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lunes, 28 de diciembre de 2015

Retratado por mi hija el día del cumple de mi madre. Hospitalet de Llobregat. Barcelona.

Hace TRES años mi hija me hizo esta foto el día del cumpleaños de mi madre. Un 28 de diciembre como hoy antes de llamarla por teléfono a Cuba. 
Mi madre  lejos, en esa isla de cuatro letras donde nací. Ella, mi niña, era inocente. Yo no; mi cabeza estaba allí, o está allí con cada nacimiento o muerte en dos direcciones y una tercera: la nostalgia que llamé en mi libro, "Síndrome de Ulises". 
Palabra sin reglas ni disciplina que llega, con cada canción que le gustaba a mis hermanos, con ciertos olores cuando voy al mercado de Gràcia, o con la música que retrata un tipo único de movimiento..
Lo mejor de esta foto, ante el edificio rojo del japonés de Toyo Ito,  es que la hizo mi hija, Maya con sólo cinco años y medio,  ayudada por el Ipad con que he escrito la mayoría de mis post y muchos versos que han leído medio millón de personas en el último año en más de 160 países de 198 oficiales. No es ego, son los hechos..
Que ella me diga que estoy guapo, tras hacer la foto,  es una forma de viajar a la Luna y volver en un sólo instante, en invierno y con su luz como energía de la nave. No es sólo que tú ego explote, es que se deconstruye si sabes que ese amor incondicional de cariño te dice cosas así, con su inocencia de amor,  y los mismos ojos heredados de mi madre: únicos y descifrables. 

lunes, 22 de junio de 2015

Mis padres me besan... Feliz Día del padre a todos mis amigos...

Son mis padres... Alicia y Arsenio.
Me besan y yo niño raro, no sonrío. Tengo la tristeza del poeta (nostálgico)  que sería años más tarde después de muchos años sin volver al sitio donde nací.
No quiero decir que no era feliz; es imposible no serlo  rodeado de cinco hermanos,  y con uno (Israel)  que no dejaba que nadie me tocara en mi escuela; y  Cecy que me tuvo como su mejor tesoro hasta que tuvo a su hijo, Hansel; quiero decir, que asumía la tristeza de la separación de mis padres y la llevaba a rastras o acuestas como este ejército que hoy somos hijos de padres separados y separados nosotros mismos con hijos de "ex's".
A ratos recuerdo su  apoyo incondicional  por encima de todos. También recuerdo esta mirada fija al lente de ese niño que ya no soy... 
Me revienta no recordar que pensaba mientras ellos me besaban...
Ese jersey de colores de mi padre que llevaba con corbata muy acertadamente, me encantaba;  y el estilo de mi madre peinada a lo cantante de jazz negra similar a Sarah Vaughan "achinaba y a la cubana," eran los años setenta. 
Mi padre marino mercante, había llegado de Londres con un single de vinilo rojo de los Beatles. 
Hoy es el día del padre en Cuba... Y miro fotos de allá, con mi hija en Barcelona antes de llevarla  al cine a ver: "Campanilla y la leyenda de la Bestia."

viernes, 27 de diciembre de 2013

La mirada de mi hija lleva el Mediterráneo de Joan Manuel Serrat dentro.

Mirando a mi hija, recuerdo una canción "tu mirada es el más perfecto modo de decirlo todo, aunque no hayas dicho nada," mi amigo Quesada, en Miami, Evaristo en Canadá, o Julián en República Dominicana, seguro se acuerdan. Esa mirada representa lo bien que la hemos pasado juntos esta Navidad y refuerza la idea que es la niña más bella del mundo ante los ojos de su padre. 
Hace unos días a una seguidora del blog le comentaba que Plotino hablaba de los sentidos estéticos, el oído para la música y los ojos para las artes. Todo cambia cuando quien te mira es un hijo. La mirada de los hijos te recuerda una infancia olvidada si no tienes cerca a  tus padres, que te dieron el origen, o sea, la vida. Los hijos te envuelven en un láser, una especie de wifi que no pones contraseña, se activa sola, ya has estado ahí, eres una parte de su pupila  y ella te devuelve esa ternura.
Sí,  estoy hablando de estar lejos del país donde está mi madre, quien es la memoria viva de todo lo que fui en la infancia. Mañana es su cumple, el día de los inocentes, y un año más no podré besarla en la mejilla, pero he comenzado a besar su memoria desde hoy, sé que no es lo mismo, es el consuelo de los exiliados.
Me he levantado mirando los ojos asiáticos de mi hija que vienen de ella, tengo la suerte de los ojos asiáticos cerca. Nos levantamos viendo Los Mosqueperros y de éstos pasamos a Cecilia Bartoli, cantando el área Agitata da due venti, de la ópera La Griselda. La disfruto con Maya,  además del rock de las Ardillas, Pitbull,  Las Niñas, Roger Mas o Beth.
La casualidad quiere que venga hoy  mi sobrino a Barcelona desde el sur de Francia, a él le enseñé el Mar Caribe por primera vez en una isla. A mi hija le enseñé las aguas del  Mediterráneo que tocan Barcelona cuando sólo tenía una semana de vida, esas aguas que también le cantó Serrat que hoy cumple 70 años, y mi madre cantaba  de memoria en una isla...

"Quizás porque mi niñez sigue jugando en tu playa"