de sus protagonistas y su interacción con París. De París debo decir que ya había leído "París era una fiesta" de Ernest Hemingway, literariamente es floja, aunque su interés toma peso por los escritores exiliados voluntariamente en París en el cual yo me reflejaba en un futuro no muy lejano  sin duda alguna.
De Bomarzo que leí dormido y despierto en esa maravillosa Habana de los ochenta nada mejor que la nota de su editor: 
"El jorobado duque Pier Francesco Orsini, entre cuyos parientes figuraban papas, señores de la guerra y distinguidos cortesanos, poseía gran cultura y sabiduría y, en su extravagancia, creó hermosos seres fantásticos con cautivadoras deformaciones, que instaló cerca del castillo, en un lugar conocido como el Bosque de los Monstruos. La vida y aventuras del atroz y angelical duque de Orsini, sus incontables desgracias y hazañas, constituyen el memorable mural en el que Manuel Mujica Laínez despliega una visión cínica y objetiva de los manejos de la política y del poder, de la psicología de quienes lo ejercen. Reelaboración minuciosa, mágica y poética de todo un mundo de príncipes, cardenales, condottieri, bufones, artistas, cortesanos y escritores, Bomarzo no sólo es una hermosa novela histórica, sino una narración apasionante que trasciende el género para convertirse en la crónica lúcida de una civilización, y la obra más ambiciosa y acabada de uno de los máximos exponentes de la narrativa hispánica contemporánea."

Hoy puedo decir que Cortázar junto a Lezama Lima me consolidó en una carrera literaria en la que persisto voluntariamente impresa y digitalmente,  y Mújica Laínez sin duda me empujó hacerme historiador para tener otros elementos. Tras él caí en otr@s que recrean la historia en su literatura.
Busco la edición que me leí en Cuba de este libro.
Todo esto lo escribo tras la pregunta de mi amiga entrañable Sabina Ordoqui ¿qué libro buscaras este domingo en el Mercat de San Antoni?
-Bomarzo, de Manuel Mújica Laínez, Ed.  1962.



Jardin de los monstruos en Bomarzo, donde transcurre. La novela.

domingo, 3 de agosto de 2014

Mi encuentro con J. Cortázar y Lezama entre unos tacos mejicanos en Grácia. Barcelona.

    Julio Cortázar y J. L. Lima en La Habana.

"El pintor Mariano nos reunió en una cena, particularmente exquisita en un momento en que todo faltaba en Cuba, y Lezama llegó con un apetito jamás desmedido desde la sopa hasta el postre. Cuando lo ví saborear el pescado y beber su vino como alquimista que observa un precioso licor en su redoma, sentí lo que luego "Paradiso" habría de darme tan plenamente el descubrimiento de una poesía capaz de abarcar no sólo el esplendor del verbo sino la totalidad de la vida desde la más infinita brizna hasta la inmensidad colmada. Recuerdo que pensé en la frase de Descartes, cuando un pedante que lo veía comer con apetito se maravilló de que un filósofo pudiera crecer hasta ese punto a la sensualidad y Descartes le respondió. "¿Pero es que creéis, señor, que Dios, ha creado estas maravillas para el sólo placer de los imbéciles?"
Julio Cortázar
    Tabla de tacos..., iPad, lentes de ver y cerveza Negra Modelo...

Leo sobre este encuentro en un bar mejicano de Grácia en Barcelona, mientras pido una variedad de tacos de este local  de la Calle Torrijos. Lo curioso, es que antes entré en la librería Taifa en la calle Verdi y encontré  este libro  biográfico sobre Cortázar donde no sólo sale este encuentro, sino donde hay unas fotos espléndidas sobre su relación con Cuba... Lo mismo en el malecón habanero, en la Torre Iznaga o con Lezama.
Hoy no buscaba yo ninguna nostalgia con mi país de nacimiento. Y resulta que hacia donde miro, aparece una isla, y para cerrar, los tacos vienen acompañados de tres tipos de salsa, una Taquera, otra Morita y la última,  -y la que más me gusta: Salsa Habanero. Me persigue la cubania, incluso cuando no la busco.

    Cortázar ante la torre Iznaga en Trinidad.


Post relacionados: Cortázar en el Malecón Habanero





lunes, 7 de julio de 2014

Mi primera boca de metro en París con Julio Cortázar bajo el brazo.

Antes de entrar en este maravilloso túnel en París, barrio XV, en noviembre de 1999, todo lo que sabía de un metro lo había visto en pelis (la estación donde se cruza  Marlon Brandon con su ninfa en el "Último tango en París" está muy cerca de esta estación)  y un excelente texto de Julio Cortázar llamado, "Manuscrito hallado en un bolsillo" si mal no recuerdo.  Al igual que en otros relatos de Cortázar el metro de París es el escenario... "¿Quién no ha construido en el aire saturado de un vagón de metro alguna aventura romántica producida por una supuesta sonrisa reflejada en la ventanilla?" 
Ahora llevo viviendo más de trece años en una ciudad -Barcelona- con muchas líneas de metro cerca del Mediterráneo. He visitado varias ciudades y en casi todas he montado metros cuando los tienen: Milán, Roma, Bruselas, New York, Praga, Madrid, Lisboa, San Sebastián ... No obstante, esa entrada que ven amigos míos, esa boca, fue la primera. El aire que me dio en la cara por la llegada de un tren desde lo profundo de ese vientre que desconocía, lo vuelvo a oler cada vez que regreso a visitar  Charles Michels. Ahí quedó mi virginidad orgiástica con esos túneles de amor bajo tierra  vivos. La bendita maldición de leer a Julio Cortázar que pasó 30 años en París cogiendo metros siempre actúa como mi Virgilio personal bajo tierra.

Hay ese instante en que se empieza a bajar la escalera de una estación de metro de París y al mismo tiempo la mirada abarca todavía la calle con sus figuras y el sol y los árboles, y se tiene la sensación de que los ojos van cambiando de lugar a medida que se baja, que en un momento dado se mira desde la cintura y luego desde los muslos y casi enseguida desde las rodillas, hasta que se termina viendo desde los zapatos, hay un último segundo en que se está al nivel de la acera y los zapatos de los transeúntes, como si todos los zapatos se estuvieran mirando entre ellos, y el techo de mayólica de la galería se vuelve un plano de transición entre la calle vista al ras de los zapatos y su anverso nocturno que bruscamente se traga la mirada para sumirla en una oscuridad caliente de aire viejo”... 
Frag de novela: 62 Modelo para amar, de Julio Cortázar.