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jueves, 22 de octubre de 2015

Omar Sosa alimentó con jazz Luz de Gas en Barcelona.

Omar Sosa, de los pianistas de jazz contemporáneos que agitan los festivales de jazz por cualquier zona del mundo, es a quien se le ajusta más la etiqueta de "fusión". Palabra usada en exceso por los críticos de jazz al primero que toca varios ritmos de aquí  y de allá. Sosa a recibido seis nominaciones a grammys de jazz en toda su carrera, por hacer una obra de marcado carácter de integración no solo de ritmos, sino de culturas. La africana con la norteamericana, la española con el jazz y todas con base en la síncopa de Cuba. Que sabe dosificar y no siempre se le reconoce por ahí, ya que su universalidad, es precisamente asumir lo diferente e integrarlo todo al jazz, que siempre he considerado la música total.

Sosa debería ser el ejemplo de exiliado más destacable, pues sabe integrar su obra según el contexto donde vive. Así cuando se marchó de Cuba, en 1995 donde comenzó su carrera como solista en California integró y creó diferentes formatos de varios estilos que tocaban el latín jazz, pero que también rozaban el funky, el soul y sobre todo el rap, todos con gran referencia en el jazz.


A partir de 1999 que se traslada a Barcelona, su obra da un giro y aparecen discos en solitario y con artistas de las más variadas tendencias.
En el 44 festival de jazz de Barcelona donde tuve la suerte de verlo hace un año o más por última vez, se presentó con un trompetista italiano Paolo Fresno, y una gaitera de Ourense, Cristina Pato. Con los tres, sobre todo en la segunda parte del concierto de dio otra vuelta de tuerca a su extensa trayectoria musical.


Fue la última vez que salí a un concierto con Yara, con quien viví 19 años y tuve un "tresor Maya, mi hija." Hoy  evoco esto con la responsabilidad de una pérdida, toda separación, es pérdida, aunque sirva de renovación en ambos,  es pérdida.  
Fue una gran despedida como pareja con un gran músico y amigo. Hay que ser responsables con la memoria afectiva. Avanzar en otra dirección no es  olvidar el recorrido anterior.
Omar Sosa es una metáfora de renovación continúa. Para él el jazz es otro camino de fe en la vida donde es imposible estar en un mismo lugar para avanzar.  Es una suerte de icono cultural en sí mismo para muchos latinoamericanos en esta ciudad. 

miércoles, 21 de octubre de 2015

Mi hija me retrata en otoño. Parezco lector de tabaqueria. Orgulloso...

Padre lector. Me hubiese gustado ser lector de tabaqueria. Me crié muy cerca de la fabrica de cigarrillos y tabacos del catalán  Jaume Partagás. Pero la primera vez que entré en Partagás,  detras del Capitolio, el fuerte olor a nicotina  era demoledor;  pero me llamó más la atención que alguien estuviese leyendo una novela de Dumas por los altavoces o bocinas del local.
Hoy mi hija en Barcelona me retrató leyendo,  su dibujo me recordó a un negro maravilloso que leía en la fábrica el día que fuí por vez primera, con un amigo de mi madre que trabajaba allí. 
A veces me molesta escribir tanto. Pues me quita tiempo para la música y para la lectura. El dictado interior es imparable, sobretodo si hay Luna...Es otoño y la vida ávida avanza hacia mí.







Nota:
Resulta imposible señalar con precisión los nombres de los primeros lectores de tabaquerías; sin embargo se sabe, por ejemplo, de Nicolás F. de Rosas, “quien sin exigir retribución alguna, desempeñaba ese puesto en una fábrica de tabacos deGuanabacoa, propiedad de Severiano Aquino, en la cual se inauguró la lectura el 1º de marzo de 1866”,3 . Ahora fue el catalán Jaume Partagás Ambros, quien lo implantó en sus fábricas con nómina.Fuente: Ecured.