páginas vistas

Mostrando entradas con la etiqueta atardecer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta atardecer. Mostrar todas las entradas

sábado, 18 de junio de 2016

La belleza hecha familia: hija y sobrino.(En francés y castellano)

Un lujo tener un sobrino y una hija que me hacen feliz como nada en el mundo. Las dos únicas personas en el mundo que seguí en el desarrollo de sus cuerpos desde la barriga de sus madres hasta sus nacimientos. 
En Cuba no me dejaron entrar al nacimiento de mi sobrino. En Barcelona sí al de mi hija. A ambos les he visto crecer desde la cuna y sobre todo, les he enseñado el mar por primera vez desde mis brazos. Al primero el Caribe desde el Malecón habanero, y a mi hija el Mediterráneo con sólo una semana de nacidos.
La felicidad es el conocimiento de una necesidad. Verlos así cayendo la tarde y paseando en Nice, me hace feliz. Todo lo demás está demás.
Ayuda que en  la casa del fondo amarilla tapada parcialmente por un árbol, haya vivido el pintor Henri Matisse de 1921 al 1938.
Ayuda la humedad del mediterráneo que no ves y la caída de la tarde, que más que caer, se inclina para dejar entrar la noche.


"La beauté, une histoire de famille : ma fille et mon neveu"

C’est un véritable luxe que d’avoir un neveu et une fille qui me rendent heureux plus que tout au monde. Ce sont les deux seules personnes au monde dont j’ai suivi le développement dans le ventre de leurs mères et jusqu’à leur naissance. À Cuba, je n’ai pas été autorisé à assister à la naissance de mon neveu. À Barcelone, j’ai pu assister à celui de ma fille. Je les ai vus grandir tous les deux dès le berceau et, surtout, je leur ai montré la mer pour la première fois. J’ai montré à mon neveu la mer caraïbe depuis le Malecón de la Havane, et j’ai présenté la Méditerranée à ma fille une semaine après sa naissance. Le bonheur, c’est lorsqu’on connaît une nécessité. Les regarder tous les deux lors d’une promenade à Nice en fin d’après-midi me rend heureux. Le reste m’importe peu. Participent à mon bonheur la maison jaune du fond à moitié cachée par un arbre, où vécut le peintre Henri Matisse de 1921 à 1938, l’humidité de la Méditerranée que tu ne vois pas et la tombée du jour qui, au lieu de tomber, s’incline pour laisser place à la nuit.

jueves, 10 de marzo de 2016

domingo, 15 de noviembre de 2015

Cae la tarde en Barcelona y te haces presente en la ausencia

Si, cae la tarde el domingo. Y sigue siendo otoño. Esta imagen compensa el amanecer de una amiga blogger y embarazada que vive en nueva Zelandia y ahora, ella está amaneciendo de lunes: Ana Betancourt... Besos.

La imagen en uve es vaginal con una evidencia que no es metáfora. La línea discontinua hacia el infinito habla del futuro, a pesar de un presente marcado por el fanatismo de un segundo atentado en París.

A esta tarde no se le ven los labios marcados por un Viernes 13 y noche. Obliga a mirar el futuro.



A Liza, Iramis, Sara Burgos y Laetitia. Todas residentes en París.




domingo, 27 de septiembre de 2015

Barcelona. No es el Paradiso. ... Es el...

Barcelona. No es el Paradiso. ... Es el trozo de mediterráneo donde existo.. Barcelona. No es el Paradiso. ... Es el trozo de mediterráneo donde  a veces  la humedad me sobrevive.

sábado, 29 de agosto de 2015

Barcelona atardecer... encuentro en el Mar

Admito que no te guste Barcelona, aunque debería ser delito. Pero, que no te guste el mar,   es para encerrarte sin juicio y sin razón como una dictadura verde en una isla que conozco muy bien... 

Lo de los globos amarillos quizás sobraba, pero la caída de la tarde hablando cada uno de cosas no tan importantes fue excelente...

He tenido que amarrar mi lengua para no hablar de la Luna y ese azul cielo y de Nicolas Staël.

viernes, 26 de junio de 2015

Atardecer en Oporto, y amanecer en Valencia: ¡Atlántico y Mediterráneo en un mismo día!


Hay viajes y viajes. Borges decía que uno puede viajar de la sala, a la cocina y tener un viaje espacial. Y tenía razón. Ese viaje que te da un recuerdo, cuando vas a por una fruta o el desayuno con té, a través de una taza (Proust) o el sabor,  son viajes espléndidos de la memoria. 
Pero hay viajes físicos, que a pesar del traslado de todo el cuerpo y la memoria de un territorio a otro, implican una relación con la belleza, donde el asombro y el impacto con la naturaleza supera todo lo que antes habías conocido.

Puedo decir y contar a mi niña, que en un mismo día, ví el atardecer en Oporto, con el río  Duero y el Atlántico de testigo, y luego atravesé toda la "península ibérica" en un coche.
Que se dice pronto, pero son 965 kilómetros de una punta a otra, con lluvia, a veces sol,  muy variada arquitectura rural de un extremo a otro, cuatro lenguas distintas: portugués, gallego, castellano, y valenciano; animales de pasto: ovejas, caballos, vacas...) hasta el Levante en Valencia, donde ví este amanecer y  me vino a la cabeza mi hermano cantando a NiNo Bravo cuando era niño: "más allá del mar habrá un lugar..." 
Es una suerte ver en un mismo día que los temores que tuve una vez hace más de 15 años, de que la Unión Europea podía homogeneizarse  culturalmente, y que todos los países iban a ser iguales por las grandes firmas y compañías con centros comerciales a la cabeza, es falso. Cada lugar de la península donde pasé ( bares de pueblo o pequeñas poblaciones, intensa lluvia me hizo detenerme, el cansancio  
Y las necesidades del cuerpo, o no dormirme, me hizo ir a por un café. Advertí cosas muy distintas en casi todo, y me alegra. Solo algunas emisoras de radio te hacen sentir esa absurda igualdad.
Del bacalao y la sardina, en Oporto, al cochinillo en Segovia  o una croquetade zanahoria y tortilla  de pimientos rojos en Zamora, o la paella en Valencia, es todo "para suerte bien distinto."
Una vez leí que Europa no son las modas de las grandes ciudades. Es cierto, por eso adoro los pueblos, tantos del Sur, en Andalucia, como Girona en Catalunya o todos los pueblos del Sur de Francia e Italia que he tenido la suerte de recorrer y  dormir...
A un poeta regálale naturaleza y pieles y estará contento; no obstante, sí en un mismo día ví dos mares tan diferentes y distantes, recupera la esencia de por qué abandonó hace muchos años una isla.
No todo es perfecto. Me perdí, por este viaje de trabajo una presentación de mi "Tresor" de niña tocando flauta y una excibicion que hizo en natación. Desgraciadamente, nada es perfecto. No obstante, cuento esto con la emoción que merecen mis lectores, puede que un día les toque algo así, además debo confesar que una amiga entrañable Nuria G., que además me lee, le dije, he visto dos mares en un mismo día, y me dijo, no me lo cuentes a mí, para eso tienes un blog, nos lo debes... Habrá más, y fotos.
Me reafirmo:  Si vas a tener un recuerdo antes de irte, que sea de un viaje.
Gracias por el mar: "que es un desierto resplandeciente; y una cifra de cosas que no sabemos; y un epitafio de los vikings..."

martes, 21 de abril de 2015

Caída de la tarde en el Prat de Llobregat. Barcelona.

El Prat de Llobregat está a casi 20 kilómetros de Barcelona. Es famoso por las alcachofas y por los pollos de pota Blava, pollos de patas azules, en castellano. Para mí es famoso por las montañas del Garrat que tiene justo contrarias al mar y que dan una escenografía espléndida al sol cuando cae la tarde. 
Es una caída que enamora si tienes una cita a esta hora de la tarde con el sol o tú fantasma. 
Las rayas blancas que tiene el cielo constantemente se debe a su carácter funcional de servir como el aeropuerto de Barcelona, en fin, deben ser aviones y su estela. 
Cuando llegas aquí da esa sensación de aterrizar en el mar y da una conciencia clara de que Barcelona y sus periferias desde el cielo viven encima del agua.
Si un día te enfadas, puedes empujar la ciudad y sin duda caería al mar sin remedio.
Hoy todo esto es falso... La raya blanca es una señal de alguien que se fue y esta solo..

domingo, 1 de febrero de 2015

Más cielos del atardecer en Florida para alucinar...


Hace unos días un atardecer en Miami fotografiado por una amiga, Magdalena, me llamó tanto la atención que su foto,  junto con otras de muros de seguidoras y amigas mías de Miami (Gunila y Tejera) se convirtieron en un post. 
Hoy Maríana Bofill, Blogger y seguidora residente en Miami,  sabiendo de mi sensibilidad por aquellos rojos y amarillos atardeceres, me envió estas imágenes de cielo y costa desde "Siesta key," en la costa oeste de la Florida. 
Donde un grupo de personas disfrutan como ella de esa magia. Las gaviotas que vuelan componen un grupo extraordinario,  son más inteligentes que los incapaces hombres que van andando y no pueden volar junto a otras gaviotas que los imitan.  Ellas dirán. ..mira a los  tristes esos abajo  en la arena, no saben que  venos desde aquí. 
Este hecho o cadena de hechos me sirve para recordar que me gusta como blogger retro-alimentarme de sucesos que conmuevan a mis lectores y amigos, y es una fiesta absoluta que compartáis conmigo esta belleza.
Mariana Bofill  no sabia que yo había escrito un verso en mi libro "Síndrome de Ulises" que viene perfecto...
"La Siesta, es el Tai Chi de los Sevillanos"
Bofill tampoco sabe que yendo yo a Tampa (en realidad íbamos al Museo Dalí  en St Petersburg y no llegamos) pasé por Siesta Key subiendo por la 75 y se me quedó, quizás por el nombre, esta playa que tiene más de 60 kilómetros de arena blanca infinita y ya sabemos por Borges que: "ni el libro ni la arena tienen ni principio ni fin."


lunes, 26 de enero de 2015

Ayer hubo un atardecer extraordinario en Miami.

Atardece de nuevo y un día más ciudades diferentes
nos enseñan sucesivos ocasos. Mañana
volveremos a encontrarnos, pero hoy, ¿cómo hablarte
de las horas que vendrán y otra vez no serán nuestras?
Está tendido el horizonte y la penumbra se despliega.
Dentro de poco llegará el momento
en que todo se detiene y cada cual,
por su cuenta, cierra los ojos y muerde los labios.

Juan Ramon Jiménez. (Fragm)


Magdalena Quijano, Gunila y Marta Tejera se vieron en la necesidad de colgar en sus muros una fotos maravillosas sobre el atardecer en Miami  que me quedé muy impactado.
Era madrugada en Barcelona y allí estaba yo frente al Ipad   desvelado,  y vi la foto de Magdalena y creí alucinar. Seguí mirando y apareció el muro de Gunila, y seguidamente la de Marta ....

"Fue hoy por la tarde. Esto es desde mi balcon" Magalena. Así contestó Magda a mi pregunta, fue la tarde sel 25 de Enero. Yo le dije que escribiría un post sobre las fotos, en realidad sobre el regalo que nos hace  la naturaleza. .

No es ver atardeceres, la voluntad de quedarte con ellos se agradece más si  se comparte.Me es muy curioso que las tres que hicieron estas fotos hayan vivido en Europa (dos nacieron aqui)  y quizás, además de la sensibilidad, sienta la necesidad de compartir con sus amigos de este lado, esa luz que las habita y que saben que aquí en invierno no la hay.. Fito Paez escribió de un gesto parecido una canción bella: " Dar es Dar..."

De un atardecer en Barcelona escribí hace un tiempo... "Si contara las religiones y la literatura que durante siglos invitan al hombre a mirar atardeceres y amaneceres, no podría escribir este post, haría una enciclopedia."

Un beso a las tres...Gracias.

Marta Tejera

Gunila.

martes, 25 de febrero de 2014

El balcón nevado de Jemar Santos en Toronto

No fue un sueño,
lo vi: La nieve ardía. Ángel González .



Jemar, cuelga una foto en Facebook sobre su balcón nevado en Canadá. Ella no sabe que en ese instante, yo estoy quejándome de la lluvia constante que no me deja salir a pasear en el sur de Francia. Percibo que no siempre la naturaleza es tan sutil como una fina lluvia, -"nadie como la lluvia tiene las manos tan pequeñas." Su foto me lleva al invierno de Vivaldi, incluido en "Las cuatro estaciones," un cd que compré en Milán frente a la Universidad. Lo que demuestra que la música no deja que desconecte, ni en las nuevas ciudades que visito.




Luego estamos tomando un café en el Bellini de Bordeaux, junto a la Ópera, y veo otra foto de Jemar donde el balcón es un amanecer paradisiaco... Y me pregunto ¿puede la sensibilidad estética hacer olvidar el estado de ánimo que genera el frío en alguien que nació en el Caribe?


jueves, 17 de octubre de 2013

Caída de la tarde cerca del Garraf, a diez minutos de Barcelona.

Es un peligro que roza el delito, pero compartir con algunos lectores los matices del sol de noviembre por encima de las montañas del Garraf, merece que sepan que no la tomé desde el coche...Puse los intermitentes y me bajé en el arcén ancho para tomarla...
No es la misma foto aunque lo parece... Las líneas blancas son aviones que van hacia lugares de mis deseos... Eso es lo peor de trabajar cerca de un aeropuerto que el viaje no te sale de la cabeza, te pasa por encima de ella, para más cabrero, en cada momento, a cada instante y con esta luz... La misma con que volé a Bruselas, dos veces a París...



lunes, 3 de septiembre de 2012

Retorno a Barcelona. Atrás, el amanecer y atardecer en Menorca


Llego a la ciudad, Barcelona, y siento un ruido ensordecedor que no entiendo cómo me he acostumbrado a él. Voy desde el barrio de Gràcia a Sant Feliú de Llobregat a recoger el coche que he dejado en el parking de  una amiga, y la estación de metro de Plaza Cataluña me parece un infierno, siento las entradas de los trenes y los raíles como una tortura, peor que los vientos de tramontana en la Cala Morell o en la Torre de Fornells. No me he vuelto zen, ni eco, pero una semana sin esta atmósfera de decibelios te hace más sensible con lo que tienes, lo que pierdes y lo que no deseas tener. 
El paseo de la estación de Sant Feliú hasta su casa, me devuelve cierta paz que creí no encontrar. Luego un CD de París Saint Germain, en mi coche, me devuelve un poco aquella isla donde debe estar cayendo la tarde sobre el Clot de sa Cera, a solo cien metros del apartamento en Cala Blanca donde viví siete días, que no sé si está en mi memoria, o si la tramontana puede habérselo llevado, y me lleva aturdido por la ciudad conduciendo por inercia, pensando en otra vida, en ese otro yo que a veces busco y no encuentro.


Amanecer. No sentía la sensación de isla desde que abandoné aquella donde nací, -aunque Manhattan, en New York lo sea, y estuve hace  ocho meses-. La forma en que bate el viento en una isla, más que viento, es brisa, más que brisa es humedad. El mar busca la forma de ser un viajero accidental dentro del aire que finalmente llega hasta tu piel. He salido con mi hija al amanecer a dar un paseo por las rocas cerca de cala Blanca. Hemos sentido el sonido en directo que nos rodea, el viento ha hecho con su cabello lo que más le gusta. Ha descubierto flores nuevas, y le ha llamado la atención la tipología constructiva mediterránea, donde el arco y el soportal, junto a la abundancia del blanco, le aportan un contexto muy especial a esta zona.

Estuvimos hasta la madrugada sentados al borde de la piscina haciendo un resumen de vida entre amigos que no se ven desde hace unos años. Somos padrinos de esta pareja cubano italiana que ya tiene dos niñas y casi veinte años vividos en Milán, pero se casaron con nuestra venia en Regla, barrio del puerto de La Habana. Fuimos padrinos de una singular casación que nos ha consolidado como amigos en encuentros durante años, en Barcelona, Milán, Génova y  fueron testigos de mi primer capuccino en Italia.
Mi primer impacto de esta isla al amanecer, fue  la música. Las olas a menos de veinte metros chocando contra las rocas, y las cañas que hacen de barrera del viento. Luego, el sol te deja ver las casas de los alrededores y descubres que dan al mar, siendo muy singulares las chimeneas, todas diferentes formando un torreón leve que varía según el gusto al colocar las tejas de la caperuza.
Atardecer. Contemplar, la madrugada,  el amanecer y el atardecer fue una religión personal, aumenta su hechizo, cuando no lo hago. Aumenta mis deseos de relajación cuando termina. Por alguna razón externa volvemos a ser expulsados del paraíso una y otra vez, solo me quedan imágenes como esta secuencia del sol entrando al mar.

Personas acercándose para ver  al atardecer desde Clot de sa Cera.












Todas las fotos son  del autor del blog.

Otros posts relacionados... 
Diario de Menorca