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domingo, 14 de febrero de 2016

El corazón de un poeta y las flores del bien: Margaridas



Hoy escribí ...
el corazón me ha crecido desde que te conozco. 
Aún no me caben tus piernas. 
Son muy largas y a pesar de ser muy bellas 
no me ha crecido lo suficiente la cavidad.
He aprendido que no debo esperar muchas cosas del exilio/  salvo ver sonreír y crecer a mi hija. 
Soy muy selectivo para dejar entrar en mi cuerpo alguna piel desde que soy padre.
Eso no lo dudes. 
"La edad me ahorra la angustia por las cosas que no son fundamentales..."
Aún así, no puedo detener el crecimiento del cardiovascular cuando algo me conmueve.
Es imposible que te olvide.
En estos días existo a través de tí. 
Existo mientras sueño a Milton, "Paraísos Perdidos."
PERDONA. El día  fue largo y estoy resfriado.

Mi fidelidad se hará cuerpo
en tu nombre de flor. No vuelvo a tí como un paraíso perdido (me repito debe ser la fiebre). Sino como referencia de ser feliz, aunque hoy seas carne virtual.

Un beso con suave sordina como hizo Miles Davis...¿Ojalá escuches está canción?

martes, 15 de diciembre de 2015

Dejo a mi niña. Baja el ascensor. Estoy solo.


Baja el ascensor y arriba se ha quedado mi niña después de 24 días con ella. Ya sé las ventajas de volver a la vida social. También sé que me costará adaptarme a tener el corazón lleno de luz de su cuerpo, lejos.  Hoy será un agobio no verla durmiendo o verla quedarse dormida mientras le leo.
Ya sé que quienes me siguen creerán parcialmente que estar separado y solo; es como tocar en un grupo de éxito; o es lo más cercano a vivir.  
Es cierto, pero algunos que conozco,  además de mi mísmo, también somos felices con esos trozos de vida que son los hijos. Y nos cuesta horrores la primera semana sin ellos. 
Ahora estoy triste. Y como me encanta llorar en público estoy en el restauran Machito de Gràcia llorando el ritmo de rancheras que aquí no paran de sonar.
Afuera mucha gente es feliz con las fiestas de Gràcia, como yo ayer del brazo de mi hija, como yo y ella del brazo de un cono de helado cada día en Côte d' Azur o en el Tío Che de Poblenou.

Baja el ascensor, dejó a mi hija, estoy solo. Una lástima no ser un poeta del siglo XIX  o tener la valentía de Ozamu Dazai. 




Yo ante el barro del café olla de Machito.