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sábado, 12 de septiembre de 2015

La mirada de Cristiana Robaina Márquez.

Primero una evidencia. Es bella.
Otra. Es mi amiga. Tres,  en un mismo día (Domingo)  la llevé a ver un concierto de Mane Ferret,  y más tarde, otro de   Havana d' Primera. 

Eso sin contar que el día anterior nos citamos por vez primera en el Pipiolo Bar, donde vimos el último concierto de Boris Larramendi en Barcelona. Allí pude presentarsela a Boris y supe que habíamos sido vecinos en el Vedado donde ambos nacinos. 

Fue seguidora - y es- de mi blog, pero el vínculo vino por Ramón Fernández Larrea que es amigo común denominador. 
Ella aún no sabe que hace unos días estuve horas hablando con Carlos Varela, otro amigo común y volvímos  hablar de ella.
Se llama: "Cristiana Robaina Márquez" y sin sus palabras desde Miami que se convierten en terapia (es mi psicologa)  yo fuera más triste.
Estas evocaciones se escriben por nostalgia, otra obviedad.
Y por esta foto que ella cuelga y yo la aislo del contexto, pues quiero que me mire, quizás  porque  amenaza el otoño y ella vive en ese estado del sol que la mantiene más viva.

Un beso...

viernes, 19 de junio de 2015

¡Me han hecho dos retratos memorables! Soph IE e Iván..

Soph IE me ha hecho -sin dudas-, un retrato que dudará  mucho tiempo en mi memoria. Por ser un perfil. Un trozo de mí con una luz que yo no puedo ver y sus ojos captan ayudada por su "cullmann magic chestpod," un soporte de su cámara que es un miembro de sí misma que fija su creatividad...
"A veces en las tardes una cara / nos mira desde el fondo de un espejo;  el arte debe ser como ese espejo / que nos revela nuestra propia cara. "
Nunca, que yo recuerde, alguien me había captado en el éxtasis público de escuchar música tocada en vivo.
La rumba de cajón tocada por Carlos Sarduy y Julio Carbonell; Yenys a mí lado cantando y haciendo percusión menor, y una iluminaba copa azul, hicieron lo demás. 
Esa noche escribí: "Frijoles Negros fue, el solar de diseño más fino de Barcelona y el mundo."
 Yo estaba en el Eixample barcelonés pero mi cabeza de exiliado y Ulises nostálgico que soy, estaba del otro lado del mar recordando otras noches de rumba en una isla....

"Cuentan que Ulises, harto de prodigios, 
lloró de amor al divisar su Itaca 
verde y humilde. El arte es esa Itaca.
de verde eternidad, no de prodigios."
Conforme y feliz con esa foto, no esperaba que otro fotógrafo de las noches musicales barcelonesas,  Iván Barrios; con quien comparto portada del CD "Havàname,"  me  hacia el frente (el complemento de la imagen de Soph IE) otra foto del mismo instante. De otra creatividad y ambiente.
Son dos imágenes que arman un cuerpo, que vive, una vida que arrastra por Europa,  y otra vida que disfruta de la música que está hecha para la vida, o sea, mis oídos. 
Son las mitades de un poetastro feliz de tener amigos con talento creativo para dar una imagen de mí, diferente...
"La felicidad también es la melancolía
que en ese rostro existe,
cuando te quiere decir que sólo por él
es bueno estar triste…"


Foto de Soph IE.
Abajo
Foto de Iván Barrios.

jueves, 7 de mayo de 2015

Picasso me hizo un retrato: Tete d' hombre III (Cabeza de hombre III)

Hace 50 años Picasso me dibujó,  sin conocerme. Sabiendo que yo daría con su imagen a mi semejanza. Su aspiración era hacerme un selfie y le salió un retrato tradicional, sino fuera por las metáforas de seres que puso en mi cara.
La boca y la nariz negroide son mías. En Europa se dice "morros." El escaso cabello es muy evidente. Pero sobre todo los ojos inmensamente tristes de nostalgia que a veces me gobierna en el exilio, es el signo vital de mi semejanza. 
El ojo de la izquierda, es una mujer con pechos poderosos, y justo debajo otra mujer embarazada que espera un país en forma de vida que es lo mismo que decir un hijo;  y en frente, en el otro ojo, estoy (yo). Un hombre que reza algunas de sus penas o Plegarias o poemas, en el templo Budista del Garraf, en Barcelona. Sólo le faltó ponerme una niña (mi hija) en el corazón. Él lo sabía, pero no quiso pintar lo evidente.
Si no me crees, acércate más: bella .... es primavera y escribo más.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Mi impacto de un primer plano de Zoé Valdés.

Donde único creo percibir nostalgia es en los ojos. Contrario a lo que parece, Zoé no mira al lente. Si el lector se fija bien, esta mirando hacia un lugar del que sólo ella sabe su existencia. No es un paraíso perdido, tampoco es su futuro. Con obligatoriedad trae a la mente una frase conocida de Valéry: se encuentra situada entre el vacío y el suceso puro. Para mí, si fuera una flor del desierto,  habría que regalarla con arena. 
Me llama poderosamente la atención la cantidad de complementos que lleva: en el cabello, en  las manos, un velo en el rostro; parece no querer mostrar lo que lleva realmente en su interior y quiere a toda cosa crear una frontera barroca  de elementos que nos desvie la mirada de la esencia, tiene una palabra que lo define:  Voluptuosidad, quizás como ciertos pasajes de sus libros.
Sí pienso en Sevilla mientras la miro -ciudad donde viví dos años y varias Semanas Santas después,- me viene a la mente el jueves santo, donde  las mujeres van vestidas de mantilla por toda la ciudad convirtiendo el lugar por donde pasan en un paisaje personal del siglo XIX. Ahora, Zoé liquída esta imagen de mujer que sufre por una pérdida con los guantes negros de cuero, complemento que pone dosis de siglo XXI a un referente de mujer del siglo XIX. 
Pícaramente, el rojo carmín de los labios carga toda la sensualidad del rostro, es el único color discordante e indisciplinado que rompe con la tendencia oscura de la imagen y nos dice claramente que no está de luto, que su luto negro es como el traje de José Martí, que era un referente símbólico por la tristeza de su país de origen bajo un nefasto gobierno.
Hasta aquí, es todo lo que he podido recoger de mi último sueño. Me quedé dormido leyendo a mi hija una versión facsímil de El Pequeño Príncipe que le compré en el aeropuerto de Lyon, después de compartir esta foto de Zoé anoche... ¿O fue la luna creciente?