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martes, 4 de febrero de 2014

Archipiélago Gulag. Testimonio de Aleksandr Solzhenitsyn sobre la URSS...



Si has vivido en una dictadura, no es recomendable. Si has vivido en una dictadura socialista y tienes nostalgia porque muchos amigos han vuelto a vivir bajo esas mismas botas militares con la boca callada, es muy recomendable. Si el tiempo fuera de tu ex dictadura te pone a glorificar tu pasado adolescente donde no tenías conciencia de lo que le pasaba a quienes pensaban en sentido contrario al gobierno, es altamente recomendable. Este libro, pone la nostalgia en su lugar. No da miedo, te dice como te inoculan el miedo y como sobrevives a él pese a todo. Te deja una huella para que no olvides que junto a tu vida dulce y despreocupada existía otra verdad amarga.
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Archipiélago Gulag es una obra del escritor ruso Aleksandr Solzhenitsyn que denuncia la estructura de represión del estado estalinista en la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. El extenso texto, compuesto por piezas autónomas, fue redactado entre 1958 y 1967 en la clandestinidad y sin archivos, partiendo de la propia experiencia del autor y la de más de dos centenares de testimonios orales de aquellos compañeros de campos de concentración, prisión, «reeducación» y exterminio (gulag) que depositaron en él la triste historia de sus vidas. La obra apareció en Francia (1973) y con prisas debido a los problemas del escritor con la Seguridad del Estado Soviético (KGB). La secretaria que llevaba el manuscrito cuando lo incautaron fue encontrada colgada en su piso en Moscú bajo circunstancias nunca aclaradas después de un interrogatorio, «víctima del miedo al Gulag», según palabras de Solzhenitsyn. Él fue expulsado de inmediato y sólo 20 años después (mayo de 1994) pudo regresar a la ya ex Unión Soviética, donde residió hasta su muerte el 3 de agosto del 2008. 
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sábado, 18 de enero de 2014

La fotógrafa rusa Anastasia Chernyavsky censurada por sus desnudos.

Anastasia Chernyavsky, es una fotógrafa rusa que ha sido censura en Facebook por publicar estas imágenes que son realmente desnudos integrales pero de una creatividad más allá del morbo, o el porno erótico. 
Sobre todo la primera foto donde la niña casi está dormida esperando que la madre haga la foto mientras que el bebe la mira y ella intenta encuadrar la imagen de los tres en un primer plano frente a un espejo u otra cámara que dispara, donde se aprecia que su piel  está marcada por el bikini de verano donde las partes ocultas por el sol funcionan como una luz en su pecho izquierdo y otra luz en su vientre antes de su poblado pubis, es absolutamente un hecho desnudo para el arte, y nunca arte para porno. La belleza de la desnudez es tan sutil, que no veo capacidad para la censura.
Con tantas cosas inútiles que cuelgan en facebook gente sin swing ni imaginación que deberían estar censuradas de por vida y censurar esto es realmente un acto supremo de idiotez absoluta.
La foto siguiente con la niña en un primer plano, y la tetera entre las piernas, que imagino caliente y los pechos al aire es otra obra excelente. De la siguiente embarazada no diré esta boca es mía pues la belleza de una embaraza supera cualquier lenguaje escrito.
La última, lo siento es la que más me gusta. No sé realmente decir por qué. Pero el acto es tan cotidiano, una niña y su madre buscan la ropa para ponerse, o revisan la ropa que les queda bien y la otra tirarla, o cambian la ropa de verano a invierno o viceversa, no sé, si es porque tengo una niña o porque tengo muchas personas con niñas y niños alrededor que repiten esta imagen pero me encanta.









                                Desnudo de la presidenta de Alemania Ángela. Merkel.

Gracias a Ania Fonseca en Italia que dio la info.


lunes, 17 de septiembre de 2012

Te importa saber quién soy: María Elena Espinosa Delgado, actriz



He visto el sábado pasado a la actriz cubana, María Elena Espinosa Delgado, representar un unipersonal en Barcelona al cual tituló, Qué importa saber quién soy. Lo curioso es que, a pesar del título, Malena nos cuenta su trayectoria vital a través de todo el teatro que ha pasado por la piel de su cuerpo toda su vida, entrado en su memoria y devuelta hecha jirones de nostalgia viva. No nos muestra el pasado, nos muestra la vida, su vida interactuando con ese pasado que late alrededor pero que a ella le da fuerzas hasta para imaginar su propia despedida.
Primero, hacia  una Habana (su nacimiento) que le ha quedado lejos, muy lejos, con ex-novios  y  familia bajo suelo; hermana que escribe emails que rozan el apotegma filosófico; una Rusia con una carga dramatúrgica importante; un Madrid que la marcó durante siete años cuando intentó sesear con el acento de la meseta para así intentar conseguir trabajo como actriz y nos refresca, de paso, los problemas que te encuentras al llegar sin papeles. Este momento  no excluye, el contraste idiomático con el catalán al llegar a Barcelona, hace trece años y de donde no se fue. Los saltos de época los da a través de la música que va desde Vangelis, María Teresa Vera,  Rolando la Serie, Benny Moré, Nicolás... Entre otros.
Malena resume su vida como actriz en un exorcismo que roza el despojo espiritual. Un desvalijamiento personal de sus esencias y experiencias más profundas que la han marcado desde el año 1992 cuando llegó, hasta hoy, hace 20 años.
Utiliza su terraza particular, hecha escenario con público, para llevarnos a la noche de la pérdida de los amigos, la usó porque el cielo y los ojos de las otras ventanas  eran su otro público. Me gustó mucho que tratase con la misma pasión a los amigos que se han ido, como al trovador Nicolás, como a su madre y a su padre, como a los que aun la siguen, lo que me corrobora que no soy el único que piensa que los amigos buenos del exilio forman una familia que penetra más allá de la piel y pasan a ser compañía que viaja en la sangre.
Malena dialoga en silencio con el trovador Nicolás,
su amigo fallecido hace unos meses en Barcelona.
Nicolás no sólo estaba presente, podía sentirse su respiración a través de sus canciones. Yo no pude hacerle fotos, pero seguro algunos de los que estaban allí, si revisa bien sus imágenes no debe asustarse si lo ve, no en sombras, sino en vida.
Malena me dio un golpe de vida y fuerza con su estoicismo para seguir abriéndose camino entre las piedras con  las dificultades que conlleva intentar hacer arte, literatura, música o teatro en momentos y lares como estos. Logró juntar músicos de Brasil, Argentina y Cuba que terminaron de dar un cierre al final abierto de su obra, que no acaba en firme, porque su vida no acaba nunca. Su vida es un renacer continuo de creatividad, de reinvención propia y de las de todo aquel que escoge estar cerca de ella. 
A este texto le hubiese quedado de escándalo decir que su puesta me hizo pensar en Marcel Proust y su búsqueda del tiempo perdido, pero no, su mirada a La Habana, desde Europa, sus recuerdos enriquecidos en la nostalgia no han estado nunca perdidos en su experiencia vital y  me llevaron a la novela, La Habana para un infante Difunto de Guillermo Cabrera Infante, quien miró esa ciudad desde Londres, como Malena mira a La Habana y a su memoria, una noche de verano, desde un patio del eixample barcelonés.


"Qué importa saber quién soy"

(Unipersonal performático)
interpretado, actuado, escrito y dirigido
por Malena Espinosa


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