páginas vistas

Mostrando entradas con la etiqueta Toyo Ito. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Toyo Ito. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de diciembre de 2015

Retratado por mi hija el día del cumple de mi madre. Hospitalet de Llobregat. Barcelona.

Hace TRES años mi hija me hizo esta foto el día del cumpleaños de mi madre. Un 28 de diciembre como hoy antes de llamarla por teléfono a Cuba. 
Mi madre  lejos, en esa isla de cuatro letras donde nací. Ella, mi niña, era inocente. Yo no; mi cabeza estaba allí, o está allí con cada nacimiento o muerte en dos direcciones y una tercera: la nostalgia que llamé en mi libro, "Síndrome de Ulises". 
Palabra sin reglas ni disciplina que llega, con cada canción que le gustaba a mis hermanos, con ciertos olores cuando voy al mercado de Gràcia, o con la música que retrata un tipo único de movimiento..
Lo mejor de esta foto, ante el edificio rojo del japonés de Toyo Ito,  es que la hizo mi hija, Maya con sólo cinco años y medio,  ayudada por el Ipad con que he escrito la mayoría de mis post y muchos versos que han leído medio millón de personas en el último año en más de 160 países de 198 oficiales. No es ego, son los hechos..
Que ella me diga que estoy guapo, tras hacer la foto,  es una forma de viajar a la Luna y volver en un sólo instante, en invierno y con su luz como energía de la nave. No es sólo que tú ego explote, es que se deconstruye si sabes que ese amor incondicional de cariño te dice cosas así, con su inocencia de amor,  y los mismos ojos heredados de mi madre: únicos y descifrables. 

viernes, 31 de octubre de 2014

La nueva arquitectura de Barcelona: La torre de Toyo Ito.


Toyo Ito
Toyo Ito es el arquitecto japonés que diseñó una de las  Torres Porta  Fira, Hotel Santos, de 114 metros de altura,  en Gran Vía de Barcelona. 

Ha sido galardonado con el premio de arquitectura de Cataluña 2013, habrá  una conferencia en CaixaForum sobre su obra que espero no perderme.
Yo vi nacer a esta torre roja hace unos años desde los cimientos, me pasó como con la torre Agbar, o  el hotel W (conocido como popularmente como Vela), nuevos íconos de Barcelona del siglo XXI, que ayudan a tener, desde el origen, los mismos referentes de otros que  han nacido aquí.  
En mi caso,  me da una seguridad innata saber que a esa referencia la vi crecer.
García Márquez en su novela, Cien Años de Soledad, planteaba que Macondo, el pueblo donde se desarrolla la novela, no comenzó a existir en realidad, hasta que murió la primera persona.  
Las ciudades donde he vivido,  los iconos que nacen cuando estoy en ellas, ayudan a que sean un poco mías. Con la torre Agbar y el hotel Vela, no he tenido la misma relación que con la torre de Toyo Ito, a  ésta la veía creer cada mañana cuando iba al trabajo. En lenguaje técnico, debería decir, que esta torre es de geometría variable, de geometría de la caricia como  un día me dijo un arquitecto de las Curvas de la estación de Francia, de aquí en Barcelona.


Su ausencia de líneas rectas le da una sensualidad gustosa, que se acerca a las curvas de un corpus femenino que he acariciado y me sonríe sonrojada-mente, con el hálito asiático de sus ancestros.